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Opinión | Lágrimas en la lluvia

Juanjo Pérez Estévez

Una comedia ligera

Eduardo Mendoza

Eduardo Mendoza / JORDI OTIX

Se ha montado un buen pollo porque el inventivo e insólito Eduardo Mendoza ha hecho una broma en torno a Sant Jordi mientras presentaba su último libro. Vacilaba acerca de una cruzada a emprender para quitarle el patronato del día del libro por analfabeto y «maltratador de animales». Su candidato era San Francisco de Sales. Todo esto es tan serio que da igual que haya tenido que explicar a posteriori que sólo era una broma.

Si alguien ha leído a Eduardo Mendoza le va a costar un buen esfuerzo tomarle en serio casi nada, y mira que plantéa cosas sensatas e interesantes como buen intelectual. A mí al menos me pasa porque no le puedo disociar de ese personaje en toda regla, detective sin nombre, mitad vagabundo, mitad vividor, recién salido de un sanatorio y metido en los líos más estrambóticos, peinándose con el aceite de sardinas por gomina para parecer un James Bond ravalero en una epopeya delirante, absurda y sobre todo, divertida. Ha escrito ya varias novelas de su chalado aventurero entre criptas embrujadas, laberintos de aceitunas o tocadores de señoras. Por cierto, contadas y descritas con emoción en la Barcelona de su tiempo, bien amada en algunas de sus mejores obras y ensayos. Lo mismo ocurría en la muy seria La verdad sobre el caso Savolta. Me da la sensación que, ninguno de los que ha pedido quemar sus libros en las hogueras de San Juan en pro de defender la cultura catalana, ha hecho por esta ni la milésima parte que este señor.

Hoy también sabemos que el propio Eduardo Mendoza ha sido el autor más vendido en la feria del libro de Barcelona «pese» al boicot lanzado en redes. Quizás precisamente aquellos que no saben reír, pillar una broma (menos mal que estos nuevos currantes de la inquisición no leyeron “El asombroso viaje de Pomponio Flato”) o simplemente documentarse bien antes de salir a la calle con la antorcha para prender el monstruo, han conseguido justo lo contrario de lo que su «goebbeliana» cancelación perseguía.

En torno a las celebraciones del día del libro y toda esta historia he releído fragmentos del ensayo Sobre la tiranía del catedrático de historia Timothy Snyder, una especie de manual de supervivencia en los tiempos que corren. Sólo en su índice ya podemos ver lo que cuentan algunos de sus capítulos: «no obedezcas por anticipado»; «desmárcate del resto»; «trata bien nuestra lengua»; «cree en la verdad»; «investiga»; «contribuye a las buenas causas»; «presta atención a las palabras peligrosas»; «sé todo lo valiente que puedas».... Nada más lejos de la realidad.

Volviendo al principio, igual es que como adelantó el propio escritor (casi como un prestidigitador auto-profético si recordamos el título de los capítulos XII de El misterio de la cripta embrujada), algunos no saben leer, o mejor dicho, no leen, simplemente están tan acostumbrados al borreguismo en las redes que «su» opinión sólo es ya una bandera sucia y harapienta que seguir aunque quien la enarbole sea un extremista o un interesado. Igual un día algunos de ellos tienen la suerte de ser personajes en una novela de Eduardo Mendoza.

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