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España elimina a su 'alter ego'

España vence a Portugal.

España vence a Portugal. / JEFFREY MCWHORTER / EFE

España se lo toma con calma, pero el resultado final compensa la incertidumbre estresante, la convicción hasta el mismísimo minuto noventa de que el empate a nulidades radiografiaba el choque a la perfección. La guerra por la supremacía peninsular se libraba en Estados Unidos, dentro del Mundial que dirige Donald Trump como árbitro universal.

España y Portugal son tan parecidas que deberían haber vestido ambas de rojo. Parecían jugar contra sí mismas, un partido ensimismado como el gag de los espejos humanos de los hermanos Marx. Fútbol deliberativo, hasta las contadas oportunidades surgían de la reflexión. El pase a cuartos se cerró gracias a una decisión sabia de De la Fuente, darle una oportunidad a Merino ante la falta de inspiración ofensiva. Se había hablado de la rivalidad entre Lamine y Neves, y desde luego que el español habitualmente impoluto arremetió por duplicado contra el veinteañero que desafía su hegemonía mundial. Fue el único esfuerzo reseñable del barcelonista, tal vez más convaleciente de lo que parece.

Durante una hora y media interminable, España y Portugal se estudiaban como jugadores de ajedrez que solo emplean el intelecto, simbolizados en Vitinha frente a Pedri. El gol estaba de más, ayudaba la presencia de Joao Felix, tal vez el jugador más vago de todos los tiempos en dura competencia con Gareth Bale. En resumen, todos los factores que hacen detestable el fútbol para un espectador estadounidense. La actividad física se concentraba en Nuno Mendes, una central nuclear de un solo hombre, capaz de anular a Lamine y de liderar los ataques lusos. Su lesión descorazonó a Portugal, cesó la presión sobre Unai Simón, y la única duda estaba en la capacidad ofensiva de los españoles. También Ronaldo acabó siendo un lastre para una selección desorientada. Por mucho que se desaten las pasiones patrióticas, la victoria posee una justicia indubitable, pero tampoco hubiera sido injusto el desenlace a los penaltis por el que suspiraban los delineantes portugueses. El Mundial sigue vivo para España, tras eliminar a su ‘alter ego’.

Fuente: Diario de Mallorca

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