Opinión | Isla Martinica
Sembradores de cucarachas

Los expertos coinciden: el calor y la humedad atraen más a las cucarachas que la comida
Llega la primera ola de calor al archipiélago, aunque uno lleva, con ésta, tres o cuatro sobre las espaldas, que ya es decir. Por mucho que lo desee, el cuerpo y la mente no logran acostumbrarse a estas temperaturas infernales. Habrá que buscar, en su alivio, la compañía de la sombra y el fresco del aire acondicionado. Desgraciadamente para nosotros, existen especies que encuentran su paraíso en los rigores de la canícula, y si además el ambiente está preñado de humedad, la situación puede derivar en un serio problema de infestación. Estoy pensando en toda clase de bichos estivales, pero también en unos visitantes a los que no se les suele dar la bienvenida allí donde aparecen.
Las cucarachas, que de ellas hablamos, huyen del sol, si bien florecen en los climas cálidos de atmósfera tropical. Sobra decir que Canarias es la tierra prometida para muchos miembros de la blattodea, nombre científico por el que es conocida la amplia familia de bichos que asolan las noches de tantos hogares repartidos por las islas. Los expertos en plagas informan que, cuando apenas se ven tres ejemplares circulando por el interior de una estancia, ya es indicativo de la presencia de una importante colonia en el lugar. Sólo tres individuos y el diagnóstico es así de rotundo. Supongo que son más los que no se ven que los que realmente se presentan a la vista para llegar a sostener tal afirmación.
¿Qué diríamos si en la casa de todos se mueven alegremente no tres, ni diez, ni siquiera cincuenta, sino más de un centenar de bichos? Convendríamos en que la plaga se ha extendido por cada una de las habitaciones existentes, desde las inferiores hasta las más altas e íntimas, sin quedar espacio libre de parásitos. Dice Pedro Sánchez que los bichos de la corrupción son poco más o menos que granos contados y que, en ningún caso, se podría calificar la situación como “generalizada” dentro de las entrañas del Estado. Argumenta que los que así se expresan son los propaladores de bulos, particulares agentes de la desinformación y manipuladores de la opinión pública. Sin embargo, y según los datos oficiales recabados, en la actualidad la cifra de la corrupción política alcanza la friolera de 126 individuos entre imputados y sentenciados por la Justicia. Quiero decir, porque todo hay que aclararlo, que son los que han salido a la luz, puesto que los que aún siguen ocultos, entregados a sus mezquinas tareas de pudrición, podrían ascender al doble, quizás el triple.
Si ya es difícil detectar a una sola cucaracha, salvo que se dedique tiempo y paciencia, cómo tendrá que ser la persecución de cientos de ellas por toda la casa, moviéndose astutamente de un lado para el otro y huyendo de la mirada de los extraños. Lo que es impepinable es que la corrupción en España hace años que abandonó la circunstancia puntual o coyuntural, el mismo período que lleva al frente del gobierno de la nación Pedro Sánchez. Con el Partido Socialista, la plaga no sólo se ha extendido sin control, sino que además, los que deberían ponerle límite, paradójicamente la favorecen y alimentan. Por favor, lean con atención y entre líneas la sentencia del Tribunal Supremo acerca del “caso Mascarillas” por si les asaltan las dudas al respecto.
Últimamente, los expertos en plagas son el objeto de los “sembradores de cucarachas”, individuos cuyo hábitat es el propio de los bichos, las cloacas del Estado, impidiendo u obstaculizando el trabajo de aquellos que saben cómo cortar de raíz la extensión de los nidos de parásitos. Por si no lo habían captado, me refiero a las autoridades judiciales y a las fuerzas del orden a su servicio, pero también a la prensa independiente, que son la diana sobre la que el ejecutivo sanchista y el partido que lo sustenta descargan su ira. Lo curioso de la situación es que la pretendida superioridad moral de la izquierda se diluye como un azucarillo dentro de la podredumbre que asola a España, ya que las formaciones alineadas bajo esa ideología prefieren ponerse del lado de las cucarachas antes que del de los exterminadores. Y así nos va.
Dejen que concluya con una cita de Jean-Paul Sartre, una que habla de bichos, el símbolo elegido para la decadencia social y política: “no son sino moscas de la carne, un poco gordas. Hace años un poderoso olor a carroña las atrajo a la ciudad. Desde entonces engordan…” (Las moscas, 1943, Acto I, Escena I). Hoy, las moscas y, sobre todo, las cucarachas se alimentan directamente del Estado.
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