Opinión
Lola R. de Azero
Compensar para transformer

Compensar para transformer
Canarias está a punto de dar un paso importante en su estrategia frente al cambio climático. La próxima puesta en marcha del Registro Canario de la Huella de Carbono por parte de la Consejería de Transición Ecológica del Gobierno de Canarias es una buena noticia. El Registro Canario de la Huella de Carbono dota al Archipiélago de una herramienta para medir, reducir y compensar emisiones, a la par que abre una conversación mucho más interesante sobre el modelo de territorio que queremos construir. Comparto esa vision y considero que el verdadero potencial del Registro reside en cambiar la forma en que entendemos la compensación: dejar de verla como una obligación para convertirla en una oportunidad de regeneración territorial.
Durante años hemos repetido que lo que no se mide no se puede mejorar. Medir la huella es imprescindible, pero medir no reduce emisiones. Reducir debe seguir siendo la prioridad. Y para aquellas emisiones que hoy todavía son inevitables, la compensación se convierte en una poderosa herramienta de transformación.
Hace más de diez años, cuando fundamos Senda Ecoway, quisimos desarrollar experiencias turísticas basadas en la movilidad sostenible. Nos adelantamos a los tiempos y la movilidad sostenible generalizada estaba aún lejos de ser una realidad. Muy pronto descubrimos que incluso las actividades más sostenibles dejaban una huella inevitable. Decidimos compensarla para ser coherentes con nuestro propósito. Entonces apareció un problema inesperado: no existían proyectos locales donde hacerlo. Canarias generaba emisiones, Canarias financiaba compensaciones, pero los recursos terminaban impulsando proyectos a miles de kilómetros. El ciclo quedaba abierto.
Hoy la nueva regulación ofrece la oportunidad de empezar a cerrarlo. Desde mi punto de vista, el verdadero éxito estará en construir un ecosistema canario de compensación capaz de convertir cada tonelada compensada en una oportunidad para mejorar nuestro territorio y su comunidad.
La Administración debe crear las condiciones; el mercado, generar el valor. La regulación tiene la misión de establecer las reglas del juego, pero no puede limitarse a trasladar la responsabilidad al sector privado. Alcanzar los objetivos climáticos exige un modelo de corresponsabilidad en el que cada actor aporte, y a la vez se beneficie, en su ámbito de actuación. La Administración debe garantizar seguridad jurídica, transparencia e instrumentos eficaces; las empresas, incorporar la sostenibilidad como parte de su estrategia; y la sociedad, reconocer el valor de quienes contribuyen activamente a mejorar el territorio. Solo así la compensación dejará de percibirse como una carga para convertirse en una inversión compartida en el futuro de Canarias.
Durante demasiado tiempo hemos entendido la compensación como una obligación, un coste o una forma de reparar un daño. Quizá haya llegado el momento de cambiar esa mirada. La compensación puede dejar de ser la consecuencia de contaminar para convertirse en una inversión colectiva en el territorio en el que vivimos tanto en el ámbito medioambiental como en el ámbito social.
Ese cambio de paradigma puede generar un auténtico círculo virtuoso: las empresas miden, reducen y compensan; esas compensaciones financian proyectos desarrollados en Canarias; los proyectos restauran ecosistemas, mejoran el paisaje, fortalecen el medio rural y crean empleo; un territorio más inteligente y atractivo genera nuevas oportunidades económicas que vuelven a alimentar la inversión en sostenibilidad.
Para que ese círculo funcione será necesario crear una cartera sólida, transparente y verificable de proyectos de compensación. Un inventario canario de iniciativas de absorción y regeneración debería entenderse como una infraestructura estratégica que conecte la demanda de compensación con una oferta de proyectos de calidad. Todo ello deberá ir acompañado de un modelo sencillo, ágil y digital. El éxito del sistema dependerá también de su capacidad para generar confianza sin generar burocracia, cuya reducción es una asignatura pendiente de la Administración Pública. La mejor regulación no es la que exige más trámites, sino la que facilita la participación sin renunciar al rigor, la transparencia y la credibilidad.
Sin embargo, creo que podemos ir todavía más lejos. No todos los proyectos que capturan una tonelada de CO₂ generan el mismo valor. Algunos, además de absorber carbono, pueden recuperar paisajes degradados, impulsar empleo verde, formar a jóvenes, implicar a centros educativos, favorecer la inclusión social o revitalizar el medio rural. Ahí aparece una dimensión que la regulación no desarrolla plenamente, pero que el mercado voluntario sí puede impulsar: el retorno social de la compensación.
El verdadero valor de una compensación debería medirse por el territorio que es capaz de regenerar en un conjunto de mejoras y no solo por la cantidad de carbono que captura.
Quizá el siguiente paso tras crear el Registro de huella de carbono Canario sea crear un mercado de regeneración territorial. Un ecosistema en el que empresas, administraciones, entidades sociales, propietarios, agricultores, universidades y ciudadanía colaboren alrededor de proyectos que generen valor ambiental, económico y social. En ese mercado el carbono sería el punto de partida, pero no el único indicador de éxito.
La mejor compensación será la que deje un territorio mejor del que encontró. Porque el objetivo final es mejorar la calidad de vida de las personas que habitan ese territorio con las toneladas de CO₂ contabilizadas.
Si conseguimos avanzar en esa dirección, dejaremos de percibir la compensación como una obligación para empezar a verla como una oportunidad. Una oportunidad para restaurar ecosistemas, fortalecer comunidades, generar nuevas actividades económicas y construir una Canarias más competitiva, más próspera y con una mayor calidad de vida.
Ese debería ser, en mi opinión, el verdadero horizonte de las futuras regulaciones. Convertir cada compensación en una inversión capaz de generar valor ambiental, económico y social para el Archipiélago.
Cuando cada tonelada de carbono generada en Canarias, sea compensada en nuestro territorio y contribuya a recuperar un paisaje, fortalecer una comunidad o crear una nueva oportunidad de Desarrollo sostenible, habremos cerrado el ciclo de la compensación y puesto en marcha un auténtico círculo virtuoso en beneficio de todos los canarios, los de hoy y los de mañana.
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