Opinión | Ida y vuelta
Margarita Otero, de El Ferrol a Gran Canaria

Margarita Otero Solloso / ACTE
Margarita Otero Solloso nació en El Ferrol, 1964. Su pseudónimo artístico es Marotsy. Gallega de Origen y canaria de corazón pues reside en Las Palmas desde 1983. Diplomada en Enfermería por la ULPGC y en Paleografía y Diplomática por la UNED. Tiene el certificado de Aptitud Pedagógica por la Universidad Alfonso X El Sabio. Escribe desde los doce años, madre de cinco hijos y abuela de seis nietos.
En los recitales poéticos sorprende porque escribe con métrica y rima, y domina los sonetos. Explica que la métrica y la rima nunca las ha vivido como una limitación. “Forman parte de mi forma natural de escribir. Me resulta más difícil prescindir de ellas que utilizarlas. La poesía clásica posee una musicalidad que sigue emocionándome y que considero la raíz de toda la poesía posterior. Hay algo mágico en su proceso creativo: al intentar expresar una idea dentro de una estructura determinada, aparecen matices, emociones o intuiciones que estaban dentro de uno, pero que aún no habían encontrado palabras. En esos momentos el poema parece enseñarme algo a mí misma. Siempre he sentido que el artista actúa, en cierta medida, como mediador entre la belleza y quienes la reciben.”
En un acto del Círculo Mercantil se estableció una divertida pugna con otro poeta, gustó por la facilidad verbal de ambos. Fue la presentación de Frente a Frente: un diálogo en sonetos con el poeta cubano Tadeo Tápanes. Precisamente fue el soneto la causa del encuentro y desde entonces siguen cruzando versos a través de esta estructura que reúne música, pensamiento y emoción. Luego vino Faroles ciegos, esta vez en alejandrinos, y actualmente andan sacándole punta al mundo con humor en un tercer libro que llevará por título Jacarandancias.
Le apasionan también las décimas y otras estructuras clásicas. Cuenta que recibió una mención de honor en el certamen Fray Luis de León por un madrigal y también ha obtenido reconocimientos en microrrelatos. Paralelamente sigue trabajando en una novela que comenzó muy joven, aunque las responsabilidades, la actividad cultural y problemas de salud la han obligado a avanzar despacio. Quizá por eso terminó dedicando un poemario entero al tiempo: Tras el horologium.
Pero no le gusta encasillarme en poesía. Como ya contó Josefa Molina, le interesan la fotografía, la edición, el diseño gráfico, la creación audiovisual o la composición musical. Suele bromear con que necesitaría varios clones para poder desarrollar todos los proyectos que la ilusionan o con los que colabora. Adora aprender.
Pertenece a ACTE y a Palabra y Verso, dos colectivos que desarrollan una labor cultural valiosa. Admira el esfuerzo de tantas personas que, con pocos medios y, de forma altruista, dedican tiempo y energía a mantener vivos los espacios de encuentro.
La poesía que se hace en Canarias le parece rica y diversa, esa pluralidad es una de sus mayores fortalezas. La poesía es transmisión de belleza y alquimia de la emoción; quien la lee debería hallar en ella algo de sí mismo. No le gusta que sea un jeroglífico ornamental o un sinsentido puramente estético. Cree que esa tendencia ha contribuido a alejar a muchos lectores.
¿Qué opina de la inteligencia artificial aplicada al arte? Como cualquier herramienta, depende del uso que se le dé. A ella la fascina porque abre posibilidades de aprendizaje, experimentación y trabajo que hace pocos años parecían impensables. La ha utilizado para documentarse, organizar proyectos y explorar ámbitos creativos nuevos, como la producción musical de composiciones propias. Ahora bien, todavía tiene importantes limitaciones. A veces mezcla conceptos, ofrece información inexacta o presenta como ciertos algunos datos que conviene verificar. Es imprescindible mantener el pensamiento crítico y la supervisión. La IA puede ser una gran aliada, pero la imaginación, la sensibilidad, la experiencia, la emoción y la mirada artística pertenecen al ser humano. Las herramientas cambian; la necesidad de crear permanece.
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