Opinión | Miren a ver
Juan Salán, el oficio de crear cultura
El mayor valor de un agitador cultural es conseguir que una proyección termine en una conversación y que esa conversación prolongue la vida de la música después de que se apaguen las luces

Juan Salán, productor, agitador cultural e hijo adoptivo de Las Palmas de Gran Canaria. / JUan Castro.
En una época en la que la oferta de ocio parece infinita a través de las plataformas digitales conviene recordar que el acceso a la cultura nunca ha dependido solo de la existencia de las obras, sino de quienes deciden mostrarlas, contextualizarlas y convertirlas en experiencia compartida. Las Palmas de Gran Canaria tiene la fortuna de contar con un mediador cultural como Juan Salán.
Pub La Calle
Reducir su trayectoria a la de promotor musical sería quedarse corto. Su aportación ha consistido en ensanchar el horizonte de varias generaciones de canarios. Lo hizo primero en el Pub La Calle, después a través de cientos de conciertos, festivales y ciclos temáticos, y continúa haciéndolo con propuestas como Cine Zin: Secuencias de acordes, cuya última edición se celebró recientemente en el Club LA PROVINCIA. El mérito no solo reside en traer artistas, sino en crear un relato alrededor de la música, conectándola con el cine, la literatura, el periodismo y la memoria colectiva.

Diego F. Hernández, Fernando Navarro y Xavier Valiño. / J.PEREZ CURBELO
Los tres encuentros de Cine Zin son muestra de esa forma de entender la programación. No se trata de proyectar tres documentales musicales. Cada sesión se convierte en una conversación con algunos de sus protagonistas, ofrecen al público la posibilidad de escuchar historias que suelen quedar fuera de los focos.
Primera sesión
La primera sesión estuvo dedicada a Supersubmarina. El documental Cien maneras de volver y el periodista Fernando Navarro permitieron abordar el accidente que truncó la carrera del grupo jienense y el largo proceso de reconstrucción personal de sus integrantes. Navarro explicó cómo sacó adelante un libro que habla del trauma, la amistad y la capacidad de rehacerse. La música aparecía como punto de partida para reflexionar sobre cuestiones profundamente humanas.
La capacidad de generar conocimiento para interpretar la realidad es la diferencia entre programar actividades y construir cultura. Ese ha sido el legado de Juan Salán durante casi cuarenta años"
La segunda jornada reunió a Carlos Tarque, cantante de M-Clan. Lejos de la entrevista promocional al uso, el diálogo con Diego F. Hernández y Xavier Valiño permitió abordar la evolución de una banda que ha sobrevivido tres décadas sin perder identidad. Tarque habló del cambio de sonido del grupo, de la relación entre éxito y libertad creativa, del impacto de internet y de las incertidumbres que plantea la IA. Fue una conversación sobre el oficio de hacer canciones y sobre el sentido de la creación artística.

Proyección del documental 'M-Clan. Las calles siguen ardiendo'. / Andrés Cruz
El ciclo concluyó con Ilegales 82 y la presencia de su director, Juan Moya. El documental sirvió para contextualizar el nacimiento de la banda de Jorge Martínez dentro de una España marcada por la violencia urbana, la heroína y los cambios sociales de los primeros años de la democracia. Más allá de la provocación característica de un grupo como Ilegales, la sesión permitió comprender que determinadas canciones funcionan como documentos históricos capaces de explicar una época.
Generar conocimiento
La capacidad de generar conocimiento para interpretar la realidad es la diferencia entre programar actividades y construir cultura. Ese ha sido el legado de Juan Salán durante casi cuarenta años. Miles de canarios han descubierto por él a artistas nacionales e internacionales que difícilmente habrían llegado a las islas.

Juan Moya y Xavier Valiño. / José Pérez Curbelo
No es casual que su trayectoria haya sido reconocida con el nombramiento como Hijo Adoptivo de Las Palmas de Gran Canaria. Más allá de los grandes conciertos o de los nombres ilustres que ha conseguido traer, su aportación consiste en haber creado comunidad alrededor de la cultura. En una ciudad ultraperiférica desde el punto de vista geográfico, Salán ha demostrado durante décadas que la lejanía también se puede superar desde la óptica cultural.
Cine Zin confirma que esa vocación permanece intacta. Mientras los hay que programan para llenar una sala, Juan Salán lo hacer para despertar curiosidad. El mayor valor de un agitador cultural es conseguir que una proyección termine en una conversación y que esa conversación prolongue la vida de la música después de que se apaguen las luces.
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