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Las Palmas de Gran Canaria

Latir de vida

El amor es la sangre de la existencia. Recorre en silencio cada rincón de nuestra propia historia, llevando sentido allí donde antes solo había vacío

Una pareja de enamorados.

Una pareja de enamorados. / LP / DLP

Todos estamos hechos de retazos. Pedacitos multicolores que se adhieren la vida. Retazos en forma de abrazos que nos sostuvieron cuando el mundo parecía desmoronarse. De las palabras y del oído atentos que nos devolvieron la esperanza. De las despedidas que nos enseñaron el valor de la presencia. De los silencios compartidos con quienes no necesitaban hablar para decirnos que estaban ahí. Estos retazos de vida se sostienen gracias a la magia de un hilo muy fino e invisible que les da sentido, les da forma y los mantiene unidos: el amor.

El amor verdadero no es un sentimiento pasajero ni una emoción que aparece y desaparece según llueva o salga el sol. Es una decisión. Una forma de habitar la vida. Es cuidar de alguien incluso cuando el cansancio y la ansiedad ahogan. Es permanecer cuando lo fácil sería marcharse ante la ausencia de conexión.

Nos ha tocado vivir a golpe de 'likes' una época que nos acostumbra a sustituir antes que reparar. Cambiamos de opinión, modificamos sentimientos de manera vertiginosa y, a veces, también a personas, con una facilidad que asusta. Sin embargo, el amor auténtico no se puede ser de usar y tirar. El amor se cultiva. Se riega. Se protege. Se defiende. Se pelea.

Hay que cuidar el amor de una pareja. No solo con grandes gestos, sino con las pequeñas atenciones que mantienen viva la admiración. Escuchar de verdad, abrazar sin prisa, pedir perdón cuando corresponde y dar las gracias por aquello que demasiadas veces damos por hecho.

Hay que cuidar el amor de la amistad. Bendita amistad la del amigo verdadero. Cuando la vida hiere, cuando se producen hemorragias de sangre querida, qué mejor que un amigo para taponar el dolor, a pesar de que el vacío interior se sienta infinito. Los amigos son el fármaco ideal que calma el dolor sin efectos secundarios. Bálsamo sanador a tiempo completo. Analgésicos naturales de marca blanca cuyo cometido es sostenernos.

Hay que cuidar el amor a nuestros padres, mientras el tiempo nos regala la posibilidad de hacerlo. Un día comprendemos que quienes parecían invencibles también se cansan, también necesitan una mano, una conversación, una visita inesperada. Más paciencia. Entonces descubrimos que amar también consiste en devolver, aunque nunca podamos devolverlo todo.

Y hay que cuidar el amor a los hijos y sobrinos, a los hermanos, a quienes comparten con nosotros este breve viaje que llamamos vida. Porque el amor nunca se desgasta por entregarlo; al contrario, encuentra en la entrega su razón de existir.

El amor es la piedra angular de la vida. Sin amor podemos sobrevivir, pero difícilmente podemos vivir en plenitud. El amor es la sangre de la existencia. Recorre silenciosamente cada rincón de nuestra propia historia, llevando sentido allí donde antes solo había vacío. Es el pulso que marca el ritmo de nuestros días, la fuerza que nos levanta después de cada caída. Seremos recordados no por lo que acumulamos, sino por el amor que fuimos capaces de dar. Por los retazos que nosotros mismos dejamos cosidos en el alma de quienes caminaron a nuestro lado. El amor es el latir de la vida. Cuídelo.

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