Opinión | Miren a ver
Fondo de Desarrollo de Canarias: Evaluar para avanzar
El Fdcan renueva su compromiso hasta 2037 con un giro social que anima a una evaluación más profunda de las inversiones

El parque de San Fernando, uno de los espacios rehabilitados con cargo al Fdcan. / Juan Carlos Castro
La decisión de prorrogar el Fondo de Desarrollo de Canarias (Fdcan) durante otra década, hasta 2037, abre una nueva etapa en la política inversora del Archipiélago. Tras diez años de ejecución y más de 2.600 millones de euros movilizados, el balance general invita al reconocimiento de su papel como instrumento de impulso económico, generación de empleo y desarrollo de infraestructuras. Sin embargo, es exigible una evaluación rigurosa de lo que se hace.
Vieja demanda isleña
El Fdcan nació en 2016 con la vocación de evitar que los recursos extraordinarios cedidos por el Estado a través del extinto Impuesto General sobre el Tráfico de Empresas (IGTE), una vieja demanda isleña, se diluyeran en el gasto corriente de las administraciones de la región. Se perseguía convertirlos en palanca de transformación. Ese propósito se ha materializado en cientos de proyectos distribuidos por todas las islas, con impactos que, según los datos oficiales, han sido significativos. Pero la magnitud de la inversión hace preciso ir más allá.
¿En qué medida las inversiones llevadas a cabo han respondido de forma eficiente a las necesidades de la ciudadanía?"
El dato de que cada euro invertido haya generado un retorno de 1,72 euros, o que se hayan creado decenas de miles de empleos, resulta positivo, pero insuficiente. Vale que el análisis del Gobierno de Canarias sobre su impacto habla con abundante literatura académica de métodos de coeficientes de localización de Flegg (sic) o fórmulas de ajuste tipo rij= FLQij x aij y de matrices inversas, entre otras galanterías. ¿Pero en qué medida esas inversiones han respondido de forma eficiente a las necesidades de la ciudadanía? Responder a esta cuestión requiere una evaluación digamos que más cercana al idioma de los -y las- mortales. Así se prometió en el arranque de esta iniciativa. Era prácticamente la primera vez que se hablaba en Canarias de un proceso de evaluación de políticas públicas. Y resultó ilusionante.

Obras de rehabilitación de la ermita del Pueblo Canario, con recursos del Fdcan. / Juan Carlos Castro
El giro hacia lo social que se plantea para el periodo 2027-2037, con atención a la emergencia habitacional y al incremento de plazas sociosanitarias, refuerza esta necesidad. Pero no debería bastar con invertir más o en nuevas áreas, lo que es imprescindible es invertir mejor, si se puede. Habría que evaluar si los proyectos han cumplido los objetivos y si los recursos se han utilizado de la manera más adecuada.
Una de las fortalezas del Fdcan ha sido su capacidad de adaptarse a cada isla. Toca comparar resultados, identificar buenas prácticas y corregir desequilibrios si los hubiera. Otra virtud ha sido el impulso a la cogobernanza entre el Gobierno de Canarias y los cabildos con apoyo de los ayuntamientos. Pero debe darse un paso más en la rendición de cuentas. La transparencia no puede limitarse a la publicación de cifras globales.
Función democrática
La evaluación no solo cumple una función técnica, sino también democrática. Permite a la sociedad conocer cómo se gestionan los recursos públicos y valorar la acción de sus instituciones. Contribuye a generar confianza. La continuidad del programa no debería justificarse solo por su trayectoria, sino por su utilidad.
La experiencia de esta primera década es una oportunidad valiosa de aprendizaje. Identificar qué ha funcionado y qué no, qué proyectos han generado mayor impacto y cuáles han tenido resultados más limitados. Las restricciones derivadas de la regla de gasto, la incertidumbre del marco financiero europeo y las tensiones geopolíticas obligan a extremar la prudencia en las inversiones.
Evaluar es una exigencia técnica y señal de responsabilidad política y con recursos limitados y necesidades crecientes aprender es buena opción"
La decisión de mantener el mismo nivel de financiación para el próximo periodo, pese al incremento de costes, refuerza la necesidad de optimizar recursos. Hay que abordar la crisis de la vivienda y mejorar la atención a las personas mayores y dependientes. El Fdcan puede ser útil.
La prórroga representa una oportunidad para consolidar su potencial y corregir debilidades. Evaluar es una exigencia técnica y señal de responsabilidad política. En un contexto de recursos limitados y necesidades crecientes, aprender es una buena opción.
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