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Opinión | De la vida

Atilio González Hernández

Siervos del odio

MADRID, 20/07/2026.- Los jugadores de la selección española durante la celebración este lunes en la plaza de Cibeles de la conquista del Mundial 2026 por parte del combinado español. EFE/Sergio Pérez

MADRID, 20/07/2026.- Los jugadores de la selección española durante la celebración este lunes en la plaza de Cibeles de la conquista del Mundial 2026 por parte del combinado español. EFE/Sergio Pérez / SERGIO PEREZ / EFE

La conquista de la Copa del Mundo de Fútbol por parte de la Selección Española el domingo pasado ha resonado por todo el planeta. La selección de nuestro país ha recibido elogios unánimes de cientos de millones de personas y de los medios de difusión internacionales. Un motivo de orgullo para todos los que aman el fútbol y también para todos los que -sin ser apasionados de dicho deporte- se sienten parte de la nación española.

Pero en este contexto surgen dos noticias discordantes que me disgustan profundamente. Una ocurrió en la localidad navarra de Berriozar, donde una pandilla de enmascarados, provistos de bates y barras de hierro agredieron e hirieron a un grupo de nueve personas, que estaba tranquilamente en un bar presenciando el partido y animando a la selección española. La otra fue en Bilbao, cuando otro grupo de jóvenes, también enmascarados, pretendieron impedir violentamente la retransmisión de la final que -con la preceptiva autorización municipal- se iba a realizar en el parque de Doña Casilda de la capital vasca.

En ambos casos los asaltantes ocultaban su rostro porque sabían que actuaban contra la ley. ¿Qué sentimiento les movía? Es evidente que tales incidentes no se habrían producido si la final la hubieran jugado Italia y Argentina: así que los agresores no estaban motivados por un odio al fútbol, sino por el odio a la selección de España.

Entiendo que haya en España ciudadanos que la odian, y que odian a todo el que no comparta sus sentimientos: pero son una exigua minoría. Una minoría que pretende imponerse a la mayoría por la coacción y el terror. En pleno siglo XXI sigue manifestándose el fanatismo y el odio que tantos males han producido a una humanidad mil veces herida. No se puede erradicar, porque el odio -como la cizaña- siempre acaba apareciendo. Pero sí se puede desincentivar: simplemente aplicando la ley.

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