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Opinión | Retiro lo escrito

Pequeñas apuestas del PP

Carlos Tarife (PP). | |

Carlos Tarife (PP). | | / ANDRÉS GUTIÉRREZ

El PP comienza a desperezarse electoralmente anunciado apuestas en diferentes candidaturas que se mueven entre la resignación y el aburrimiento, es decir, entre la confianza en el potencial de las siglas y una relativa indiferencia por la capacidad de seducción de los candidatos. Por ejemplo, está el melancólico caso de Carlos Tarife, teniente alcalde del ayuntamiento de Santa Cruz desde hace siete años ahora sustituido por Carmen Pérez, hasta el momento la concejal encargada de la Sociedad de Desarrollo en el pacto local entre CC y PP. Pese a su cargo Pérez es una perfecta desconocida para los votantes chicharreros, pero a los jefes conservadores eso les trae sin cuidado. Lo que anhelaban era quitarse encima a Tarife, considerado –bastante injustamente – un gafe irremediable y universal; en realidad, es un tipo responsable y trabajador que, simplemente, no tiene la más remora idea de en qué consiste la política. Tarife ha impulsado expedientes y abreviados trámites para agilizar inversiones y obras en la capital tinerfeña, pero ha evidenciado día a día una nula capacidad para el diálogo, el acuerdo o siquiera la escucha de los cansancios y malestares vecinales. En cambio, ha logrado amenazar a los vecinos anunciando que vigilaría cada día un puesto de basura para detener in fraganti a los que no depositaran correctamente los residuos. Su único detalle humanizador fue sacarse una fotografía con un pene de plástico en la puerta de un sex shop durante una campaña electoral. El alcalde Bermúdez –que a estas alturas actúa como un gran duque del Sacro Imperio Romano Germánico: se le ha olvidado el acojone de 2019-- le ha ninguneado hasta la extenuación. El PP confía en crecer esos dos concejales de la encuesta que encargó –casi póstumamente – el propio Tarife. Contra lo que señalan los rumores, no parece que se incorpore a la lista al Parlamento ni menos aun que sea en 2027 candidato al Congreso de los Diputados. Tal vez se le haga un huequito en la lista al Cabildo de Tenerife que encabezará de nuevo Lope Afonso con toda su grisácea e inútil afabilidad.

Más entretenido se presenta la candidatura al ayuntamiento de La Laguna. En el municipio universitario el PP no levanta cabeza desde hace décadas. En todos los candidatos ha fallado como mínimo un tornillo. Probablemente el peor haya sido Antonio Alarcó, que ni gobernó ni dejó gobernar y que según algunos había instalado un espejo de cuerpo entero en su despacho con el que hablaba a diario engolosinado por su propia imagen:

--Espejito espejito, ¿quién tiene sopotocientos doctorados, sabe operar una hernia de hiato con el meñique y es lo más parecido a Churchill desde El Batán hasta el Obispado?

Al PP se le ha ocurrido una idea extraordinaria: presentar a Pedro Suárez. La primera vez que se lo comentaron Suárez empalideció como un muerto y estuvo a punto de arrojarse por la ventana de su despacho de la Autoridad Portuaria. Porque don Pedro, que en otra época hubiera recibido con algazara ser el candidato a la Alcaldía de La Laguna, vive ahora como en un plácido crucero de lujo su estancia en la Autoridad Portuaria. Según cuentan las malas lenguas se llegó finalmente a un acuerdo. Pedro Suárez se presentará, en efecto, encabezando la lista del PP al ayuntamiento lagunero, pero no abandonará la Autoridad Portuaria para hacerlo. Si en a noche electoral CC y PP suman mayoría tomará posesión de su acta y será teniente de alcalde. Si las matemáticas propiciadas por las urnas son insuficientes pero se mantiene el Gobierno de CC y PP con sus socios menores, Suárez se mantendrá al frente de la Autoridad Portuaria, y quien deberá bregar con la insignificancia será Rebeca Paniagua. Me cuentan que la señora Paniagua ha repetido antes sus jefes que, según su juicio imparcial, debería hacer doblete al ayuntamiento de La Laguna y al Parlamento de Canarias. Es una petición muy extendida. Que nadie quiera bajarse del Parlamento es una señal inequívoca de lo confusa, inestable y difícilmente pronosticable coyuntura política actual, que se complicará aún más cuando estalle la crisis económica sentenciada ya por la maldita y estúpida guerra de Irán.

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