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Opinión | Observatorio

El papa León XIV que esperamos en Canarias afronta los desafíos de la inteligencia artificial

El pontífice, primer estadounidense y tercer agustino en el cargo, defiende la dignidad humana frente a la tecnología en su primera encíclica

El papa León XIV agradece a las Islas Canarias la acogida del crucero MV Hondius

El papa León XIV agradece a las Islas Canarias la acogida del crucero MV Hondius

El pontificado de León XIV ha cumplido su primer aniversario entre guerras y tensiones políticas universales. Conviene conocer al papa que marcará la historia de Canarias, nuestra historia, que acabará dando nombre a estadios, avenidas, parques y plazas, y al que se espera con gran ilusión colectiva el 11 de junio, dentro de 25 días.

Robert Francis Prevost, primer estadounidense y tercer agustino como sucesor de San Pedro, se ha convertido a sus 69 años en líder moral de la tierra y principal defensor de la paz.

Hace un año que fue elegido por el colegio cardenalicio como obispo de Roma casi por el 90% de los votos posibles, fueron 107 de los 133 electores. Ahora se entiende mucho mejor el motivo por el que estaban tan claras su elección como su misión. Ambas habían sido preparadas por su predecesor Francisco. Por esa misma voluntad de su mentor, el argentino que nunca se olvidó de los pobres y de los últimos, que visitó los países de la periferia, esperamos a Prevost en Canarias, en el muelle de Arguineguín, cruz de la ruta atlántica de la emigración.

Jorge Mario Bergoglio había recibido de sus hermanos cardenales el encargo de reformar la Iglesia, tarea a la que se consagró con su estilo jesuítico y su talante porteño, y con el nombre de San Francisco de Asís, al que también le habían encomendado de lo alto la reforma eclesial. Debilitado por la salud y por los frenos y disidentes en la curia y en toda la Iglesia, conocedor de que no podría terminar la titánica tarea de la reforma que tanto necesita la barca de Pedro, se encargó de buscar un continuador de su línea reformista y así lo hizo. Robert Prevost, matemático y teólogo, para muchos una síntesis entre Benedicto y Francisco, estaba como misionero en Perú en 2015 cuando fue nombrado obispo de Chiclayo. Todo un signo. Así inició una carrera meteórica, un pastor que ya contaba con el conocimiento de la Iglesia por toda la tierra como general de los agustinos y que ejerció en la presidencia del Dicasterio de los Obispos. En diez años pasó de obispo de Chiclayo a obispo de Roma. Inédito.

Elegido papa en 2025 para continuar las reformas iniciadas por su predecesor, llegó con un carácter más sereno y pacífico, contenido y prudente que el pontífice argentino, pero con los mismos objetivos reformadores y la misma firmeza.

Hoy, como entonces, no nos sorprende tanto su nombramiento como la elección de su nombre: León. Hace honor a su nombre. Como sucesor de León XIII, el autor de la Rerum Novarum, que en 1900 marcó un cambio eclesial al mostrar el nuevo mundo del trabajo y la industrialización y ofrecer el novedoso instrumento de la doctrina social de la Iglesia. Ahora llega el tiempo de León XIV, de enfrentarse al nuevo cambio de época, de la inteligencia artificial, de la sustitución del orden mundial conocido y de los nuevos desafíos éticos. A eso dedica su primera encíclica, que se hizo pública este viernes 15 de mayo: Magnifica Humanitas. El documento refleja lo fundamental de su pensamiento y de su pontificado, defiende la dignidad humana frente al imperio de la tecnología.

Nada es casual en la Santa Sede. Habla con gestos tanto como con palabras. Este mismo 15 de mayo se publicaron documentos fundamentales en la Iglesia moderna. No solo Rerum novarum sino también Mater et Magistra, de Juan XXIII; y Centesimus Annus, de Juan Pablo II, obras de pontífices diferentes pero con el mismo espíritu evangélico, el mismo aliento de un Dios que se encarnó para compartir en la cruz el sufrimiento humano.

León XIV es el papa que esperamos en Canarias, al que merece la pena escuchar y leer. Ya conoce las Islas, a donde ha viajado en varias ocasiones para encontrarse con los agustinos. Ahora viene a poner su luz en la crisis migratoria, a alentar a la Iglesia de Canarias a que alce la mirada, y a confirmar en la fe a generaciones que pueden sintonizar con un hombre que ha dado la cara frente a Donald Trump, y que defiende una «paz desarmada y desarmante» ante las guerras que tantos promueven y tanta devastación generan en Ucrania, en Oriente Medio y en tantos países que se desangran en conflictos bélicos. Es un verdadero pontífice, empeñado en tender puentes de fraternidad, como ha mostrado en su reciente viaje al continente africano. Allí denunció al puñado de «tiranos» que trata de gobernar el mundo y ratificó el compromiso de la Iglesia con el diálogo interreligioso.

Prevost, discreto y sencillo, escucha mucho, cuentan quienes le tratan y también lo demuestra en los encuentros oficiales en la Santa Sede, ya sea con víctimas de agresiones sexuales o con autores de libros polémicos o con jefes de estado. Muestra un temperamento diferente a Bergoglio pero la misma decisión en la misión. Conoce bien que los cambios en la Iglesia, desde el cisma de los ortodoxos y la ruptura del agustino Lutero, han significado profundos problemas en la Iglesia. Hay algunos, aunque ahora menos ruidosos, que no admiten el Vaticano II y que han sido los más beligerantes con el papado reciente desde dentro del seno de la Iglesia. A todos trata de calmar León XIV con su temperamento y su mano de pastor solícito, sean obispos alemanes o lefebristas. Y viene a Las Palmas de Gran Canaria a estrechar manos, a callejear por Vegueta y a dejar su mensaje en Siete Palmas, ante el Cristo de Telde y la Virgen del Pino.

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