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Opinión | Retiro lo escrito

El arrasamiento

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, en una foto de archivo durante un acto de conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, en una foto de archivo durante un acto de conmemoración del Día Internacional de la Mujer. / Ricardo Rubio / Europa Press

No puedo evitar pasmarme frente a la reacción de mucha gente de izquierdas. «Hay partido», me insistía un amigo socialista, «y Pedro Sánchez puede darle la vuelta a esto, Feijoo es un desastre y el PP no tiene proyecto». Aquí, en Canarias, pasará algo por el estilo según mi colega y Ángel Víctor Torres será de nuevo presidente del Gobierno autónomo. Esta psicosis está muy entendida. Pero además de una preocupante desconexión con la realidad evidencia la carencia de instrumentos de análisis y el desprecio a la información disponible. Lo que se producirá en las elecciones generales del próximo año es un vuelco, no una inflexión. Con el acostumbrado retraso hispano, lo que ha ocurrido en casi todo el continente europeo.

Uno observa, por ejemplo, las intervenciones dentro y fuera del Parlamento de Nueva Canarias, que predefinen el color de su campaña electoral en 2027. Don Luis Campos se esfuerza en pregonar que Fernando Clavijo ha destruido la sanidad pública, no se ha esforzado en transformar los años de bonanza turística en un amplio bienestar social, gestiona mal los recursos públicos que proceden de la UE, se ha vuelto muy de derechas y un largo etcétera condenatorio. No sé si Campos y sus compañeros reparan en la inmensa mayoría de la gente que puede compartir este diagnóstico no votará a su partido. La campaña que ya desarrollan los canaristas no deviene una campaña a favor de la opción de NC, sino en contra de la opción de CC. No moviliza un solo voto para los nacionalistas de centroizquierda, porque NC apenas aboceta un programa político propio: está resignada a prolongar su trayectoria como apéndice del PSOE, adhiriéndose a políticas asistenciales que se maquillan como sociales y tragándose sapos tan viscosos y repugnantes como la decisión de lanzar a los saharauis al cubo de basura de la Historia. Pues bien, esa es, en general, la única posición que le queda a la izquierda: servir de parapeto frente a las nuevas derechas hasta la derrota final, ser voceros del miedo y el espanto venideros, conservar lo que se tiene por escaso y ambigüo que sea frente a una nueva forma de barbarie antidemocrática.

No se ofrecen soluciones y las que se mencionan funcionan como ritos tribales, como simulacros reconfortantes, como una santurrona lista de deseos cumplidos o incumplibles. La misma izquierda que procede de la socialdemocracia clásica corrompe la democracia, incumple la Constitución y coopta bestialmente instituciones partidizadas hasta el vómito. La gente vive cada vez peor. Peor que hace diez años. Pero es que hace diez años ya vivía peor que diez años atrás. Puedes trabajar hasta morir exhausto: nunca tendrás una vivienda en propiedad y si se te avería el fotingo o se te rompen las gafas te hundes en un drama. En términos reales los salarios llevan casi veinte años estancados. A casi las tres cuartas partes de los ciudadanos les cuesta llegar a fin de mes. La clase media es un animal mitológico. Los únicos que no sufren el miedo del mañana son los funcionarios y los jubilados. Cuatro millones de personas en España – y más de 100.000 en Canarias -- se pudren en una pobreza severa y sin horizontes de esperanza. No vas a asustar a esta gente agitando la amenaza fascista. Descreen o están a punto de descreer de las convicciones democráticas. Se mean en tu superioridad moral progresista. El sueño de prosperidad que compartieron sus padres y abuelos se ha esfumado. Este no es el capitalismo de los sesenta, los setenta, los ochenta. Es más poderoso, más agresivo, más incontrolable, y se expande a todos los aspectos de la vida pública o privada, laboral, afectiva, sentimental. No es, siquiera, mínimamente reformable. Al contrario: ese capitalismo de la vigilancia es quien ha adoptado el programa de reformar y reconstruir las relaciones económicas, sociales y culturales para garantizar su reproducción indefinida. Esta izquierda camastrona y elitista será arrasada en los próximos meses y años. «Vendrán más años malos y nos harán más ciegos, vendrán más años ciegos y nos harán más malos».

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