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Opinión | En el vagón de cola

El mundo al revés

Estrecho de Ormuz (archivo)

Estrecho de Ormuz (archivo) / Europa Press/Contacto/Wen Xinnian

Hay un gag divertidísimo, ¿cuál no?, de Les Luthiers en el que Marcos Munsdtock ironiza sobre la obra de uno de sus fantásticos e icónicos personajes, Huesito Williams. El cómico argentino dice de Huesito que «un análisis profundo de sus temas nos lleva de una primera sensación de desconcierto... a una segunda sensación de desconcierto» y que «plasma la realidad como lo haría un espejo, o sea, exactamente al revés». Evoco este episodio porque las noticias de los últimos tiempos parecen sacadas de un espectáculo de Les Luthiers, los pájaros tirando contra las escopetas, el teatro del absurdo. Estamos gobernados por memes. Cada uno entiende su propia realidad paralela. Nuestro presidente nos asegura que va a presentar los presupuestos generales y, aunque nos ha mentido ya las tres veces del otro Pedro, nos lo creemos. Mr. Trump afirma que ha ganado la guerra de Ormuz y, a pesar de no haber conseguido nada de lo que se proponía cuando se embarcó en ella y pone cara de creérselo de verdad (la ignorancia, decía mi viejo profesor de matemáticas, es muy atrevida) lo aceptamos. Netanyahu proclama ante los suyos que todo lo que hace lo hace por Israel y, aunque lo del Líbano ahora y antes lo de Gaza apestan a genocidio, los suyos no solo lo admiten sino que le aplauden la gracia. Y así una retahíla de contradicciones. Toleramos, tras más de un millón de vidas truncadas entre muertos y heridos, que Putin buscaba desnazificar Ucrania. Y, tras más de un millón de intentonas y amagos, que los socios del Gobierno español quieren elecciones ya. Y, tras más de un millón de discursos vacíos, que Ayuso entiende lo que le escriben en los papeles. Y a la mar fui por naranjas, cosa que en la mar no había. La cuestión se agrava porque si osamos contradecir al noticiero es que tenemos umbrosas y espurias intenciones, más aceite da un ladrillo. Si se te ocurre dudar de las extravagantes sentencias del juez Peinado estás socavando los cimientos de la democracia y la separación de poderes o te has vuelto «begoñista» de pronto. Si te asquea la postura del primer ministro israelí es que defiendes el régimen misógino e infame de los ayatolás y también, ¿por qué no?, eres un poco antisemita. Si el líder del mundo libre te parece un auténtico mentecato es que no entiendes la política americana y te estás escorando muy a la izquierda, pero si se te ocurre pedirle a Sánchez que asuma su responsabilidad «in eligendo como el culo» es que le haces el juego a la «fachosfera» o pasas demasiado tiempo con amigos jubilados. Acabáramos. Cuentan que un discípulo le pidió consejo a Sócrates sobre una duda que lo atormentaba: ¿debía quedarse con su mujer o escapar a una isla con su amante? El filósofo ateniense se encogió de hombros antes de responder: «da lo mismo, amigo mío; hagas lo que hagas te vas a arrepentir». Pues eso.

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