Opinión | Punto de vista
O tal vez no

Adriana Ugarte, sin red como Pinito del Oro / Efe
No he visto la película “Tal vez”. Vivo en Gran Canaria, isla en la que no se proyecta en ninguna sala de cine. En caso de haberse proyectado aquí debo decir que, casi con total seguridad, no habría ido a verla.
En el momento, hace 7 años, en que los familiares de Natalia supimos que habría un largometraje sobre su figura, me alegré enormemente al pensar que su trabajo tendría un homenaje, un reconocimiento. Otro en realidad, pues fue la escritora destacada en el Día de las Letras Canarias en el año 2021, por ejemplo. Con esta película nadie la rescata de nada. Esa alegría se tornó en profundo pesar en el momento en que conocí el enfoque que tendría: la película no iba a poner en valor el mérito que tuvo una mujer nacida en 1938, plena guerra civil española, una mujer que entró en el mercado laboral durante la dictadura franquista, de vivir de su trabajo. No se haría eco de la calidad de su obra literaria, de los temas que la interpelaban o de la fuerza de su voz poética. No. La película tendría un enfoque tremendamente simplista de la complejidad de su figura y se centraría, de manera exclusiva, en lo que su directora entendía de una selección de cartas que ella misma publicó en 1996. Una parte de un intercambio epistolar, sólo en una dirección, pues no hay respuesta que pueda consultarse, de 9 años de duración con la trapecista, figura de notoriedad internacional, Pinito del Oro.
Hace 7 años, cuando conocí la cosificación y reducción a la insignificancia que tendría su trabajo para quedar retratada como mujer lesbiana reprimida durante la dictadura, decidí no tener nada que ver con el proyecto. Por eso no iría a verla. No porque niegue que esa realidad se dio. No porque me parezca que esa realidad no deba llevarse a la gran pantalla. No. Defiendo que se hable de eso, y de que las mujeres en ese momento no pudieran manejar su dinero, o de que hubiera personas escondidas en sus casas por miedo por su posicionamiento político, como lo fue por ejemplo el padre de Natalia, Juan Sosa Suárez, también escritor y poeta, quien por su activismo político estuvo perseguido.
No quise saber nada más de esta película porque conocí a Natalia y esa no es su historia. Ella pudo vivir su homosexualidad tanto como su propio rechazo a su identidad sexual, su sentimiento de culpa, sus convicciones religiosas, le permitieron. No fue abanderada de causa alguna, no fue silenciada y publicó siempre todo lo que quiso y pudo. Natalia desarrollo su talento al amparo de su padre y las relaciones que su padre tenía, creció en un entorno de arte y creatividad, con tertulias en su casa, en su propio patio, con la intelectualidad de la época y estuvo arropada e impulsada al abrírsele puertas que otros no encontrarían.
No quise saber nada más de esta película porque se habla de su “historia de amor” con Pinito del Oro. Natalia y sus cartas no hablan de historia de amor o de amor correspondido y en la introducción del libro en que dicen basar la historia ella explica una relación de amistad con una persona liberal y curiosa. Donde Arima León quiere descubrir una historia de amor quizá otros podrían interpretar un acoso por el amor no correspondido de una persona solitaria y alcoholizada. En sus cartas Natalia habla de lo que ella siente y no recogen absolutamente nada de reciprocidad por parte de Pinito, quien le permitió reproducir algunas de las cartas y que en palabras de la propia Natalia “en ningún momento me imposibilitó la palabra ni maniató mis sentimientos”.
Natalia no estuvo perseguida. No fue silenciada. He escuchado numerosas declaraciones de Arima León explicando el argumento, de Tania Santana explicando el personaje, de Adriana Ugarte hablando de rescatar del olvido la figura de Pinito del Oro como si fueran sus amigas, como si conocieran qué las movía y cómo se movían. Y, francamente, si querían rescatar del olvido (discrepo de que estén olvidadas) a dos mujeres con esta potencia, flaco favor les hacen dejándolas unidas en el imaginario colectivo a esta historia de amor lésbico clandestino que, repito, no es la suya. Pinito tuvo dos largas relaciones con dos hombres (Juan y Lucas), tuvo dos hijos, viajó por todo el mundo y tuvo una amiga, Natalia, que se enamoró de ella. Nada más dicen esas cartas.
Dice Arima haber contado con el beneplácito de mi familia. Yo me pregunto si sabe ella cuántos parientes de Natalia seguimos vivos. Ha hablado con dos. Y quizá debería ella explicar qué le dijeron los hijos de Pinito, Juanjo y Maribel, especialmente Juanjo, cuando supieron de la intención de esta obra. Se opusieron frontalmente.
Que viva la libertad, que viva el cine, que viva la reivindicación, que viva la creatividad. ¡Y qué viva la ficción! Pero no sobre los nombres de dos mujeres reales que, pese a todo, hicieron notables carreras en el duro momento en que les tocó vivir.
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