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Opinión | La tribuna

Sánchez: ¿Moreno, el mal menor?

Juanma Moreno y Santiago Abascal

Juanma Moreno y Santiago Abascal / Francisco J. Olmo y Joaquín Corchero / Europa Press

La apertura de una instrucción penal contra Zapatero ha conmocionado toda la política y hundido a muchos socialistas en una honda depresión. Y más cuando el auto es bastante incriminatorio. Pero, haya o no delitos, el Zapatero traficante del auto arruina su imagen de tótem de la izquierda. Y es un duro golpe para las expectativas socialistas.

Pero la vida sigue y afortunadamente España, según el último informe de la UE, está resistiendo bien el golpe de Ormuz. La UE rebaja el crecimiento europeo al 1,1% mientras que el de España sube del 2,3% al 2,4%. Y aunque la polarización y una increíble crispación son muy negativas, algunos días surgen pequeños ‘brotes verdes’. ¿Se acuerdan de la vicepresidenta Salgado?

El jueves el ‘brote’ fue el pacto entre el Gobierno central y las autonomías -casi todas del PP- para la inversión de 7.000 millones en el nuevo plan de la vivienda, el problema social más grave. Y como muchas competencias son autonómicas, solo un acuerdo entre estas y el Gobierno central puede ser efectivo. Ha sido algo inédito en esta legislatura e indica que cuando Isabel Rodríguez, la ministra de Vivienda, dialoga y negocia con los gobiernos autonómicos dejando al margen el dogmatismo de Sumar, y los presidentes autonómicos priorizan su interés a la ‘liquidación’ del sanchismo, se alcanzan acuerdos relevantes.

¿Es este ‘brote’ la excepción que confirma la regla? Sí, pero el resultado de las elecciones andaluzas -la comunidad más poblada y la que más diputados envía al Congreso- abre una oportunidad que podría ampliar el horizonte político. No es lógico que -contra lo que pasa en Europa- aquí la única -ÚNICA- opción sea un pacto entre el PSOE y los partidos a su izquierda, o una alianza del PP con Vox.

El PP de Moreno Bonilla, pragmático y que ha gobernado los últimos años con mayoría absoluta y sin crispación a lo Ayuso -a algunos observadores les recuerda a Manuel Chaves- ha ganado con claridad. Pero no ha repetido la mayoría absoluta (55 escaños), al bajar de 58 a 53. Y María Jesús Montero ha encajado una fuerte derrota porque el PSOE ha caído de su mínimo histórico de 2022 (30 escaños) a 28. La victoria del PP es pues indiscutible y el voto de protesta no ha ido a Vox, que solo ha subido un 0,3% y un diputado, hasta 14. O Moreno es investido, o nuevas elecciones.

Y Moreno Bonilla ha repetido durante toda la campaña que no querría gobernar con Vox porque sería un lío, como el de Extremadura o Aragón. Pero si sigue la política frentista tendrá que pactar con Vox. Para el PP, otro pacto con Vox, y en la mayor comunidad, sería contrario a la práctica del centroderecha europeo en Alemania, Francia, o Polonia.

Y la proclamada prioridad del PSOE es que la extrema derecha no gobierne. Ahora puede demostrarlo permitiendo la investidura de Moreno, en la segunda votación, con la abstención de algunos de sus diputados. Conseguiría que Vox no fuera decisiva y que Moreno tuviera que negociar, con los socialistas, o con la extrema derecha -esa sería su asignatura-, muchas de sus medidas. Cierto, nada obliga al PSOE a ayudar al PP y menos en el clima actual. Pero no pueden gobernar. Entonces, ¿su prioridad es que no gobierne Vox, o querer hacer al PP prisionero de Abascal con el grave riesgo de aumentar las posibilidades de un gobierno PP-Vox, no ya en Andalucía sino en España? ¿El electorado de izquierdas es incapaz de entenderlo?

Claro, eso significaría poner entre paréntesis -al menos por un día- a los bloques. Pero los frentes no son la prioridad ni del PP ni del PSOE, que coexisten -e incluso cooperan- en Europa. Además, el PSOE no tiene hoy ninguna posibilidad de llegar al palacio de San Telmo y el PP repite (no solo Moreno) que preferiría no depender de Vox.

Sánchez debería anteponer su legendario pragmatismo -por ejemplo sobre la amnistía- a un obstinado frentismo, Moreno podría aprovechar para gobernar -con lío, pero sin ataduras-, y a Feijóo no le conviene ir quedando, cada elección autonómica más, prisionero de Abascal.

Moreno, Sánchez y Feijóo deben decidir. ¿La única y permanente opción es entre un bloque de izquierdas y otro de derechas que se repelen, o Andalucía abre otra posibilidad, no de pacto sino de coexistencia a la europea?

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