Opinión
Idus de marzo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, coge un bebé durante un encuentro del Papa León XIV con las realidades de acogida a los migrantes, en el puerto de Arguineguín. / Alejandro Barrosa / ACFI
Estoy básicamente de acuerdo con los que piensan que las elecciones generales se convocarán a principios de próximo año Como escribí hace semanas en un articulejo, eso significaría apenas cuatro meses de adelanto electoral. Yo estoy firmemente convencido de que Pedro Sánchez presentará un proyecto de presupuestos generales del Estado para 2027 pero, por supuesto, el objetivo no es que se aprueben. Como última grosería hacia un instrumento imprescindible tanto para desarrollar eficazmente políticas públicas como para fiscalizar la acción de Gobierno, Sánchez transformará el proyecto presupuestario en una pieza de maquinaria propagandística.
Esos presupuestos no natos serán la eclosión de una magnífica cuchipanda de gasto: nueva subida de las pensiones, nueva subida del salario mínimo interprofesional y del ingreso mínimo vital, más becas y mejor dotadas, mantenimiento de las subvenciones al transporte, lo que a usted se le ocurra, caro lector. Las cuentas no se aprobarán porque, pese a su sabor paradisiaco, lo impedirán la derecha ultraderechizada, los fachas, los independentistas y regionalistas reaccionarios, los comunistas esos de Podemos que aun no saben que están muertos e incluso que ya hieden. Imagino que los sanchistas de dentro y fuera del PSOE se pasarán las últimas semanas del año denunciando santamente a toda esta gentualla no permitir la felicidad del común de los mortales.
Una vez transcurridas las vacaciones navideñas aparecerá Pedro Sánchez por televisión y anunciará unas elecciones «para que el pueblo español elija entre los que quieren un país donde quepamos todos y un gobierno que tenga a los ciudadanos como prioridad, por un lado, y por otro aquellos extremistas que quiere destruir la democracia y retroceder medio siglo en derechos y libertades». Porque, como todo el mundo sabe ya, las elecciones de 2027 serán plebiscitarias, divisivas y excluyentes: una expresión de polarización política, ideológica y retórica solo comparable a los comicios de 1936.
Alargar la situación ya no ofrece ninguna ventaja al PSOE ni, sobre todo, a su secretario general. Algunos piensan, incluso, que ya es muy peligroso retrasar la convocatoria hasta enero. Pero es que cualquier margen de beneficio se han esfumado. La investigación judicial de José Luis Rodríguez Zapatero, su auto de imputación y su muy probable procesamiento suponen una bomba de destrucción masiva que no aconseja dilaciones, sino todo lo contrario. No puede uno menos que pensar que Ábalos, como Koldo, como Santos Cerdán o Paco Salazar eran tipos ambiciosos de cierta trayectoria interna pero que cumplían sus funciones. Pero la elección de Rodríguez Zapatero como referente moral del PSOE fue realmente sorprendente.
Se lo cuentas a cualquiera en 2012 y solo provocas risa. Entonces era un político caído en desgracia al que su propio partido quería olvidar cuanto antes y la izquierda lo consideraba como un oportunista socioliberal que se había dejado robotizar por Bruselas y la banca. Como no sabe idiomas y carecía de cualquier prestigio en el exterior -exactamente igual que Mariano Rajoy- entró corriendo en el Consejo de Estado. Por cierto, su secretario de Organización, Pepe Blanco, estuvo a punto de ser procesado por tráfico de influencias durante su mandato y años más tarde montó una oficina de lobby (Acento) que ha vendido por un buen montón de millones muy recientemente, para mencionar solo a una persona del entourage presidencial de Rodríguez Zapatero que se ha hecho muy rico. Otro podría ser Javier de Paz, que ha pasado de Juventudes Socialistas a la presidencia de Movistar Plus con una larga ristra de poltronas empresariales espléndidamente remuneradas de por medio. De Paz, uña y roña con el expresidente, aparece en el material de la investigación judicial sobre Análisis Relevante, la atípica consultoría que le encargaba informes a Rodríguez Zapatero.
Unas elecciones para seguir gobernando España al precio que sea. Y si no sirven para gobernarla, sí para hacerla ingobernable desde una oposición ferozmente derogatoria.
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