Opinión | Retiro lo escrito
Por esos andurriales

El ministro Ángel Víctor Torres, este martes en Zaragoza durante la entrevista. / Laura Trives
En todas las encuestas y sondeos sobre la intención de voto en Canarias el PSOE va desangrándose lentamente. Lo que resiste es la marca, pero la marca no está en sus mejores momentos. Salvo entre los socialistas –y no entre todos– no encontrarás a nadie que te defienda que en el caso de celebrarse elecciones autonómicas el PSOE obtendría más de 22 escaños, con tendencia clara a sacar 21. Prácticamente empatados con Coalición Canaria. Es un tanto penosa esa actividad dominical de Ángel Víctor Torres saltando entre islas y municipios, inventándose actos y pretextando encuentros para deambular por esos andurriales y recordar que es ministro pero también candidato presidencial del PSOE in pectore para los comicios de mayo de 2027. En términos prácticos de esos garbeos ministeriales no se entera prácticamente nadie. Torres es el centro de un experimento que jamás se había practicado antes: designar a un señor ministro y luego, al cabo de dos o tres años, presentarlo a presidir una comunidad autónoma. Yo sostengo que es un error, como ha quedado demostrado en Aragón y pronto se evidenciará en Andalucía. A Torres le hubiera rentado más –como dirigente canario– quedarse a capitanear la oposición parlamentaria al Gobierno presidido por Fernando Clavijo. En la situación actual ni siquiera puede liderar y gestionar eficazmente el PSOE. Lo hace supuestamente Nira Fierro, menos en Gran Canaria, donde Sebastián Franquis controla personalmente la organización y no le deja hacer tonterías.
Precisamente Torres debería entender –si todavía alcanza a saber escuchar a alguien– que para conseguir un buen resultado electoral en 2027 más que girar visitas a pueblos, debería hacerlo a agrupaciones locales. Porque el partido está hecho unos zorros. En La Palma el equipo del nuevo secretario general –inexperto y desnortado– no levanta cabeza. En La Gomera –donde la instrucción de no molestar a Casimiro Curbelo se cumple a rajatabla –se corre el riesgo de perder el único diputado–. El Hierro es una víctima del secretario general y su inutilidad manifiesta para trenzar apoyos internos y externos más o menos estables. En Tenerife Tamara Raya no tiene ninguna prisa por darse prisa en activar la organización y construir un liderazgo reconocible: reina pero no gobierna. El PSOE conejero padece como propia la decadencia de Dolores Corujo –que recuerda a un bolero– y los socialistas de Fuerteventura están resignados a ejercer como socios menores de Coalición Canaria. Ese es el oscuro panorama del partido, a lo que se debe sumar la casi segura pérdida del ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Habrá incluso que buscar candidato alternativo porque no se confía en que Carolina Darias esté dispuesta a inmolarse en el altar de su propio fracaso. En esta tesitura se antoja más bien ridículo pasarse la tarde de los viernes o las mañanas de los sábados recorriendo pueblos de Fuerteventura o La Palma, abrazando a fulanito o escuchando a perenganito. Lo que debería ser la prioridad es poner en orden tu casa y tus fortines, tu guardia pretoriana y su ejército.
Torres no tiene tiempo, y además, siente verdadera alérgica por los conflictos internos. Por supuesto, son desagradables, pero no se trata solamente de eso. Es algo más grave: Torres no está dispuesto a erosionarse políticamente para mediar en una situación delicada o imponer su autoridad. Cuando estalló el gobierno municipal en Arona prefirió llamar a Santos Cerdán. A Santos Cerdán. Por Arona. Y Nira Fierro no sirve para eso. Es un proyecto de prima donna que ha utilizado la menoscabada Secretaría de Organización como trampolín para conseguir proyección e influencia y montar sus breves reals en Tik Tok con sus llameantes intervenciones parlamentarias que tú bordeaste en rojo ayer. Hace casi siete años Torres y los socialistas canarios encontraron una oportunidad excepcional en unas urnas propicias, pero después se las han arreglado para no aprovecharlas ni en lo político, ni en lo organizativo, ni en lo estratégico.
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