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Opinión | Observatorio

Álvaro Navarro Alonso

Hoy hace noventa años

La noticia de una reunión en Las Palmas fue el primer titular de la primera plana de LA PROVINCIA del 7 de julio de 1936: La importante asamblea celebrada ayer en la Federación Patronal. Se acordó que las mancomunidades de Cabildos de Tenerife y Las Palmas formulen un proyecto de Estatuto de autonomía político-administrativo y económico de estas islas, en un plazo que no exceda del día quince del próximo mes de agosto.

Pocos días más tarde, el 15 de julio de 1936 en Santa Cruz de Tenerife, se acordó comenzar las gestiones para redactar un Estatuto Regional de Canarias. Fue durante una sesión de las Mancomunidades Provinciales Interinsulares de Santa Cruz de Tenerife y de Las Palmas, y es del día 16 el escrito impreso conjunto de los presidentes de las dos Mancomunidades Provinciales, el de Santa Cruz de Tenerife Lucio Illada, y el de Las Palmas Francisco Alonso.

La historia de Lucio Illada es muy conocida por su fuga desde el Sáhara, y su fusilamiento al terminar la guerra, la de mi abuelo Francisco Alonso, es poco conocida, y por ello quiero hoy recordarla.

Su padre Maximino Alonso, tuvo muchos hijos, todos de carácter y con diferentes ideas, unos conservadores y muy religiosos, otros republicanos y alguno anticlerical. Para evitar debates les prohibió que durante las comidas se hablase de política o de religión.

Tres de los hermanos Alonso Jiménez fueron republicanos de diferentes tendencias. Su hermano Miguel Alonso del partido de Lerroux, dejó de ser presidente del Cabildo en marzo de 1936, y se retiró de la política. El nuevo gobierno del Cabildo lo formó el Frente Popular que ganó las elecciones, y el recién elegido consejero Francisco Alonso fue nombrado presidente de la Mancomunidad Provincial de Cabildos, él era del partido de Franchy Roca, y además masón.

Franco llegó en el buque Dómine a Las Palmas el 11 de marzo de 1936, al nuevo comandante general de las islas Canarias lo recibió el general Balmes. Su llegada a Tenerife fue el día 12, y se marchó definitivamente de esa isla el 16 de julio para asistir en Las Palmas al funeral del mismo general Balmes.

Según escribió Paul Preston en su biografía de Franco, cuando llegó a Canarias, uno de los trabajos que de inmediato comenzó fue sobre las medidas que deberían tomarse para sofocar disturbios políticos (1994:162).

Franco con seguridad estuvo muy informado de lo que publicó la prensa aquellos días, y también de lo que no se publicó. Los periódicos evidenciaron que había opiniones muy enfrentadas, por ejemplo Hoy de 9 de julio de 1936: “Puede que se nos dé un Estatuto comunista o socialista”.

Con el escrito impreso conjunto dirigido el 16 de julio de 1936 a todos los ayuntamientos de Canarias para pedir su aprobación, un socialista y luego comunista, Lucio Illada, y un republicano federalista y masón, Francisco Alonso, dieron el primer paso institucional para dotar a Canarias de un Estatuto.

Es fácil imaginar lo que pensaría Franco de lo que parece paradigma de una de sus mayores obsesiones: el contubernio del que habló hasta el final de sus días. Aunque lo cierto es que la iniciativa, como informó La Provincia, la tuvo la Federación Patronal de Las Palmas, y así se recuerda en el escrito de los dos presidentes: “… se acordó por unanimidad, aceptar en principio la honrosa comisión conferida a ambas Corporaciones por la Federación Patronal de Las Palmas y demás representaciones congregadas en una asamblea…”

Francisco Franco vino a Las Palmas en el Viera y Clavijo la noche del 16 de julio, y en el mismo barco regresó a Las Palmas Francisco Alonso según publicó Acción del 18 de julio. El proyecto de un Estatuto para Canarias sólo tenía 48 horas.

Días más tarde, el 26 de julio de 1936 Acción en sus noticias de viajeros, indicó que Francisco Alonso Jiménez y señora habían marchado a Tenerife. Aunque él tenía buenas relaciones con familiares de Las Palmas favorables a la rebelión militar, quizá fueron a Tenerife para lograr un mejor amparo con la ayuda de su familia política, pero nadie pudo hacer nada, y terminó internado en el Lazareto de Gando como otros muchos.

Más tarde, sufrió un procedimiento judicial y una sanción económica. Dice la sentencia 265 de 19 de agosto de 1940 del Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas de Las Palmas: “Resultando: Probado y así se declara: Que el inculpado Francisco Alonso Jiménez, miembro de relieve en el Partido Federal de esta Isla desempeñó el cargo de Interventor de dicho Partido componente en la referida época del Frente Popular en las elecciones generales de mil novecientos treinta y seis; y fue nombrado con dicha significación política en diecisiete de marzo de mil novecientos treinta y seis Presidente de la Mancomunidad Interinsular de Cabildos de la Provincia cargo que desempeñó hasta el levantamiento Nacionalista; sin que conste probado actuara en su gestión en forma sectaria y persecutoria. Reconoce haber sido masón y no ha acreditado su baja en la secta ni su retractación.”

Dos décadas más tarde se le perdonaron las sanciones económicas que todavía tuviese pendientes de cumplir… En 1958 llegó el indulto del Jefe del Estado para Francisco Alonso, que había sido uno de los pasajeros del Viera y Clavijo que zarpó de Santa Cruz el 16 de julio de 1936, con destino a una guerra civil, hoy hace noventa años.n

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