Opinión | Observatorio
Trumpismo deportivo en el mundial

Donald Trump. / DPA vía Europa Press
Cada cuatro años, el Mundial de fútbol despierta el interés de buena parte del planeta. Más que un simple juego, el fútbol funciona como un espejo de las tensiones deportivas, identidades y emociones colectivas que atraviesan una sociedad obsesionada con el rendimiento y permeada por la propaganda política. Durante décadas, la Copa Mundial ha sido venerada como el gran altar de una religión laica contemporánea: un espacio sagrado donde los balones ignoran fronteras, los himnos celebran la identidad sin recurrir a la guerra y los pueblos se entrelazan en un abrazo colectivo que suspende, por un instante, los problemas del mundo. El deporte es cultura.
Sin embargo, el deporte rey no es inmune a las miserias de la política internacional. Lo que hoy se presencia en los aeropuertos y puestos fronterizos de Estados Unidos no es la fiesta del deporte, sino la irrupción de un fenómeno hostil, asfixiante y antideportivo: el “trumpismo deportivo”.
El caso del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, considerado el mejor árbitro de África, es una muestra dolorosa de esta deriva. Las leyes antisociales de la administración Trump le han impedido alcanzar el mayor honor de su carrera: arbitrar un Mundial. El “trumpismo deportivo” y el cinismo de los dirigentes actúan como un virus que desciende hasta la realidad del deporte, legitimando el juego sucio bajo el poder político. Y lo hacen precisamente contra la figura más vulnerable del campo: el árbitro.
En el deporte, el árbitro es el único deportista al que no se le concede el derecho al error. Mientras un jugador que falla un penalti recibe consuelo y segundas oportunidades, el árbitro vive en un escenario de hostilidad permanente. Cada decisión es evaluada, incluso cuando la máquina -el VAR- se equivoca. Se le exige una perfección robótica y divina, y un solo error puede sepultar su reputación para siempre.
Artan viajó a Estados Unidos con credenciales oficiales de la FIFA, un visado aprobado y el aval de haber alcanzado la cima deportiva. Aun así, al aterrizar en Miami fue interceptado por las autoridades migratorias, sometido a un interrogatorio de once horas sobre la política interna de Somalia. Como recogen las noticias, “Artan fue encerrado en una celda de retención y devuelto en un vuelo hacia su país”. Su único “error” fue su lugar de nacimiento. El sistema le mostró la tarjeta roja de la sospecha antes de que pudiera pisar el césped.
Este atropello obliga a plantear una pregunta incómoda: ¿qué habría ocurrido si la víctima hubiera sido una superestrella de una potencia futbolística? La respuesta es evidente. La FIFA y el comité organizador habrían reaccionado con contundencia. Pero tratándose del mejor árbitro de África, de un hombre procedente de una nación sin peso geopolítico ni mercados millonarios, el poder futbolístico opta por el silencio, el reemplazo pragmático y el olvido. La doble vara de medir demuestra que la igualdad humana es, para estos organismos, un eslogan publicitario que se desvanece cuando entran en juego intereses económicos y políticos. Y mientras tanto, también se niegan visados a aficionados que solo desean acompañar a su selección.
Bajo la actual administración estadounidense, los aeropuertos se han convertido en aduanas ideológicas. El deporte, que debería funcionar como un puente de diplomacia, se ve obligado a arrodillarse ante los decretos de un nacionalismo férreo y excluyente. Cuando los dirigentes deportivos priorizan el negocio y se someten a agendas políticas, el fútbol pierde su propósito social y educativo. El Papa lo expresó con claridad al afirmar que la vida -como el deporte- se juega en equipo, que “quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no ha entendido el juego”. Trump, pese a concluir sus discursos con un “Dios les bendiga”, parece no comprenderlo.
La exclusión de Artan es, en sí misma, una tarjeta roja a los valores del fútbol. El trumpismo deportivo ha ganado su primer partido en las oficinas de inmigración, secuestrando la pelota y dejando a la Copa Mundial con un deportista menos. El juego limpio, la fraternidad entre los pueblos, la no violencia y la fiesta del deporte son valores innegociables. Y precisamente por eso, es hora de mostrar la tarjeta roja a quienes pretenden secuestrar el alma del deporte.
Sin embargo, desde Europa, la UEFA ha tomado una decisión ejemplar que contrarresta este trumpismo y respeta los valores del fútbol: ha designado a Artan para dirigir la próxima Supercopa Europea entre el Paris Saint-Germain y el Aston Villa FC. Como ha expresado su presidente, A. Ceferin: “El fútbol une a las personas, y la UEFA quiere mostrar su respeto a Omar y a su excepcional labor arbitral, que le ha valido esta prestigiosa nominación”.
El fútbol nació en el siglo XIX en Inglaterra, y hoy, con esta decisión, se honra su historia recuperando los valores que lo fundamentaron: igualdad, respeto y universalidad, frente al trumpismo deportivo que pretende contaminarlo.
Y qué mejor que recordar la frase de Pelé, quien hizo arte con la pelota y comprendió esta verdad profunda: “El fútbol es un lenguaje universal”. No importa el idioma ni la bandera; cuando el balón rueda, todos hablamos el mismo idioma.
- La Ley de Propiedad Horizontal lo confirma: colgar la bandera de España en el balcón durante el mundiual puede acarrear multas para los propietarios de hasta 3.000 euros
- Detenido el conductor que atropelló mortalmente a un peatón en Almatriche
- El TSJC declara nula la nueva tasa de basura de Las Palmas de Gran Canaria
- El nuevo videoclip de Quevedo es mucho más que música: el homenaje a Gran Canaria que muchos no habían visto
- ¿Qué pasa ahora con la tasa de basura de Las Palmas de Gran Canaria? Esto es lo que cambia tras la sentencia
- El conductor que mató a un peatón en Almatriche estuvo en prisión por atracar a turistas armado y disfrazado de guardia civil
- Vecinos de Siete Palmas denuncian el impacto del Granca Live Fest y estudian acciones legales
- El rincón de Canarias perfecto para desconectar este verano: la piscina natural donde no hay cobertura y puedes pasar tus días de vacaciones
