Opinión | Palabras en guerra
Acabado una vez más

La vicepresidenta Yolanda Díaz junto al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, en un acto en Río de Janeiro en marzo de 2022. / André Coelho / EFE
Siempre parece que lo que se vive en el momento presente no tiene parangón con nada de lo ocurrido anteriormente. Así, se escucha hoy que el presidente Pedro Sánchez está noqueado por la imputación de su antecesor socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, y le falta nada para caer. Como si el jefe de Gobierno fuera el primero en la historia reciente en quedar tocado por unas actuaciones judiciales tan graves que dejarían grogui a cualquiera. Lo conocido, de confirmarse, es demoledor, no solo para Sánchez, el PSOE y los votantes progresistas, lo es para la democracia española, por más que al PP parece que la noticia le llene de alborozo. Pero a Sánchez, sus oponentes ya le han organizado en varias ocasiones las exequias fúnebres y se han tenido que repartir después las flores ante la incomparecencia del cadáver.
Esto de organizar funerales sin esperar a la certificación del fallecimiento no es nuevo, se ha hecho varias veces en la historia reciente. Hace algo más de tres décadas a Felipe González, a la sazón jefe del Ejecutivo, le organizaban entierros cada semana. Y sí, llegaba casi muerto al Congreso de los Diputados pero, a pesar del vapuleo al que le sometía José María Aznar, salía vivo. Aguantó tres años más. Es ese mismo González al que ahora aplauden los del PP, pero que entonces era objeto de su furia, como en este momento lo es Sánchez.
Si se confirmara lo que el juez Calama ha escrito en su auto sobre Zapatero, el PSOE tardará años en recuperar el ánimo y, más todavía, en recuperar el apoyo de sus votantes. Pero queda mucha presunción de inocencia y mucha instrucción judicial por delante como para que vender ya la piel del oso Sánchez. Los dirigentes del PP han visto en el sumario, ya venían por lo visto avisados, una oportunidad de acabar con él, pero, por seguir con los refranes, las prisas nunca han sido buenas consejeras. Ante todo mucha calma, que cantaba Siniestro Total. Dejar trabajar a la justicia sin interferencias debería ser norma obligatoria, que ya llegará, si llega, el momento de pasar cuentas.
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