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Opinión | Un carrusel vacío

Marina casado

Finales a la altura

Imagen de la serie From

Imagen de la serie From / La Provincia

Recuerdo la sensación de terminar un libro de la saga de Harry Potter. Me dejaba un vacío, una intriga pendiente de resolverse, porque había que esperar a que se publicara el siguiente, y para eso quedaba, por lo menos, un año. Cuando llegara el momento soñado, yo estaría en la librería desde el primer día y tardaría dos en leérmelo. Durante el tiempo de espera, los aficionados a la saga sentíamos incrementarse nuestra afición: releíamos los anteriores, desarrollábamos hipotéticos finales en la cabeza y, cada vez que conocíamos a alguien, en silencio lo clasificábamos en una de las cuatro casas de Hogwarts. Mientras, leíamos otros libros, claro, pero nos parecía que ninguno llegaba al nivel de aquel que con tanto ahínco esperábamos.

A mí me ocurrió con Harry Potter, pero a otros les pasó algo similar con Crepúsculo, Memorias de Idhún o Los juegos del hambre. Y creo que esas sagas literarias que llegaron en mi adolescencia fueron el precedente –al menos, en el efecto que generaban– de las series actuales, que se han convertido en el producto cultural estrella en los últimos años gracias a la popularización de las plataformas. La pandemia de 2020 fue, en este sentido, un punto de inflexión, quizá porque la gente necesitaba continuidad, algo a lo que “engancharse” para olvidar lo que estaba pasando en el mundo real. Una película podía salvarte momentáneamente, pero las series te ofrecían un refugio hacia el futuro; al menos, mientras durase la temporada. Antes también consumíamos series, pero de otra forma: no las teníamos a golpe de clic; no podíamos ventilarnos una temporada en una semana, por ejemplo.

Pienso en todo esto porque ahora tengo la misma sensación que cuando esperaba el siguiente libro de Harry Potter, pero con una serie: From. Hace poco ha terminado la cuarta temporada y se anuncia la quinta, que será la última, para dentro de un año. Desde que la terminé, he intentado ver otras series, pero ninguna me ha satisfecho. Por no hablar del tiempo que pierdo leyendo teorías de fans sobre hipotéticos finales. Lo bueno es que esto solo ocurre cuando encuentras una serie que te encanta, que no es algo tan habitual.

From se encuadra en el género del terror: un misterioso pueblo al que llegan personas sin saber muy bien cómo han llegado, porque no se encuentra en ningún mapa, y después resulta imposible escapar; cuando lo intentan, regresan al mismo punto. El eterno retorno. La cosa no termina ahí: por las noches, unos monstruos humanoides campan a sus anchas por el pueblo y el bosque, y cada vez que tienen ocasión, asesinan a alguna persona. Por eso, los habitantes del pueblo deben pasar las noches encerrados en sus casas, protegidos por un extraño amuleto que cuelgan en la puerta y funciona como una barrera mágica contra los monstruos. Tras todo esto, una maldición y una antigua historia que los llegados al pueblo deben ir desvelando poco a poco.

La serie posee muchos puntos a favor: una atmósfera envolvente, una cadena de misterios fascinantes, unos personajes que no son estáticos, sino que van evolucionando a medida que avanza la historia, y algunos de ellos tienen matices muy interesantes. Tal vez lo único que me produce un cierto escepticismo es, precisamente, la cantidad de enigmas que se han acumulado para la resolución del conflicto, ¡y solo queda una temporada! Resulta un poco inquietante, en ese sentido, que sean los mismos productores de Lost: esa serie que nos enganchó con las primeras temporadas, pero, a medida que se alargaba, se iba desinflando en cuanto a interés, y al final no supieron dar con una resolución a la altura de las expectativas. Demasiadas cosas quedaron en el aire.

No soporto que las series largas dejen abierto el desenlace. Ocurrió con Twin Peaks, la obra maestra de Lynch cuya segunda temporada terminó con más preguntas de las que existían en un comienzo. Hubo que esperar veintiséis años para ver la tercera temporada, que tampoco arregló nada, porque era un alarde pretencioso de la genialidad de su creador. Un producto absurdo, carente de mensaje. A pesar de eso, las dos primeras temporadas me parecen magníficas.

Ojalá no ocurra algo parecido con From: que no queden misterios sin resolverse y que no recurran al truco del Deus ex machina. Por ejemplo, un final en el que los personajes vuelvan al comienzo, como si nunca hubieran topado con el árbol caído que les condujo al pueblo terrorífico. Sería absolutamente decepcionante; como si, en el último libro de la saga de Harry Potter, se nos desvelara que Harry nunca hizo magia: que sus aventuras fueron el resultado de un brote de esquizofrenia.

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