Opinión | Retiro lo escrito
El Breñusca y Alejandría

El Breñusca y Alejandría / La Provincia
A mí la frase que más me interesó en los discursos de los Premios Ortega y Gasset –que Ortega y Gasset no hubiera ganado hoy, por facha– es una pronunciada por Svetlana Alexiévich: «Quizás no entendamos la locura de hoy, pero tenemos que dejarlo por escrito». Lo que ocurre es que me recuerda demasiado aquel viejo titular chistoso: «El periodismo durará siempre 24 horas más porque habrá que contar el fin del mundo». Quizás esa sea una buena definición del oficio. Porque el periodismo tal vez cuenta continuamente el fin del mundo. El mundo se acaba todos los días y tú te vas acabando con él. Hace unas semanas me enteré de que ha cerrado para siempre el Breñusca en San Sebastián de La Gomera. Era un bar donde paraba agradecidamente todo el mundo y un restaurante de cocina popular. Un lugar donde servían la única prueba tangible de la existencia de Dios: su potaje de berros. Me dieron la noticia por teléfono y quedé varias horas trastornado. Los que no visitaron nunca el local de Pompeyo no saben, por supuesto, de la pérdida de la que hablo. Es como comentarle a un esquimal el sabor de la paella. Los bares y restaurantes son criaturas extremadamente frágiles. Llega cualquier viento y lo que era un grato y visitable recuerdo se reduce a una miserable nostalgia.
Sin duda es el envejecimiento de mis arterias (para no entrar en más asquerosos detalles fisiológicos) lo que me arrastra a un atardecer entre melancólico y ominoso. En el horizonte próximo se enraman mi vejez y la ancianidad de un orden político y social –por no hablar de un sistema internacional– al que apenas le queda tiempo para reparar en lo que ocurre y aceptar su fin. Está acabando una era y en el atardecer que oscurece entre gritos de asombro y murmullos de temor se derrumban todas las convicciones y seguridades. Lawrence Durrell solía comentar que Alejandría «era un lugar para despedidas dramáticas, decisiones irrevocables y últimos pensamientos». Ese lugar es nuestro presente, todos somos alejandrinos, y están a punto de llegar –en realidad ya han comenzado– las despedidas dramáticas, las decisiones irrevocables maquilladas como alternativas realistas y los últimos pensamientos antes de resignarnos a las ocurrencias. Los pensamientos eran precisamente llamados al análisis y a la acción, a la transformación y al cambio, a la voluntad y la intervención. Las ocurrencias, por el contrario, están para pasar el rato.
Veo a la gente regresar del baile de mago de las Fiestas de Mayo. ¿Habrá bailes de mago dentro de treinta años? Se me antoja más que dudoso. ¿Seguirán celebrándose carnavales? Quizás, como una excusa para emborracharse. ¿A los marroquíes o a los chinos les gustan los carnavales? ¿Y los churros de amanecida? ¿Podrán sobrevivir estas islas con una industria turística empequeñecida y menos rentable cuando la pensión de los jubilatas europeos –incluidos los españoles– se recorte, al menos, en un tercio? ¿Cómo resistirá la cohesión social y la convivencia civil en este país si cada año se instalan aquí (continúan instalándose aquí) 8.000 o 10.000 nuevos habitantes? ¿Qué salida cabe si la Unión Europea, en la mayor crisis de su historia, sola y descangallada entre Rusia y los Estados Unidos, se ahorra la solidaridad con las llamadas regiones ultraperiféricas y endurece aún más su política de inmigración y de asilo?
Por supuesto se pueden contar más estrellas que se apagan en el firmamento. Y sin embargo no parece que vaya a ocurrir nada. La gente viene y va, acude a Urgencias por un flemón, se pega un baño en la playa, vibra por el ascenso de su equipo, le grita al imbécil de su cuñado, practica sus sentadillas, echa la Primitiva, pasea a sus hijos o lava el coche con un estropajo y un viejo cubo de agua. Pero un día ocurrirá. Un día te tomarás la última tapa de pulpo en el Breñusca o cobrarás tu última pensión íntegra o no podrás impedir que te suban el alquiler y sabrás que habremos llegado a la Alejandría de las despedidas dramáticas y los últimos pensamientos. n
Suscríbete para seguir leyendo
- El Grupo Lopesan proyecta un hotel de mil habitaciones y 300 millones en Meloneras
- La solución al gran atasco de la GC-1 en Telde ya tiene fecha de inicio
- Asesinato en Fuerteventura: Aaron, el joven que descuartizó a su madre, traficaba con medicamentos que robaba en una farmacia
- La Bonoloto deja uno de sus premios más importantes en Gran Canaria
- Llanos de Guinea: la gran bolsa de suelo entre Tamaraceite y Los Giles empieza a definir su futuro
- Un acusado de blanqueo le hace una peineta al juez durante un juicio en Gran Canaria: 'Le pido que mantenga las formas
- Mesa y López, Las Arenas y Guanarteme: el Ayuntamiento rechaza revisar el plan que permite la ampliación
- La familia de Airam revela nuevas pistas sobre su paradero tras casi tres meses desaparecido
