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Opinión | Lágrimas en la lluvia

Marx, Groucho

Groucho Marx murió el 19 de agosto de 1977 en Los Ángeles.

Groucho Marx murió el 19 de agosto de 1977 en Los Ángeles. / ABC Photo

Hace cincuenta años que Groucho Marx dejó el espectáculo definitivamente. Sus ingeniosas frases surgieron a partir de un germen exitoso: hacer reír hablando de la actualidad de su momento (antes de sus maravillosas películas). Si viviera en estos días, supongo que tendría una baja por estrés de tanta inspiración obligada. Cada vez que alguien dice alguna parida (hay algunos a los que las chorradas se les van saliendo como regüeldos sobrevenidos), no puedo evitar imaginar la punta que le habría sacado.

Todo empezó con un antiguo presidente de nuestro país. Al verle no podía dejar de sentir que estaba a punto de copiar al cómico y largar públicamente algo como: “el matrimonio es la principal causa del divorcio”... El otro día, escuché a quien no hace tanto fuera secretario de organización (vamos, el segundo que más meaba) de un partido centralista por excelencia defender en una tertulia el “primero los canarios” para obtener una vivienda pública (igual antes habría que hacer alguna). Al segundo, dándose cuenta de que igual estaba compartiendo mantra con la ideología contraria, se excusó explicando que el problema es que los guiris con pasta que vienen a asolearse les quitan la casa a los currelas guanches (debe ser que saben cómo apuntarse a los sorteos de casas de protección oficial, que por lo visto ahora son chalets en el sur). Del centralismo autocircular español al ultranacionalismo amazigh isleño en dos horas y media de avión. Volví a visualizar a Groucho puro en boca moviendo las cejas arriba y abajo después de este compendio de genialidades, y no sé si ante cosas así fué por lo que dijo aquello de “estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros” o él «es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente». Probablemente las dos.

Si pudiera traerle a los debates televisivos actuales organizados a modo de partida de caza de ojos contrarios, en los que Twitter (el nombre nuevo me recuerda demasiado a su tenebroso dueño) se ha extendido como un modelo de relación humana al estilo de una jaula de monos en un zoológico viejo donde los macacos se lanzan mierda como única posibilidad de matar el tiempo, imagino que se hubiera sentido un visionario por aquello de “encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro”.

Por último, me lo he vuelto a imaginar de reportero alucinado en la pseudo rueda de prensa de un empresario referente, presidente de éxito de un super equipo de fútbol que, al estilo de los ancianos rebeldes del arranque de “El sentido de la vida” de los Monty Python, se atrinchera ante el destino y larga un “me tendrán que sacar a tiros”. Ya saben, “nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo”....

Una año más tarde del retiro Groucho hizo bueno aquel “pienso vivir para siempre, o morir intentándolo»... A la vista del panorama, parece que lo consiguió.

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