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Opinión | Crítica

La modernidad más atrevida para la historia más cómun del ‘ser humano’

La directora argentina Sofia Bordenave afronta el tema de los ataques institucionalizados al pueblo mapuche desde un prisma completamente personal

Un fragmento de la película

Un fragmento de la película

La sorpresa de la sección oficial a concurso ha sido hasta el momento Bosque arriba en la montaña. Y no porque sea peor o mejor que el resto de las nueve películas, sino porque es de la única de la que he salido hasta ahora con la sensación de haber visionado algo nuevo, diferente, arriesgado. Y lo es porque abarca de todo: el cine judicial, el cine de investigación, el cine documental, el cine histórico, el cine testimonial y el cine puro y duro.

La directora argentina Sofia Bordenave afronta el tema de los ataques institucionalizados al pueblo mapuche desde un prisma completamente personal. Pero lo más significativo es el hecho de que utilice el tema más común de la historia de la humanidad (esto es, la destrucción de un pueblo o civilización por otro con mayor poder militar para esquilmar sus recursos naturales y destruir su cultura) desde un prisma tan moderno y refrescante. Y sí, digo moderno, porque esa idea de estar viendo cinco películas que en realidad es la misma, solo lo han logrado con solvencia, o de manera aceptable, pocos nombres de la cinematografía mundial.

Y Bordenave lo consigue. El espectador va pasando, a modo de una montaña rusa, por diferentes estados anímicos de una forma incluso perturbadora, sin concesiones, confiando la realizadora argentina en la inteligencia del espectador para complementar una propuesta fragmentada que tiene una coherencia incuestionable desde el momento en que se analice de manera minuciosa.

Unas veces lo que domina la pantalla son las imágenes en blanco y negro sacadas de los archivos sobre este pueblo indígena en las que de forma totalmente anacrónica los hombres visten como militares colonizadores y las mujeres al modo de las típicas señoronas de la gran ciudad. Es un pueblo indígena, pero parece el ejército francés en Argelia.

Otras veces se centra en la investigación, en un paisaje agreste sobre la muerte por la policía de la Prefectura Naval de Rafael Nahuel en la que los investigados cuentan con detalle como se produjo el incidente, rozando un neorrealismo crudo en la manera en la que cada una de las versiones se ven alternadas con fichas que recogen las características física y personales de cada uno de los implicados.

En ocasiones se recrea, con toda su solemnidad y tensión palpable, el juicio a los presuntos culpables con continuas refriegas entre jueces, abogados, fiscales, testigos y las distintas partes personadas, en donde interviene la propia directora pues, al fin y al cabo, es jurista.

Y, sobre todo, vemos esa odisea en la que una narradora, acompañado de un equipo de producción, se adentra por tierra de nadie para mostrar los paisajes más insólitos de la Sudamérica profunda explicando cómo se ha producido la continua desintegración de una cultura por motivos únicamente lucrativos: las riquezas de ese territorio.

La modernidad y sentido de la revolución, totalmente occidental de este pueblo, tiene su punto culminante durante la actuación del grupo punk La Morgue en la que unos de sus miembros porta una camiseta de La Polla Records. Tras interpretar varios temas y ver al público bailar el pogo de forma desaforada ante la banda quizás podamos afirmar que nos encontramos en la última subdivisión del movimiento juvenil de los setenta que ha marcado toda la cultura del siglo XX: el punk-aborigen.

La obra más interesante del programa en competición. Ahora bien, no sé hasta que punto podrá ser interpretada de forma adecuada.

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