Opinión | El lápiz de la luna
La IA y sus cosas

Archivo - Imagen de recurso de inteligencia artificial (IA). / INDRA - Archivo
El otro día vi un post en IG de una colega psicóloga en el que subió una foto suya de adulta abrazando a la niña que fue. Es un montaje sencillo que se realiza con la inteligencia artificial. Basta con subirle una foto actual y una de cuando eras pequeña. Lo hice y, tras obtener el resultado, que la espera me puso más nerviosa que la que precede a la rayita o rayitas de una prueba de embarazo, nos vi en la pantalla del móvil. Necesité un ratito para procesarlo porque de realismo se pasó el ChatGPT. En psicología, parte de la tarea en muchas ocasiones se centra en trabajar la infancia y las heridas que se dieron en esa etapa de la vida, así como los estilos de apego o los modelos educativos, entre otras muchas cosas. Me sobran talleres y formaciones en las que he trabajado con mi niña interior, pues, para acompañar, primero hay que aprender a acompañarse y, para sostener, antes debemos saber cómo sostenernos. Sin embargo, a pesar del trabajo que tengo hecho conmigo, he de reconocer que cuando la IA me devolvió la imagen de la que soy ahora abrazando a la que fui se me hizo un nudo en el estómago. Tuve una infancia difícil, pero la suerte de contar con una madre y unas hermanas que, haciendo equipo, se hizo más llevadera. Me pareció espeluznante a la vez que maravillosa esa capacidad de la IA de realizar el montaje. Cuando llevamos a cabo un proceso de terapia en el que abordamos la gestión con el niño o la niña interior nos encontramos con muchas personas a las que les cuesta visualizarse de pequeñas por el dolor que eso puede conllevar. A veces usamos fotos de esa época para proyectar el trabajo. Pero en esa imagen solo vemos a un niño. En cambio, esa opción de verte ahí, dándote el amor y la protección que te faltó cuando lo necesitaste me resultó sanador. «¿Qué más te dirías?» —me pregunté. Siempre encuentro cosas que decirle o agradecerle a esa pequeña que sigo siendo yo y, joder, qué confuso y bonito es el proceso de rendirse a uno mismo. Desde que la IA se convirtió en un boom he tenido mis más y mis menos con ella, dado que te puede realizar una foto muy tierna como la que cuento en este artículo como puede crear otra mucho menos enternecedora con la que crear un bulo y fastidiarle la reputación a alguien. No sé cómo aprenderemos a convivir con una herramienta de este tipo con tanto poder para el bien como para el mal. Una inteligencia no humana, usada por algunos humanos sin inteligencia es un cóctel molotov. Volviendo a la foto en la que abrazo dos periodos de mi vida tan distintos, creo que lo que le(me) diría en este momento vital es: «Todo va a estar bien, porque tú haces que todo esté bien». Exponerles todas estas cavilaciones también me recuerda la importancia de hacer un buen uso de la IA y, especialmente, de cuestionarnos todo lo que vemos en esta sociedad distorsionada que nos lleva al engaño, a la crítica y al juicio fáciles. «Todo va a estar bien» —me repito. Y me lo creo.
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