Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | Tropezones

Crucero boreal

Crucero boreal

Crucero boreal / La Provincia

Ya sé que puede ser harto tedioso verse uno sometido al pormenorizado relato del último viaje de una familia amiga, tan fascinante para los interesados como soporífero para el prójimo.

Pero mi caso es diferente (ya claro, como siempre, pensarán Uds.). Acabo de gozarme , con 10 miembros de los 14 del núcleo duro de mi familia, un crucero de primavera/invierno por la costa noruega, desde Kirkenes, cerca del cabo norte, hasta Bergen, antigua capital del país y entrañable ciudad documento del espíritu nacional- romántico de la nación.

El navío es de tamaño medio, 600 pasajeros y una eslora de 122 m, lo que permite , a lo largo de los 6 días de travesía, hacerse con el barco, ahormándolo en hogar provisional, y hacerse también con la tripulación con la que acaba uno por congeniar, resaludando por ejemplo a la camarera de la cena, la misma que nos ha hecho las camas del camarote a mediodía. Esta aparente explotación del personal tiene su contrapartida, pues a los 22 días de trabajo de sus contratos siguen 22 de vacaciones. Y no hay que engañars4e, aunque el barco no es de 2000 pasajeros como los impersonales megacruceros actuales, la flota de la naviera Hurtigruten consta de 8 naves más, siendo una empresa de las más importantes y señeras del país y sobre todo encarnando un medio de transporte creativamente adaptado a una costa agreste de casi 2000 km de norte a sur, con el círculo polar ártico por medio.

Mi experiencia anterior de cruceros se limita a una travesía hace ya siglos desde Gotemburgo a Nueva York, de siete días. Pero el concepto de combinar transporte y placer no difiere mucho hoy día; se mantiene entretenido al navegante, mediante actividades a bordo, combinadas con incursiones/excursiones en las escalas. Las comidas abundantes, sabrosas y tan seguidas que apenas si da tiempo a hacer la digestión entre las mismas.

En nuestro caso teníamos para escoger una excursión en moto de nieve, un concierto en la catedral de Tromsö (Bach, y por supuesto Grieg, músico emblemático del espíritu nacional) incursiones en algunos fiordos para contemplar las águilas marinas, o desembarco en algún puerto icónico, Trondheim o las islas Lofoten. Todo ello aderezado con charlas informales previas, aprovechadas por la naviera para cantar las excelencias de su compañía que en una de sus escalas nos facilita visitar el Museo Hurtigruten, con la historia centenaria de la empresa, y exhibición de uno de sus buques pioneros varado en una inmensa nave crisálida que domina el puerto de Stokmarknes. Y por supuesto para apabullarnos con su hiperbólica producción de gas y petróleo, el 95% exportado a través de ciclópeas conducciones, algunas ubicadas bajo nuestros pies, y que han convertido a Noruega en el país más rico del mundo.

Pero ahora prescindan de tanto dato anterior y disfruten de la esencia del viaje; ya sea desde los ventanales de la cabina, desde los sillones reclinables del salón de proa, desde las cómodas tumbonas de la cubierta superior, o desde el jacuzzi a la intemperie, lo que se nos ofrece hace del trayecto lo que la naviera describe como “el viaje más bello del mundo”. Como en una inagotable sesión de cinemascope desfilan ante nosotros montañas nevadas, escarpes vertiginosos peinados por turbulentas cascadas, o por la noche las esquivas auroras boreales.

Si disponen de tiempo y salud, no se pierdan este crucero boreal. Y si encima tienen la suerte y los medios de compartirlo con sus seres queridos…¿pero a qué están esperando?

Tracking Pixel Contents