Opinión | Retiro lo escrito
La amenaza sobre el PSOE

José Luis Rodríguez Zapatero, ante la comisión de investigación del ‘caso Koldo’ en el Senado, el pasado 2 de marzo de 2026. / Eduardo Parra / Europa Press
Quizás estás cosas pasen por llamar a un hombre grave y cincuentón con aspecto de solo haber escuchado en su vida chistes en los funerales «Julito». Ahora los jalabolas y palanganeros del sanchismo utilizan el diminutivo como una especie de sinécdoque, para empequeñecer también la importancia alarmante de sus declaraciones frente al juez. Bah, tonterías, cosas de Julito. ¿Por qué creerle a Julito, tan poco civilizado, y no a José Luis Rodríguez Zapatero, que se inventó la Alianza de Civilizaciones? Esta es la misérrima explicación, este es todo lo argumento apologético del sanchismo y sus socios. Y es más aterrador que lo que ha dicho Julito, porque apunta a la decidida voluntad de negarle a la realidad cualquier estatuto epistemológico. Defienden su convicción moral sobre la honradez incuestionable de Rodríguez Zapatero, y como es moral, no jurídica ni económica contable, resulta inmune a cualquier prueba, indicio o declaración. Más que una convicción es la última trinchera de combate.
Con Rodríguez Zapatero no ocurre lo mismo que con José Luis Ábalos o con Santos Cerdán. En cuanto afloraron informes de la UCO y citaciones judiciales Sánchez y el resto de la nobleza de toga del PSOE se apresuraron a tomar distancias, aunque sin reconocer de facto ni sombra de responsabilidad política. En cambio reconocer siquiera implícitamente algún comportamiento criminal de Rodríguez Zapatero es autoincriminarse. Porque para poder ejercer influencia política a favor de una empresa - digamos la compañía Plus Ultra - es necesario una autoridad publica que se deje influenciar, es decir, que conculque la normativa legal para beneficiar al intermediario y la empresa. La delicadísima situación de Rodríguez Zapatero no es simplemente un suma y sigue en los escándalos sino lo que llaman los menesterosos metafóricos «un salto cualitativo». Atañe íntimamente al Gobierno porque Rodríguez Zapatero trabajó simultáneamente para sus clientes y para el Gobierno de Sánchez.
Lo realmente estupefaciente es que el expresidente desarrollara sin arrugarse ambos papeles. Cuando un expresidente o un exministro se jubilan - aun relativamente jóvenes, como suele ocurrir en España - y decide dedicarse al lobbying o cabildeo un requisito obligatorio es desconectar con cualquier actividad política militante. Como mucho puede admitirse que participe en el mitin final de una campaña electoral. En realidad lo correcto, lo apropiado, es que desaparezca discretamente del espacio público. Lo asombroso del caso de Rodríguez Zapatero no es que participara incansablemente en mítines - como hizo en las elecciones generales de 2023 - sino que recibía encargos presidenciales como mantener contactos con partidos de la mayoría parlamentaria que invistió a Sánchez o que marchara a Bruselas para sacar adelante la ley de amnistía. Como uno es un tontaina demasiado ingenuo siempre me preguntaba cuál era la condición de Rodríguez Zapatero para asumir esas responsabilidades. Yo sospecho que todo esto entonteció todavía más a un hombre envanecido como solo pueden serlo los pobres de espíritu. Como le dijo enfurecido a un senador del PP en la comisión de marras: «Los clientes me piden mi opinión porque mi opinión les interesa y es importante». Pero, ¿por qué va a ser importante la opinión de un licenciado en Derecho por la Universidad de León que ni sabe idiomas ni escribe en ningún sitio, ni imparte clases, ni tiene formación económica, ni tiene relaciones ni contactos con organismos de la UE o Estados Unidos? Es completamente grotesco. Rodríguez Zapatero comienza a crecer como lobista precisamente cuando el PSOE llega al poder en 2018. Una hipótesis cada vez más verosímil: su «trabajo» para el Gobierno de Sánchez es la contrapartida de una protección política - no ajena a cierta voluntad cooperativa -- a su trabajo como conseguidor. Un mismo mecanismo con dos resortes. Con su asombrosa irresponsabilidad, sus chalaneos espúreos, su soberbia encanallada, Sánchez y Zapatero han puesto al PSOE bajo la amenaza de una destrucción inevitable, facilitando así quince años de la derecha en el poder.
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