Opinión
El miedo

Operativa para desembarcar a los pasajeros del 'Hondius' en Tenerife
Gabriel Chevallier, quien estuvo tres años en el frente durante la Gran Guerra, escribió un libro sobre su experiencia cuyo título se queda corto ante el horror que describe de manera pormenorizada. « … ¡Le preguntamos qué hizo usted! »-¿Sí?… Pues bien, estuve de marcha día y noche, sin saber adónde iba. Hice ejercicio, pasé revistas, abrí trincheras, trasladé alambradas, sacos terreros, vigilé en la tronera. Pasé hambre sin tener nada que comer, sed sin tener nada que beber, sueño sin poder dormir, frío sin poder calentarme, y piojos muchas veces sin poder rascarme… ¡Eso es todo! »-¿Todo? »-Sí, todo… O mejor dicho, no, no es nada. Les voy a decir la gran ocupación de la guerra, la única que cuenta: he tenido miedo». Un relato que genera “fisicidad” en el lector a través de la angustia en cada palabra. El cielo gris plomo francés que oprime las cabezas de quien no pueden escapar de las trincheras, el sonido de obuses por caer, el silencio trás las explosiones, el hedor a muerte en cada rincón, y sobre todo la incertidumbre constante al no saber si estarás vivo en unos minutos, mañana, la próxima semana…
En principio la gran mayor parte de la sociedad, con la excepción de una no desdeñable pequeña minoría (ese ya es otro tema), no tiene muchas ganas de diñarla. Tampoco de ver desaparecer o sufrir a sus seres queridos. Por eso es normal, humano, animal o natural sentir miedo ante una posible nueva pandemia, más aún cuando es una enfermedad considerablemente más letal y desconocida (para nosotros). Incluso dejando a un lado posibles descoordinaciones, deslealtades, cobardías de algunos de siempre que no quieren saber nada de que aterricen o reposten aviones en sus aeropuertos, intereses políticos cruzados o viejas heridas sin reparar después del Covid 19, la cuestión trascendental para sobrevivir no es si tienes o no miedo, sino cómo reaccionas ante el mismo. Lo normal es que saque lo peor o lo mejor de nosotros. De quien saca lo mejor, los verdaderos héroes, no es necesario pensar que no tienen miedo, sino que mantienen la cordura. Tampoco se ponen a sí mismos en primer lugar. De hecho, lo olvidan hasta tal punto que casi nadie ha sabido nunca de esas heroicidades.
Ante la normalidad que llegó para quedarse en forma de incertidumbre por viejas y nuevas catástrofes, lo habitual se está convirtiendo en pisarse como ratas que saltan de un barco (que mal traída ahora esta frase). Todos conocimos a alguien que durante la pandemia sintió la necesidad de compartir y contagiar su miedo (que no sus virus) para no sentirse solo, ya fueran bulos, negacionismos varios, conspiraciones, noticias exageradas, interesadas o directamente chorradas inventadas no sé sabe por quién. Sobre esa forma de actuar se pueden leer muy buenos ejemplos en el divertido “¿Por qué creemos en mierdas?” de Ramón Nogueras. Trás dos primeras semanas de solidaridad (aquellos carteles en la puerta del súper ofreciéndonos a ayudar a los mayores o las personas solas…) al calor del “De esta saldremos mejores…”, aquello pasó a ser un epitafio hecho añicos que hoy vuelve a nuestro recuerdo con cierta vergüenza.
No sabemos lo que pasará mañana. Sabemos que la ciencia médica nos ha traído el mayor progreso de nuestra historia como especie. Confiamos en la ciencia cuándo a alguien se le detecta un cáncer. Y solemos confiar en que la bondad, la sensatez y la madurez suelen dar un mayor porcentaje de supervivencia que la histeria, el egoísmo o el pánico. En ocasiones la ciencia asusta, pero es el verdadero desdén por esta lo que realmente da miedo y nos ocupa en estos tiempos.
Suscríbete para seguir leyendo
- Muere Lorenzo López, un gallego emigrante en Alemania que levantó un imperio en Canarias
- Premio a un hostelero en San Bartolomé de Tirajana: Juan Moreno, leyenda de El Boya
- La transformación de la estación de guaguas de San Telmo comienza en julio y durará ocho meses
- Un encapuchado atraca un supermercado con un cuchillo jamonero y huye a la carrera en Sardina del Sur
- La circulación del agua por las arterias de Salto de Chira: casi 3 kilómetros para generar electricidad y almacenar energía renovable
- Cuatro encapuchados atracan una joyería en el sur de Gran Canaria, huyen y estampan su coche en Telde
- Buscando a un papa: León XIV y el desencanto canario
- Ni Madrid ni Barcelona serán el final: Quevedo anuncia gira por España y deja una promesa para Canarias
