Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | En voz baja

Andalucía, llave maestra del tapete nacional

María Jesús Montero y Juanma Moreno

María Jesús Montero y Juanma Moreno / Julio Muñoz / Efe

«Andalucía será La Baviera de España». Esta es la promesa pasada (comicios de 2018) y el anhelo futuro prescrito por el candidato popular a las elecciones andaluzas, Juan Manuel Moreno Bonilla. Este domingo no sólo decidirá la hegemonía del Partido Popular en esta comunidad, la más poblada de España, sino que puede considerarse una suerte de primera vuelta de las generales. Un heraldo chillón de los comicios nacionales y que llevará a los socialistas a una debacle electoral sin precedentes. Primero, porque la convocatoria mide la resistencia del modelo que encarna Moreno, caracterizado por la moderación y buen talante pese a la crisis sanitaria de los cribados. Su perfil templado y conciliador ante todas las contingencias como la mostrada en el accidente de Adamuz supone un factor diferencial. Quién sabe si estamos ante el próximo sustituto de Núñez Feijóo. Y, segundo, porque el PSOE se hundirá sin remisión y firmará su peor resultado histórico en tierras andaluzas en el que antaño fue uno de sus principales feudos.

El líder popular, ante un Vox que entró por Andalucía, pero que echa el freno y modera sus expectativas, tiene en su mano revalidar la mayoría absoluta. Las encuestas soplan a favor y le auguran una horquilla cercana a los 55 escaños, lo que permitirá esquivar los pactos con la derecha más radical a diferencia de sus homólogos en Extremadura, Aragón y Castilla y León. La cocina de encuestas recela de cualquier esperanza a los vuelcos, las sorpresas y los sorpasos. ‘Alea iacta est’.

Los socialistas, por su parte, con María Jesús Montero a la cabeza, llegan a las urnas en Andalucía con las expectativas por los suelos y totalmente desahuciados. Tanto por la erosión que arrastra el Gobierno de corruptelas, puteros y chistorras como por el hecho de que Montero y sus ‘accidentes laborales’ (una vergonzosa falta de respeto a la Benemérita) haya sido hasta hace nada un busto visible del Ejecutivo de Pedro Sánchez.

Pero hay un hilo más profundo que recorre esta campaña y que no cabe en los mítines y no es otro que el de una Andalucía hastiada que sigue esperando. Provincias golpeadas por el déficit público, las carencias de los servicios esenciales y el imposible acceso a una vivienda, simbolizan un retraso estructural que ningún eslogan logra maquillar.

Por eso, más allá de siglas y candidatos, este 17 de mayo será una prueba de resistencia y de dirección. Un test sobre qué modelo convence más, pero también sobre qué relato resulta creíble. El baile de escaños puede parecer un ajuste técnico, pero en realidad es el engranaje que decidirá algo de mayor dimensión y que pasa por marcar el ritmo político del país en los próximos años. Andalucía no es solo un territorio; es termómetro, es bisagra, es aviso. Lo que ocurra este domingo no se quedará en el sur; resonará en toda España como un primer veredicto, una especie de prólogo electoral con consecuencias reales. Porque aquí no solo se disputa una mayoría, sino que mide un estilo, se calibra un desgaste y se anticipa un rumbo. Los comicios andaluces no cierran nada. Todo lo contrario, Andalucía abre el destino de un país polarizado y será la llave maestra del tapete nacional.

Tracking Pixel Contents