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Opinión | RETIRO LO ESCRITO

La gatera de Vox

La formación aspira a ser decisiva en los cabildos de Tenerife y Gran Canaria y a utilizar las instituciones como plataformas de poder y confrontación política

Buxadé (Vox)

Buxadé (Vox)

Hace algunos días, en un articulejo, glosé la tranquilidad un tanto apelmazada que muestran los socios del Gobierno autónomo, Coalición Canaria y el Partido Popular, cuyos dirigentes se muestran prudentemente convencidos respecto a una reedición del pacto en mayo de 2027. Coalicioneros y conservadores cuentan con el apoyo de la Agrupación Socialista Gomera y de la Agrupación Herreña Independiente, por lo que un incremento importante de Vox en votos y escaños —pasar de los cuatro diputados de 2023 a seis o siete el próximo año— no destruiría necesariamente la mayoría actual, gracias precisamente al apoyo de gomeros y herreños. Aunque en diez meses, en un contexto como el español y europeo, puede aparecer revoloteando cualquier cisne negro, parece un análisis prospectivo más o menos razonable. Lo que ocurre es que también para el Gobierno canario existen otras variables electorales y, por algunos comentarios semipúblicos, Vox parece que pretende sacarles partido.

Si Vox, aun en el escenario demoscópico más favorable, tiene difícil reventar la mayoría de CC y PP en la Cámara canaria, dispone, en cambio, de objetivos más a tiro: los cabildos insulares y muy en particular los de Tenerife y Gran Canaria. En la primera de las corporaciones, porque los ultras alimentarán su crecimiento —si se confirma— restándole votos mayoritariamente al PP, pero también a Coalición. En Gran Canaria, en cambio, será la fragmentación del voto de una nueva mayoría alternativa, encabezada por la derecha tradicional, la que otorgaría a los cinco o seis consejeros de Vox que arrojan las encuestas un papel destacado en la estabilidad de un nuevo gobierno insular. Lo que debe quedarle claro a todo el mundo es que, si las mayorías en ambos cabildos dependen de Vox por mucho o por muy poco, los ultras exigirán cargos y áreas de gestión. Especialmente si por entonces ya se han celebrado las elecciones generales y se ha constituido un Gobierno presidido por Alberto Núñez Feijóo y vicepresidido por Santiago Abascal.

La reflexión de figuras de Vox en reuniones semipúblicas a las que solo tienen acceso militantes seleccionados y simpatizantes aún más reducidos es que en los cabildos, así como en algunos ayuntamientos como el de Santa Cruz de Tenerife si en el mismo se repiten las mismas circunstancias poselectorales, además de asumir áreas y presupuestos, los ultraderechistas deberían emplear las corporaciones como plataformas propagandísticas y maravillosas oportunidades para fomentar el conflicto institucional. En los pactos que puedan cerrar en Tenerife o en Gran Canaria, Vox exigiría un sucedáneo de su máxima prioridad nacional, en clave insular y, en su caso, municipal. E intentarían trasladar toda esta tramoya patriotera a la Fecai y a la Fecam. Se intentaría cumplir así la doble función que se adjudica Vox y que dirigentes como el eurodiputado Jorge Buxadé han subrayado: llegar al poder, tocar moquetas y presupuestos pero, simultáneamente, adoptar un papel disruptivo. Cogobernar a su manera en uno o varios cabildos y ayuntamientos relevantes, pero tocándoles todo lo posible las narices a los mandamases de los cabildos y al propio Gobierno autonómico. Por supuesto, Vox necesita con cierta urgencia candidatos para seleccionar personal político. Se rumorea que los encargados no serán propiamente los dirigentes locales. La selección se llevará a cabo por ojeadores venidos de la Península. No es inhabitual en Vox. Ocurre en otras comunidades y provincias.

Nacionalistas y conservadores canarios están desdeñando los peligros que para su sostén electoral representa la ultraderecha, una derecha entre extrema y extremista que puede subvertir el ecosistema político de Tenerife y de otras islas. Actúan como si el único adversario digno de atención crítica fuera solo el PSOE, cuando Vox puede darle un mordisco histórico a la tostada del poder y transformar durante varias legislaturas y mandatos el espacio electoral de varias islas.

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