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Opinión | Observatorio

Luis de la Fuente, un estoico campeón del mundo

Luis de la Fuente, con la Copa del Mundo

Luis de la Fuente, con la Copa del Mundo

El Mundial de fútbol ha mostrado dos caras: la espectacularización del deporte como negocio —el show, la hidratación publicitaria— y, al mismo tiempo, un fútbol que va más allá del gol de Ferran que unió a todos sin distinción. En medio de ese escenario, Luis de la Fuente ha recuperado el pensamiento clásico y el estoicismo para construir un equipo campeón del mundo.

Su liderazgo ha revalorizado lo humano por encima del negocio. Ha unido el talento joven con la experiencia y la sabiduría de un maestro en la gestión de grupos. El fútbol no entiende de edadismo: el respeto a todos es esencial. Luis ha tejido la segunda estrella poniendo a las personas en el centro de la victoria.

Cuando a mis alumnos en la universidad les digo que hay que leer a Homero o a los pensadores clásicos para entender el presente deportivo, les sorprende. Sin embargo, las reflexiones de Luis confirman que debemos seguir aprendiendo de los clásicos. Las Meditaciones de Marco Aurelio han sido su lectura inspiradora para elevar el deporte a lo más alto del Olimpo.

Este Mundial me ha impresionado no solo por el arte de jugar, sino por la esencia del deporte que Luis ha difundido: su liderazgo en valores, sus reflexiones dentro y fuera del vestuario. Viéndolo, me pregunté: ¿qué hace Marco Aurelio en el vestuario de la Selección Española? A primera vista, un emperador romano y un entrenador de fútbol parecen mundos distintos, pero están más cerca de lo que imaginamos. Su legado trascenderá la alegría de ser campeones del mundo.

Luis lee a Marco Aurelio y a Séneca con la misma pasión con la que estudia el fútbol. Representa una nueva forma de liderazgo deportivo basada en la inteligencia colectiva. La fama le reconocerá por ganar el Mundial, pero su manera de entender el fútbol lo convertirá en referente para jugadores, entrenadores y educadores. Los jugadores son personas, no instrumentos del gol. El deporte es movimiento que conecta cerebro, cuerpo y entorno lúdico (Neuro deporte). El cerebro procesa la información entre cuerpo y movimiento para aprender a construirse como persona capaz de expresar ideas, emociones y valores. (Neuro plasticidad deportiva).

Frente a quienes hackean el fútbol con violencia, utilizan a los jóvenes o emplean el deporte para vender humo, deberían leer las reflexiones de Luis. Cuando preguntamos qué necesita un equipo para ganar, solemos hablar de talento, estrategia, preparación física, velocidad o concentración. Todo es cierto, pero los estoicos entienden que los partidos comienzan mucho antes: en la estabilidad emocional de quien ejecuta el arte de jugar. Lo vimos en las provocaciones y juego sucio de determinados jugadores argentinos.

El Fuentestocismo —como podríamos llamar a su filosofía— sostiene que quien no puede gobernarse a sí mismo difícilmente podrá dirigir a los demás. Cada repetición, cada decisión antes, durante y después de los partidos, cada reacción ante la adversidad modela el carácter del equipo.

Un entrenador no puede controlar el tiempo, el estado del césped, un rebote desafortunado o una decisión arbitral. Tampoco puede garantizar que un delantero convierta cada ocasión. Lo que sí puede controlar es la preparación, el ambiente del vestuario, la actitud del grupo y la forma de responder ante la adversidad. Su discurso rara vez gira en torno a sí mismo: habla del equipo, del esfuerzo colectivo, de la confianza, del respeto, de la humildad y del trabajo diario.

En estos días se ha estrenado Odisea, basada en la obra de Homero. Luis ha protagonizado su propia vuelta a casa, como Odiseo: alegrías, sufrimientos, dudas y finalmente el regreso a España levantando la Copa que une a todo un país. Va tejiendo el día a día y destejiendo los errores porque somos humanos.

Los jugadores recibieron premios individuales: Unai, Rodri y Cubarsí. En el caso de este último, su figura merece una mención especial. Con solo 19 años, representa ese talento joven que desmiente el discurso pesimista que a veces escuchamos en ciertos ámbitos: que la juventud está perdida, que «ya no es como la de antes».

Su calidad humana es tan grande como su calidad futbolística. No busca protagonismo, no rehúye responsabilidades y trabaja no solo porque cree en sí mismo, sino porque sabe que puede ayudar a los demás. En él se confirma que la confianza en los jóvenes es imprescindible: necesitamos talento, sí, pero sobre todo personas buenas, generosas y conscientes de que el éxito, vaya donde vaya, es siempre un éxito colectivo. No se puede olvidar a Pedri y otros jóvenes.

Las propias palabras de Cubarsí lo reflejan: «Me gusta ser el compañero que ayuda a sus compañeros y que siempre aporten cosas positivas al equipo». «Tengo muy en cuenta los valores que me han enseñado en casa: ser yo mismo, tener los pies en la tierra y ser una persona amable. También puedo ser buen futbolista sin tatuajes, aunque puede que alguno pequeño pueda hacerlo».

Si con Luis defendemos la experiencia, la sabiduría y los años necesarios para llegar a este camino, con Cubarsí defendemos el futuro: jóvenes con talento y, sobre todo, con una enorme calidad humana.

Luis ha defendido el fútbol con una estrategia clara: «Hay que jugar con presión en lo futbolístico, pero en lo emocional con calma, paz y relajación». «El Mundial es muy importante, pero hay en la vida otras cosas tan importantes o más que esto». «Ser fieles a nuestra idea, ser fieles a nuestro concepto, ser un equipo». «La suerte es donde confluyen la preparación y la oportunidad». «No hay logro sin sufrimiento».

Traduce los pensamientos estoicos al lenguaje de los deportistas.

La credibilidad de un líder se construye en su comportamiento diario. Luis no es rencoroso: cuando al principio del Mundial lo criticaron y dudaron del equipo, él siguió creyendo en sus principios. Ignora el ruido ajeno para centrarse en mejorar a su grupo. Es un líder sin ego.

Termino con una cita suya: «Un entrenador engloba muchas cosas: el aspecto futbolístico y el aspecto humano».

Gracias, Luis, por inspirar a futuras generaciones y ser el guardián de un estilo humanista del deporte.

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