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El crecimiento no llega al bolsillo

Colas en las puertas de embarque en uno de los aeropuertos de Canarias.

Colas en las puertas de embarque en uno de los aeropuertos de Canarias. / Arturo Jiménez

Canarias vive una paradoja. Los indicadores económicos son positivos. El empleo alcanza cifras históricas, la actividad turística mantiene un notable dinamismo, los salarios han experimentado incrementos en los últimos años y las Islas figuran entre los territorios con mayor crecimiento del PIB del país. Sobre el papel, las noticias son buenas.

Sin embargo, para miles de familias canarias la sensación es otra. Resulta difícil llegar a fin de mes. Cada vez cuesta más alquilar una vivienda, llenar la cesta de la compra, afrontar el pago de suministros básicos o mantener el nivel de vida de hace apenas un lustro. La economía crece, pero el bienestar no avanza en la misma intensidad. Lejos de ser una impresión de cada uno es la realidad de nuestros hogares. El problema no reside en cuánto se gana, sino en cuánto queda disponible después de hacer frente a lo esencial. Es uno de los grandes debates de los tiempos que vivimos.

Durante años se ha asumido que el crecimiento económico acaba trasladándose automáticamente a nuestras vidas. La experiencia de ahora demuestra que la relación entre macroeconomía y bienestar ya no es así de directa. Los sueldos aumentan, sí, pero también lo hacen los precios. En ámbitos como el de la vivienda, el incremento ha sido tan intenso que ha absorbido buena parte de las mejoras salariales.

La vivienda se ha convertido en el principal factor de presión sobre las economías domésticas. Cuando una familia debe destinar buena parte de sus ingresos al alquiler o a la hipoteca, lo demás queda condicionado. Disminuye el consumo, desaparece la capacidad de ahorro y aumenta la vulnerabilidad ante los imprevistos.

A esto se suma una inflación que, aunque haya moderado su ritmo, ya ha consolidado un nuevo nivel de precios. Los alimentos, el transporte, la energía, los seguros o numerosos servicios son hoy más caros que hace unos pocos años. La consecuencia es que las familias perciben que trabajan más y cobran algo más, pero disponen de menos margen para construir un proyecto de vida, ahorrar o desempeñarse con tranquilidad.

Este fenómeno no es exclusivo de Canarias ni de España. Se observa en la mayor parte de las economías occidentales. Pero en las Islas adquiere características propias derivadas de la insularidad, de la presión sobre el mercado de la vivienda y de una estructura productiva tan dependiente de sectores de bajo valor añadido.

Hay que huir del triunfalismo y del catastrofismo. Sería injusto negar los avances. Pero también sería un error ignorar el malestar de quienes sienten que los buenos datos económicos no se traducen en una mejora de sus condiciones de vida. La cuestión no es si Canarias crece. La cuestión es cómo lograr que ese crecimiento llegue a la mayoría de la población. ¿Para qué crecer si no es así?

Las recomendaciones de los empresarios apuntan a que es preciso incrementar la oferta de vivienda, agilizar los procedimientos urbanísticos, promover casas protegidas y facilitar la colaboración público-privada. Esto debe ser una prioridad estratégica. Ninguna política de cohesión social será posible mientras el acceso a la vivienda se deteriore.

Otra gran tarea consiste en elevar la productividad. Los salarios solo pueden crecer si la economía genera más valor. La innovación, la digitalización, la formación profesional, la incorporación de nuevas tecnologías y el fortalecimiento del tejido empresarial constituyen herramientas imprescindibles para avanzar hacia empleos de mayor calidad y mejor remunerados.

Igualmente es necesario mejorar la eficiencia de las administraciones públicas. Demoras, trámites innecesarios y duplicidades burocráticas suponen un coste que terminan por pagar el conjunto de la ciudadanía. Una administración más ágil impulsa los servicios públicos y contribuye al crecimiento económico y a la competitividad.

Canarias dispone de fortalezas indiscutibles. Cuenta con una posición geográfica estratégica, un sector turístico líder, talento emprendedor y enormes posibilidades de desarrollo en ámbitos como la economía azul, las energías renovables, la tecnología o la investigación y la ciencia. Pero el éxito pasa por conseguir que el crecimiento económico se refleje en la vida cotidiana de los canarios.

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