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Triste resaca de un circo en Granadilla

Evacuación en lancha de los ciudadanos españoles del crucero MV Hondius fondeado cerca del puerto de Granadilla, a 10 de mayo de 2026, en Granadilla de Abona, Tenerife, Islas Canarias (España). El operativo de evacuación del crucero MV Hondius con hantavirus está dispuesto para comenzar las operaciones de desembarco y traslado de los pasajeros a sus respectivos países. 10 MAYO 2026 HANTAVIRUS; Álex Rosa 10/05/2026. Álex Rosa

Evacuación en lancha de los ciudadanos españoles del crucero MV Hondius fondeado cerca del puerto de Granadilla, a 10 de mayo de 2026, en Granadilla de Abona, Tenerife, Islas Canarias (España). El operativo de evacuación del crucero MV Hondius con hantavirus está dispuesto para comenzar las operaciones de desembarco y traslado de los pasajeros a sus respectivos países. 10 MAYO 2026 HANTAVIRUS; Álex Rosa 10/05/2026. Álex Rosa / Álex Rosa / Álex Rosa

Este martes se ha cumplido una semana desde que la ministra de Sanidad, Mónica García, asegurara con gran solemnidad que el crucero MV Hondius no atracaría en Canarias y que seguiría directo hacia Países Bajos, salvo que se presentara alguna situación crítica que exigiera el deber de auxilio. Desde entonces hasta hoy, García no solo dio esa misma noche un inesperado e inexplicado giro copernicano para ofrecer puerto de desembarco al crucero en Canarias, sino que ha capitalizado una campaña de indisimulado protagonismo personal donde han sobrado toneladas de soberbia y faltado muchas respuestas.

Pero empecemos por el final. El ministerio de Mónica García ha colgado este martes en sus redes sociales una especie de trailer donde puede leerse «10 a 12 de mayo de 2026. Cuando todo el mundo miraba a España». Texto junto al cual aparece un vídeo que relata en imágenes la operación desembarco, con, oh sorpresa, enorme protagonismo visual de la propia ministra, a veces sola, otras (menos) junto a los dos pasmarotes en que se convirtieron los ministros del Interior, Fernando Grande Marlaska, y el canario Ángel Víctor Torres. Pasmarotes en su acepción de la RAE, esto es: persona «que queda embobada, pasmada o aturdida por alguna cosa» (en algunos momentos diríase que hasta por vergüenza ajena). Todo eso en el gigantesco plató de televisión en que se convirtió el puerto de Granadila y como evidentes floreros institucionales junto a la súper ministra.

Es una indecencia absoluta publicitar con tal superficialidad y falta absoluta de tacto institucional una operación de auxilio cuando, apenas acabado el desembarco, hay personas luchando por su vida frente al hantavirus en unidades de cuidados intensivos, desesperándose en completa soledad mientras empiezan a aparecer síntomas en una unidad de aislamiento o rezando para que las pruebas que hoy dan negativo puedan mutar mañana hacia un positivo frente a una enfermedad que tiene una alta letalidad.

Resulta igualmente indecente que García convierta en «éxito de país» hasta la presencia de 400 periodistas de todo el mundo en Granadilla, a algunos de los cuales que hicieron las preguntas más incómodas les hurtó una explicación mínimamente razonable de lo que ha venido sucediendo. Pero lo es mucho más si algunos signos y hechos empiezan a demostrar que la ministra como mínimo ocultó información muy sensible a las instituciones concernidas, a los canarios y a todos los españoles. Y que cada lector decida si ocultar información equivale o no a mentir.

Fijémonos por ejemplo en lo sucedido este lunes cuando una periodista española y tres de medios internacionales le preguntaron a García una y otra vez si se hicieron o no PCR a los viajeros y tripulantes del barco antes de su desembarco, si el mecanismo de control de síntomas fue «el eslabón más débil» (sic) del operativo ante la evidencia de que varios pasajeros dieron positivo en hantavirus pocas horas después de ser repatriados o, la pregunta más dura de todas: «¿Cómo es posible que una persona esté bien por la mañana, se sienta mal por la tarde en el avión y esté por la noche en cuidados intensivos?». Esta última la formuló a bocajarro una periodista alemana en referencia a la ciudadana francesa que evolucionó hacia la gravedad nada más llegar a su país.

Todas esas preguntas quedaron naturalmente sin respuesta salvo que se consideren respuestas la cadena de evasivas, incoherencias o banalidades (»nos ceñimos a los protocolos», «esto un éxito de país y del multilateralismo...») proferidas por la ministra en respuesta a todas las cuestiones que giraban en torno al mecanismo de control de síntomas y detección temprana del virus. Y a menos que demos por buena la respuesta que García dio a la reportera alemana: «Los cuatro médicos de Sanidad Exterior que subieron al barco le tomaron a todos la temperatura y nadie tenía fiebre. Y luego le dio en el avión». ¿En serio, señora García? Y eso sin contar con que, por supuesto, no hubo alusión alguna al pasajero estadounidense que EEUU evacuó aislado, evidentemente con previo aviso.

Canarias y toda España tienen derecho a hacerse muchas preguntas acerca de este episodio que Pedro Sánchez, oh sapientísimo estratega, ha bautizado como «manual de crisis» como aparente heredero de su «manual de resistencia». La primera y más importante, por qué el martes de hace una semana García y el Gobierno mutaron en menos de tres horas de «el barco no recalará en España» al «el crucero hará escala en Canarias». Esto es: qué hay exactamente detrás de una operación que, bajo el paraguas de la aparente humanidad, la obligación de auxilio tardíamente reconocida y la presencia de 14 españoles en el barco, el Gobierno de Sánchez ha convertido en un show propagandístico que distrae de otras miserias domésticas.

Claro que España y Canarias debe sentirse orgullosa de que sus militares, su Ejército del Aire, su UME, sus guardias civiles, sus operarios del puerto y todos los sanitarios del Ejército o de Sanidad Exterior hayan ejecutado a pie de muelle, barco, guagua o avión el auxilio de las personas. Pero quizá no tanto ni remotamente de un Gobierno que desde la transparencia cero, cuando no la manipulación más escandalosa, ha hurtado a los ciudadanos información esencial para comprender y avalar esta operación. Y del que por cierto estamos esperando todavía, por ejemplo, alguna palabra de comprensión hacia el conductor de la guagua a bordo de la cual viajaba un pasajero del crucero que se quitó la mascarilla en el asiento. O hacia el guardia civil que cayó fulminado por un infarto en medio de una operación que ya se sobreentiende como altamente estresante.

Canarias tiene derecho a saber por qué Canarias. Primero por la obviedad de que esos pasajeros que hoy se saben positivos o que están en la UCI o en aislamiento habrían corrido mucho menos peligro de haber sido evacuado antes, con los medios diplomáticos o los despliegues materiales necesarios, que haberlos, haylos, para sacar a personas en situaciones críticas en medio del mar. Pero es que además, de haber sido cierta, que no lo era, la repetidísima afirmación de la ministra García de que a bordo del barco no había pasajeros sintomáticos, cabe también la legítima pregunta de por qué no se desplazó el barco a cualquier otro puerto español, como por ejemplo el de Cádiz, más cercano a las unidades de aislamiento especial disponibles en toda España, dado que Canarias solo tiene una. Pero oye, mira qué casualidad, para este pasado domingo, justo cuando el barco arribó a Tenerife, había programado en Cádiz un mítin de Sánchez, luego retrasado por la dramática muerte de dos guardias civiles.

La siguiente pregunta tiene que ver con el respeto. En primer lugar a los canarios, ya castigados con miles de retrasos y cancelaciones por esas legítimas huelgas de médicos ante las cuales la ministra ha sido absolutamente incapaz de encontrar una solución. Así como igualmente castigados por la mezquindad extrema y el deleznable tacticismo con que se convierte al Archipiélago en aparcamiento de miles de migrantes como si fueran fardos, incluyendo a los niños migrantes que nadie quiere en la Península y que el Gobierno de Sánchez distribuye con exasperante lentitud. Y respeto sobre todo a la comprensión lectora y a la comprensión en general de los canarios, que merecían máxima transparencia y no en cambio que ninguna ministra insulte su inteligencia infantilizando la información como si en lugar de un crucero golpeado por el hantavirus fuera a llegar a Granadilla una cápsula de aislamiento espacial.

Era igualmente exigible el respeto institucional. Sí. Es cierto que Fernando Clavijo cometió un grave error al pretender bloquear el fondeo del crucero en Granadilla. Pero no lo es menos que, incluso aunque nadie los pidiera, debería haber sido el Ministerio de Sanidad el que anticipara tanto a Canarias como a Madrid todos y cada uno de los informes acerca del crucero y sus viajeros, incluyendo en el caso de las Islas un análisis técnico riguroso de si existía o no algún tipo de posibilidad, por ínfima que fuera, de riesgo para la salud pública ante una hipotética presencia de roedores en el barco.

En lugar de eso, García eligió la socorrida vía de la caricatura, con la evidente filtración a de fragmentos descontextualizados para que un palmario error de Clavijo lo convirtiera en el hazmerreir de España. Porque, en el colmo de esta disparatada distopía, ahora resulta que las conversaciones vía whatsapp y los pantallazos también forman parte de las relaciones institucionales ante casos tan críticos como un brote de hantavirus.

Sin minusvalorar los manifiestos errores de Clavijo, que ciertamente pareció poseido en esas horas por su peor enemigo, esas filtraciones expusieron al presidente canario y por extensión a todos los canarios a una jauría de tertulianos, opinólogos y todólogos súper listísimos que en las sobremesas de muchas televisiones son capaces de diseccionar en una misma tertulia las posibilidades de mutación del hantavirus, la geopolítica de Oriente Medio, la evolución del barril de crudo Brent, las artes amatorias de Ábalos y el éxito de Rosalía.

Y para otro capítulo habrá que dejar qué lamentables episodios ha protagonizado estos días una parte, gracias a dios solo una parte, del periodismo español. Con periodistas, pseudoperiodistas y opinólogos incapaces de ir más allá de los relatos oficiales, incapaces de profundizar mínimamente en las preguntas necesarias, exhibiendo un insultante desconocimiento de Canarias y lo que es peor, queriendo dar clase desde su sapientísima superioridad moral e intelectual a toda las gentes isleñas, incapaces por lo visto de entender lo que ven o comprender lo que leen. Godos en estado puro que no pierden un mísero minuto en pedir soluciones para el drama migratorio, pero en cambio hablan de Canarias como si las islas fueran una colonia de descerebrados. Infumable. Ofensivo. Insoportable.

Es una gran pena que al despliegue de ministros para la operación crucero no sumara Sánchez a la ministra de Defensa ni al titular de Asuntos Exteriores. Que son en realidad los verdaderos artífices de la logística del desembarco. Defensa porque puso los medios, el personal y el hospital, con precisión militar, como corresponde, pese a las evidentes improvisaciones de quien tenía que lucir como estrella principal de esta película, y Exteriores porque fue el que tuvo que organizar el operativo sin el cual todo habría sido un gran fiasco, que no era otro que la coordinación con 23 países y el desplazamiento de los aviones necesarios para la repatriación. Con ellos la batalla institucional quizá no habría existido.

Pero como eso no sucedió y Torres fue como Marlaska un ministro florero, lo que debía ser hoy en Canarias un sentimiento de satisfacción por haber contribuido a salvar a viajeros indefensos en el mar, lo que ha dejado en muchas personas es, en realidad, la sensación de que les ha pasado por encima el rodillo del «manual de crisis» con un nivel de soberbia y godificación pocas veces visto en este siglo y una pregunta: ¿Esto era en realidad por los viajeros, o acaso por las elecciones de ese Madrid donde Mónica García pretende suceder a Ayuso, las elecciones de la cúpula de la OMS en 2027 o sobre todo el refuerzo sanchista en las desdichadas encuestas?

Quizá lo sepamos algún día. Ahora lo que procede es que Sanidad, amén de cacarear los vídeos de su ministra en las redes sociales, que hay que tener valor además para colocarse el chaleco de Sanidad Exterior como si ella misma fuera a subirse al barco, publicite sus informes, todos los informes y de todos y cada uno de los ministerios, acerca del barco, de sus viajeros, de su estado físico real antes de la evacuación y de las verdaderas razones por las cuales esos viajeros no se repatriaron antes y acabaron haciéndolo en medio de un circo mediático en Granadilla. Informes. Todos. Y de inmediato.

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