Opinión | Risas y fiestas
Un sol

Un sol / La Provincia
Recuerdo cuando dos de mis mejores amigas del instituto se fueron un día al Médano a vivir la vida nuestra tan nuestra tan preciosa (rutina: bajar de la guagua de un saltito, no fijarse en el mar ni en nada, caminar a veces de brazos, dependiendo de la amiga del día, casi siempre de brazos, daba igual a veces qué amiga y qué día y qué escozor, mirar pulseritas trenzadas y no comprarlas porque los dos con cincuenta reservados para las papas locas de la heladería sin mostaza pero exagerado de queso y una vez delante el plato y su humil paisaje, rosa de pronto en la mezcla que no se debería hacer pero se hace, el atardecer mientras ahí fuera pero mejor poder pincharlo y babarlo y masticarlo, ¿no?) y decidieron que iban a inventarse un idioma. Decidieron que en ese idioma iban a preguntarles la hora a todes les guiris que se encontraran, y luego iban a soltarles una retahíla que da miedo que a saber qué les estarían diciendo, porque ni ellas mismas se enterarían de nada: desconocedoras, en realidad, de cómo se gestan las lenguas, ellas se imaginaron balbuceando y soltando las sílabas que les pidieran sus lenguas.
Dos de mis mejores amigas. Sé, por ello, que se estaban inspirando, seguramente, en el idioma que hablan los sims. Es que lo sé, y mientras me lo contaban (otra rutina: salir al patio sudado, abrazarnos con sudor, sentarnos a dejar mojadito de sudor el banco aquel metálico ferrujiento de sudor, y bebernos jugos de melocotón que por alguna razón seguían aún fríos y medio sudando de nevera y eran el milagro de todo aquel polvo de tiza y silencio contra el cuero cabelludo y no había silencio si hablábamos hasta salirnos placas en la garganta: luego, la felicidad de mirárnoslas mutuamente con una linterna pequeña, por la tarde, en otro mundo entre otras paredes decoradas con pósters que suspiros y la marca de unos labios pintados con barra de labios mate Mercadona San Isidro tono 16 que decidieron besar el gotelé como otra especie de idioma, blablabla ¿me entiendes? pues yo a mí misma no) yo me iba imaginando las sílabas exactas que habrían botado como mini perlitas de saliva. Inexplicable por qué podía imaginarlas. Pero lo hacía.
Creo que sí que hicieron la burrada, igual eran mentiras o no me lo contaron del todo, pero escojo creerlas y preguntarme si alguien se las habrá creído o qué. El pasado noviembre, estuve en una residencia de escritura y traducción en un festival literario en La Haya, y les escritores jóvenes que participábamos, todes hablantes de lenguas distintas, teníamos que escribir un pequeño texto al día que luego nuestres traductores tenían que traducir. El primer día, el escritor checo Marek Torčík, autor de la novela Desplegarás la memoria (Dos Bigotes, 2025), escribió sobre llegar a un sitio nuevo y arregostarse en el no entender nada: asistir a un recital de poesía en un idioma que no sabes y tener que “conformarte” con disfrutar de cómo suenan las cosas y no de lo que las cosas significan. Descubrió cosas ahí. Yo descubrí, o pensé, cosas leyendo su texto cutremente traducido al castellano con el traductor de Google (porque no entiendo checo ni neerlandés, claro): eso era lo que mis amigas estaban haciendo con su idioma nuevo espontáneo muerto ya.
Y me pregunto, apretando los puños que se me ponen los nudillos todos todos blancos, si algune de eses guiris habrá sabido apreciar sus sonidos.
Pasaba que nosotras estábamos acostumbradas al no entender, pero escuchar.
Coleccionar sílabas como flemas.
Cuidado que te escupo. Wachufleiva.
Cuidado que te chingo viva de iwkjfekjkfaj.
Y ¿hablar?
Ahora golifio las primeras páginas de John of John, de Douglas Stuart, y me encuentro con esta cita de Donald Macleod: “Las islas te regalan una infancia privilegiada y entonces, cuando ya te han convertido en quien eres, te privan de la posibilidad de explicarla”. Precioso. Precioso, me da ganas de llorar. Creo que esa es una lucha que me importa y me fascina: no necesariamente encontrar la forma de explicarla, más bien explicarla en su forma propia. Que no lo entienda nadie, solo nosotras, y qué pasa, rutina: botadas sobre el caucho del parque, quema de toda la solajienta solajez pero nos da lo mismo y seguimos apoyando los gemelos que se nos quedarán rojos con gusto y vemos bailar las hojitas y oímos las canciones de las palomas y nadie dice nada, y deslenguaje grato. Y de pronto nos empezamos a mear de la risa. Literal como si lloviera. Literal como si una conversación en otra lengua cuyo chiste no pillas pero sí las reacciones palmeantes.
Tras perder a mis amigas, sentí que nunca más podría hablar con nadie. Nadie más nuestro simlish. Más que eso. Nadie más nuestro silencio. Sin embargo, creo que mi responsabilidad es hablar y que me entiendan como puedan.
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