Opinión | Crítica
Por fin risas para aliviar una semana de toxicidades varias

Un fragmento de la película. / La Provincia
Risas, por fin se oyeron risas, en una de las películas que compiten en la sección oficial por la Lady Harimaguada de Oro. Y no risas esporádicas, sino risas constantes, unas detrás de otra. Carcajadas a mandíbula batiente a veces. Fue casi un milagro ver un título como la producción mexicana Lo demás es ruido justo el último día de la sección oficial a concurso.
Fue como un bálsamo que aliviaba una herida que se había depositado, enquistado más bien, en el cerebro del cinéfilo tras tanto drama y tragedia en las películas a concurso. Fue como saber que el género humano, a pesar de todo, también tiene cosas que valen la pena. Como sentir que el maná se depositaba sobre tu cabeza. O como decía la letra de cierto tema de The Clash: «Me han agredido, me han despedido, me han humillado, he envejecido, pero no estoy triste».
Bueno, bromas aparte, la última película de Nicolás Pereda fue una sorpresa que nadie esperaba en una dinámica que este año giraba alrededor del rechazo, la incomunicación, el desengaño amoroso, las relaciones tóxicas, los traumas mal sanados, las familias tóxicas, los abusos de poder o los efecto destructivos de los narcóticos o el sexo sin prevención en los jóvenes. O sea, un páramo en medio de un desierto de penurias y depresiones.
Y fue una sorpresa doble porque en realidad era una comedia hecha para entretener y divertir principalmente, aunque lo magistral del film es que escondiera muchas lecturas, a pesar de su austeridad casi patológica, a través de una reflexión sobre el mundo del arte y de la crítica realmente memorable.
Un presentador y un cámara de televisión acuden a hacer un reportaje a la casa de una compositora pero para entrevistar a otra compositora que es amiga de aquella que le ha prestado su vivienda y a la que acude de casualidad una tercera compositora hija de la primera compositora. Ya el inicio del argumento, digno del mejor sketch de los Hermanos Marx, muestra el humor inteligente del realizador que sabe reírse de si mismo y de la absurdidad que es el ser humano en sí mismo desde el momento en que uno lo analiza todo de forma relajada. Siguiendo con el argumento, y en vista de este cúmulo de casualidades, ambos técnicos deciden que cada una de las compositoras tengan también su minuto de gloria.
Pero, en su afán de no tomarse demasiado en serio a si mismo, Pereda va complicándolo todo de forma casi imperceptible. De este modo, el trabajo se va interrumpiendo progresivamente por una serie de incidentes que van surgiendo durante el rodaje como los ladridos del perro de un vecino, el corte del suministro eléctrico a todo el barrio, las contradicciones en las que incurren las protagonistas, el excesivo tráfico urbano, etc, etc. Y un tema recurrente de conversación en medio de todo este lío es el marido de una de las compositoras que es además una de las glorias nacionales, con un nivel y un talento muy por encima de las demás compositoras al ser uno de los tres mejores de México (de los dos según sus propias palabras). De pronto, tras el accidentado set, este último personaje también aparece de una forma inesperada pero tan inolvidable como el protagonista de El gran orador de Ionesco. Poco después, y tras otro corte de suministro eléctrico, vuelve el cámara a recoger ciertos aparatos que se había olvidado, se queda a cenar y entabla una conversación con el maestro. Yo no sé si fue fruto del azar o una casualidad, pero, debido a la falta de luz, y al tener que hablar casi en penurias, la conversación musical en un tono pedante y musicológico, adquiere un toque hasta lúgubre y oscuro, en la película más corta (71 minutos), pero más fructífera de la sección.
Tras semejante sorpresa, muchas ideas rondaban mi cabeza cuando me dirigía a la zona de prensa ubicada en la terraza del Alfredo Kraus para intercambiar opiniones con la productora y hermana del director, Catalina Pereda, representante de la película. Y la verdad es que puedo afirmar que ha sido la más reveladora de todas las que se han celebrado. Hubo una reflexión que me desarmó por completo. La familia Pereda es una estirpe de grandes artistas en su país. Pero una de las cosas que siempre les llamaba la atención era cómo los críticos daban una interpretación de sus obras que a ellos mismos les alucinaba y que les hacía ver cosas que no tenían intención de hacer, pero que tampoco les parecía censurable. Filosofía, arte, humor y cine dentro del cine. ¿Alguien da más?
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