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Opinión | Mirando despacio

El diablo al desnudo

El diablo viste de Prada 2

El diablo viste de Prada 2

David Frankel y Aline Brosh apuestan por vestir al diablo de Prada. Meryl Streep cuenta con dos horas justas y la ayuda de Anne Hathaway y Stanley Tucci para desvestirlo. Veinte años después llega a la gran pantalla la segunda entrega de la moda, el lujo y las luchas de poder. Éxito de taquilla mundial para un film que encandila mucho más por el vestuario, las pasarelas y la belleza de sus protagonistas que por sus diálogos algo insípidos y carentes de mensaje. Con permiso de Meryl Streep y su maravillosa interpretación en El Diablo se viste de Prada 2, intentaré desnudar a este diablo que hoy llamo frivolidad.

Me voy a la RAE en busca del éxito: “resultado feliz de un negocio o actuación, la buena aceptación que tiene alguien o algo”. Parece que el éxito viene desde afuera, parece que tiene que ver con ese aplauso del público o con grandes progresos en el plano laboral. Si pensamos en personas exitosas nos viene la imagen de futbolistas, artistas, grandes empresarios… Todos ellos reciben la admiración de millones de personas cada día, aprobación que deben mantener a lo largo de los años para seguir en lo más alto. Si atendemos a la ley de la gravedad sabemos que todo lo que sube, baja. Ese tipo de éxito aparta a los poderosos del mundo cotidiano, la soledad se convierte en la dueña durante los viajes obligatorios y la nostalgia acompaña las horas de trabajo excesivo. Para mantener ese ritmo de exigencia, muchos artistas recurren a sustancias que, a lo largo de los años, suelen acabar con sus brillantes carreras. Todos recordaremos casos desafortunados como el de Maradona, Whitney Houston o Michael Jackson.

Woody Allen airea sus dudas en cuanto al éxito: “no conozco la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar complacer a todo el mundo”. No puedo estar más de acuerdo con uno de mis cineastas favoritos. Cuando nuestro éxito depende de los otros, no podemos dejar de interpretar el papel. Debemos actuar todo el tiempo para ofrecer aquello que se espera de nosotros. Agotados, nerviosos o preocupados,... pero siempre exhibiendo la mejor sonrisa ante las cámaras. Entonces nos convertimos en actores para lograr el “éxito” a nivel profesional, en el plano de la pareja o en nuestra familia de origen. Consigues pues el éxito de cara a la sociedad cuando tienes un trabajo bien remunerado, tienes una familia estable, tienes una casa chula y a ser posible tienes un perfil en redes con muchos likes. Pero…¿de dónde parte la idea que eĺ éxito radica en el tener? ¿Acaso todas las personas que cumplen con estos requisitos de verdad son felices?

Busco el éxito en la psiquiatría, la doctora Marian Rojas Estapé habla de cultivar actitudes como la gestión del estrés, educar nuestra voz interior o plantearse proyectos de vida. Conceptos algo nuevos que suenan a superación personal y evolución. Sin embargo, Séneca, el padre del estoicismo, ya vinculaba hace más de dos mil años el éxito a la paz interior, a la aceptación de las emociones y a la excelencia moral. Si nos hacemos eco de los estudios de los sabios, parece que no hace falta tener mucha pasta, depender de la palmadita en el hombro o ser famoso para lograr el éxito.

Me cuelo entre las páginas de El poder del ahora de Eckhart Tolle. El gran maestro espiritual define el éxito como la capacidad de vivir con atención plena y aceptando el momento presente. Quizá el divulgador alemán nos desvela otro de los secretos del fracaso: postergamos nuestra vida corriendo tras el éxito. Ese exceso de futuro nos impide mirar cerquita y disfrutar de las pequeñas cosas de cada día. John Lennon nos alertaba de los peligros de vivir en el mañana con una frase que deberíamos usar como mantra: “la vida es aquello que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”. Enredados entre las prisas para llegar al aplauso, olvidamos detenernos para observarnos ahora y permitirnos así escuchar también a los otros. Lógicamente debemos contar con un propósito de vida para seguir creciendo, pero ese plan debe tener dirección. Las metas se van consiguiendo día a día con nuestro esfuerzo, motivación y toma de decisiones. ¿Acaso esa dirección no viene también desde nuestros adentros?

Mario Alonso Puig, médico y agitador de consciencias, nos ayuda a desvestir la piel, a despojarnos de las capas que nos sobran. El Dr. Alonso Puig no duda en afirmar que el éxito radica en el ser. Ser para descubrir nuestra esencia, oculta muchas veces, bajo el ego y el miedo. Ser para conectar con nuestro verdadero yo sin adornos ni bordados. Ser para desfilar con nuestras emociones cubiertas tan solo por un fino tul, de forma que luzcamos auténticos por esa gran pasarela a la que llamamos vida.

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