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Lo que no es Rodríguez Zapatero

Archivo - El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero comparece ante la Comisión de Investigación sobre el ‘caso Koldo’, en el Senado, a 2 de marzo de 2026

Archivo - El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero comparece ante la Comisión de Investigación sobre el ‘caso Koldo’, en el Senado, a 2 de marzo de 2026 / Eduardo Parra - Europa Press - Archivo

1. José Luis Rodríguez Zapatero no es un enorme activo electoral. En las elecciones de abril de 2019 –Pedro Sánchez se tomó su tiempo después de ganar la moción de censura en 2018– el PSOE obtuvo 123 diputados. La presencia de Rodríguez Zapatero en la campaña electoral fue discreta, apenas mayor que la de Felipe González, porque el expresidente sevillano participó en la misma, algo que nadie quiere recordar. Cuando Sánchez se vio obligado a llamar de nuevo ese mismo año a las urnas, en noviembre, Rodríguez Zapatero aumentó ligeramente su presencia. El PSOE perdió tres diputados y se quedó en 120, mientras el PP iniciaba su recuperación. En 2023 Rodríguez Zapatero ya estaba homologado como sanchista entusiasta y mitineó de norte a sur y de este a oeste de la Península. El PP ganó claramente las elecciones, con 137 diputados, recuperando 48 escaños, mientras el PSOE apenas sumaba uno, 121. Los socialistas han perdido clamorosamente las cuatro elecciones autonómicas celebradas en lo que va de año: en todas, y muy particularmente en las andaluzas, Rodríguez Zapatero participó con entusiasmo desbordante y bobaliconerías triunfalistas. Viendo las cifras el supuesto magnetismo electoral del político leonés solo puede admitirse como una broma. Tal vez pueda entenderse que la retórica del ex presidente –bastante floja y aquejada de una cursilería sonrojante– galvanice a una parte sustancial de los cuadros y militantes sociales. Pero a los ciudadanos que se interesan en votar, no.

2. José Luis Rodríguez Zapatero no es el ideólogo del PSOE. A Rodríguez Zapatero jamás le han interesado los debates ideológicos. No promovió ninguno durante su mandato ni como jefe de Gobierno ni como secretario general. Siempre le bastó con dos duros de ideología: la evidencia de la superioridad moral de la izquierda, la convicción sobre la infinita y aproblemática sostenibilidad del Estado de Bienestar, la multiplicación de derechos sin ningún correlato con los deberes y la responsabilidad cívica y una genuina despreocupación por los avances de un capitalismo globalizado y voraz, basado en el turismo, la construcción y la especulación inmobiliaria, que fue el contexto del desarrollismo de su mandato hasta el 2018. Rodríguez Zapatero nunca vendió una ideología, como no definió jamás su modelo político-territorial para España. En realidad vendió marketing. El primer presidente plenamente marketinero de la democracia española. Suárez fue Adolfo Suárez, González fue Felipe, Aznar fue siempre Aznar, pero Rodríguez Zapatero fue ZP. ¿A qué se iban a dedicar sus hijas, si no es al marketing digital, es decir, a dedo?

3. Rodríguez Zapatero no es un primer capítulo de Pedro Sánchez. Rodríguez Zapatero no es el Homo erectus y Pedro Sánchez el Homo sapiens. Se está tomando como un eslabón la evolución natural de una socialdemocracia que ya no buscar reformar el capitalismo, sino proporcionar comodidad –con dinero público o con leyes inclusivas– a múltiples identidades culturales, sexuales, profesionales, nacionales, manteniendo, con excepciones, la apuesta financiera por los sistemas públicos de salud y educación. Pero Zapatero ni pactó con nacionalistas o independentistas ni lo hizo con Izquierda Unida, que incluso se abstuvo al votarse su segunda investidura. Con unos y otros negoció parlamentariamente apoyos puntuales. Y presentó y aprobó sus presupuestos generales en tiempo y forma.

4. Rodríguez Zapatero no es inocente ni culpable por su labor presidencial. Resulta completamente irrelevante que Rodríguez Zapatero no padeciera casos de corrupción en sus equipos de gobiernos. Lo que se investiga judicialmente consiste en un conjunto sólido de indicios delictivos muy posteriores a su salida del Ejecutivo, con un matiz: tales indicios están relacionados en muy amplia medida con la influencia política del expresidente sobre autoridades políticas y decisiones administrativas de los gobiernos de Pedro Sánchez.

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