Opinión | Retiro lo escrito
La rémora

Patricia Hernández del PSOE. / Andrés Gutiérrez
Se me antoja muy interesante la actitud grosera y provocadora de la concejal Patricia Hernández en el último pleno del ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Hernández llamó sinvergüenza al portavoz de Coalición Canaria, José Alberto Díaz Estébanez, porque no le gustó lo que dijo, y aunque tenía cerrado del micrófono, lo hizo en voz suficientemente alta para que la escucharan varias personas, entre ellas, el alcalde, José Manuel Bermúdez, que detuvo la sesión para afearle la conducta. Uno sospecha que Hernández reconoció haber proferido su insulto porque tenía dudas sobre si había sido grabada o no. Si hubiera sabido que no lo estaba tal vez hubiera descubierto y proclamado en ese momento una conjura contra su augusta persona porque es mujer, porque es prodigiosamente de izquierdas, porque es bajita, porque ganó las elecciones hace tres años, porque tiene unos ojos ligeramente achinados, porque su nombre empieza por la letra p. Es uno de sus métodos habituales de trabajo, por decirlo así. Cuando puede no tira la piedra y esconde la mano, sino que te lanza la pedrada a la cabeza y luego se rasca la suya porque les ha hecho daño.
El concejal Díaz Estébanez se había referido en su intervención a la reiterada ausencia de la concejal socialista Alana Chinea en los plenos santacruceros. Se podría entender que se considerara de mal gusto si la inasistencia se debiera a algún motivo íntimo, pero ocurre más bien lo contrario. Chinea ha decidido no participar en los plenos porque ha denunciado a los responsables del grupo municipal –encabezados pro Hernández– por acoso laboral. La exalcaldesa no tragó a Chinea jamás y, según se dice, comenzó a agobiarla. Siempre a través de instrucciones materializadas por el secretario de Organización, Andrés Martín, le impuso un horario para encargarse de abrir y cerrar la sede del partido. La afectada también comenzó a percibir que se vetaban sus mociones y preguntas por Hernández y Martín. Todo eso y alguna cosa más se encuentran ahora en un expediente que deberá resolver el comité de Derechos y Garantías de la dirección federal allá en Ferraz. Cuando un asunto de naturaleza interna afecta a la representación de un partido o a su trabajo en las instituciones, sus dirigentes están obligados a ofrecer explicaciones a los ciudadanos. Por supuesto, Hernández no lo ha hecho, y no lo ha hecho por su razón favorita en cualquier circunstancia: porque no le ha dado la gana.
La pervivencia de Patricia Hernández entre las luminarias del PSOE supone una sorpresa insondable. Lleva trece años al frente del socialismo chicharrero –y reelegida en 2025 permanecerá otros tres– gracias a recordar incesantemente que fue vicepresidenta del Gobierno de Canarias un año y medio y alcaldesa de la capital apenas un año. Con eso ha construido una pequeña leyenda. La ventaja de mandatos tan efímeros es que siempre puedes insistir en que no te dejaron tiempo para hacer nada mecachis. En realidad sus brevedades son el producto de la insoportable levedad de una política medianamente eficaz frente al micrófono de un mitin, pero que ignora el trabajo del equipo, desprecia los esfuerzos de gobernar desde una coalición, ejerce el autoritarismo con ganas y hasta con asco sobre compañeros y adversarios y entiende la disidencia como insubordinación. A cambio de todo eso no hay nada. Absolutamente nada. ¿Qué pensar de un político que afirma que padece discalculia y pretende gestionar una ciudad o todo un país? ¿Un político que durante una pandemia –la gente encerrada en casa con familiares hospitalizados y con más de 300 muertos por el covid en esta isla– se dedicó a pasear grúas por las calles de la ciudad con música pachanguera? La falta de vergüenza es otra cosa, ciertamente. La falta de vergüenza política es pretender capitanear una estrategia de chismes y malevolencias para eternizar al PSOE en la oposición y a sí misma en un escaño bueno, bonito y nada barato en el Parlamento de Canarias. Para los socialistas Patricia Hernández ya no es un recurso: es una rémora.
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