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Opinión | Observatorio

Roque Calero Pérez

Canarias, León XIV y la inmigración africana

Pedro Sánchez acompañará al papa León XIV en su encuentro con migrantes en Arguineguín

Pedro Sánchez acompañará al papa León XIV en su encuentro con migrantes en Arguineguín / LP / DLP

Tenemos estos días entre nosotros la visita de un Papa, León XIV, que acude a nuestras islas por ser la puerta de entrada de la inmigración irregular que desde zonas de África Central y Occidental pretenden llegar a Europa. Un Papa que comparte varias características personales con las de los canarios: americano de nacimiento e iberoamericano de adopción como muchos canarios actuales, ciudadano de Europa donde se encuentra el Vaticano al igual que los canarios integrados en España y la UE e interesado por África, donde realizó su primer viaje y parte de este segundo pues Canarias geográficamente es África.

Este viaje coincide además con un acontecimiento especial: su primera encíclica, Magnifica Humanitas, que trata entre otros muchos temas el de la emigración en el marco de la justicia social: «La justicia social, en este campo, implica al menos dos compromisos complementarios. Por una parte, proteger el derecho a la esperanza de quién está obligado a partir, garantizándole vías seguras y legales, condiciones de acogida dignas y procesos reales de integración. Por otra, promover también el derecho a permanecer en la propia tierra en paz y seguridad, afrontando las causas profundas que obligan a migrar, incluidas las causas vinculadas a las injusticias económicas y a la crisis climática. Cuando estos derechos son respetados, las migraciones pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos». «La solidaridad nace precisamente cuando decidimos no permanecer indiferentes frente a aquello que le sucede a nuestro prójimo y transformamos vínculos inevitables —económicos, culturales y tecnológicos— en itinerarios de intercambio, de cooperación y de cuidado mutuo, aprendiendo a pensar y actuar en términos de comunidad». En este marco cabe realizar algunas reflexiones sobre la situación de la inmigración irregular desde África hacia Europa por la vía canaria y que papel puede y debe jugar Canarias en este contexto. En primer lugar debemos preguntarnos por qué se produce tales migraciones y la respuesta es conocida: huida del hambre por falta de recursos vitales en gran parte derivados del cambio climático, la carencia de una gobernanza apropiada derivada entre otras razones de pasados coloniales no superados, la insolidaridad mostrada por países y gobiernos de países ricos que deberían y podrían serlo, los conflictos armados internos producto de esas circunstancias y fundamentalmente por la desesperanza, la seguridad de unos seres humanos en que su situación no va a mejorar, si acaso a empeorar. Exactamente como hicieron muchos de los antepasados de los hoy ricos europeos cuando emigraron a América. En segundo lugar, podemos fijarnos en los instrumentos utilizados en la emigración que en el caso de la que llega a Canarias se compone de rutas terrestres complejas que terminan en un viaje por mar en embarcaciones precarias, inhumanas y que en muchos casos desaparecen por el camino. Y todo ello dirigido por mafias que explotan la desesperación sin ningún remordimiento. Algo parecido a lo que muchos canarios tuvieron que hacer en el pasado cuando emigraron a América en embarcaciones precarias. En tercer lugar, debemos fijarnos en qué les espera al llegar a Canarias y a Europa: marginación, hambre, trabajos precarios, insolidaridad, pero también algunas ventajas respecto de la posición de partida: seguridad, sanidad, mejoras en su formación profesional, pequeñas rentas de sus trabajos precarios pero que son pequeñas fortunas en sus países de origen. En cuarto lugar, debemos preguntarnos cuáles son sus expectativas y en términos generales pueden señalarse las de servir de sostén a sus familias mediante remesas de dinero, realizar visitas y estancias cortas en sus lugares de origen y como última aspiración volver a su tierra en mejores condiciones que las de partida. Ante este panorama debemos reflexionar sobre las «políticas» que la por ahora rica Europa está desarrollando, tanto reactivas como proactivas. Dentro de las primeras se encuentra la de pagar a gobiernos de países emisores o de paso para que impidan la salida desde sus países de origen, lo que en el caso de Mauritania está generando un gran campo de refugiados (M´bera en la región desértica de Hod el Chargui) con más de 110.000 personas que malviven en penosas condiciones. Otra «política» es acudir en auxilio de los que lo soliciten o detecten los aviones y radares antes de que se hundan en el océano, bien por ONG más o menos bien intencionadas o por sistemas estatales que en el caso de Canarias se compone de barcos y helicópteros de salvamento que acuden cuando las situaciones son críticas o se encuentran cerca de las costas de las islas. Se sabe que muchos mueren en el intento y si de verdad hubiera intención de salvar vidas no se permitiría que subieran a tan peligroso medio de transporte, ni siquiera una milla. Deberán ser recogidos y trasladados a Canarias antes de embarcar. La tercera «política» y más reciente es el Reglamento Europeo de Retorno que consiste en enviar a los inmigrantes irregulares a centros de retorno en países de «recogida» previo pago por tal colaboración. Dentro de las proactivas las más importantes son las incluidas en el acuerdo de Samoa que incluye el programa Gateway y dentro del cuál pueden destacarse dos: el Instrumento de Vecindad, Cooperación al Desarrollo y Cooperación Internacional – Europa Global (IVCDCI) y el programa Iniciativa Horizonte Europa-África. El primero se centra en temas de seguridad y mucho menos en desarrollo. El segundo en proyectos conjuntos de soluciones tecnológicas e inteligencia artificial para jóvenes talentos africanos. Así como el primero busca aumentar la seguridad de la UE con un barniz de ayuda al desarrollo de África que no va mucho más allá de buenas intenciones, el segundo encierra un objetivo más «tradicional»: extraer de África recursos humanos, personas formadas, cualificadas, de los que la UE carece. Como es fácil suponer, ni un cierre de fronteras ante la amenaza de una invasión imaginada ni un colonialismo suavizado y actualizado resolverán los problemas subyacentes de una Europa decadente y de una África insostenible. Como señala León XIV en su encíclica la solución más sensata y duradera es “promover la permanencia de los africanos en su propia tierra en paz y seguridad para que puedan afrontar las causas profundas que obligan a migrar”, con la necesaria colaboración de la UE y donde ambas partes resultaran beneficiadas. Y en esa necesaria colaboración el papel de Canarias, con su triple pertenencia, su situación geográfica y sus perspectivas de planificar y llevar a cabo un desarrollo que sea sostenible integral y universalizable puede y debe jugar un papel trascendental.

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