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Opinión

Ana María Díaz Santana

La bandera arcoíris en la Plaza de Santa Ana

Cientos de personas posan en la Plaza de Santana Ana de Las Palmas de Gran Canaria para el fotógrafo Spencer Tunick.

Cientos de personas posan en la Plaza de Santana Ana de Las Palmas de Gran Canaria para el fotógrafo Spencer Tunick. / J. Pérez Curbelo

El día de Santa Ana, patrona de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria y titular de la Catedral de la Diócesis de Canarias, amaneció de colores en la plaza que lleva su nombre. No eran alfombras de sal y flores, como se acostumbra a admirar el día del Corpus. En esta ocasión, ocupaban el espacio, tendidos en el suelo, los cuerpos de mujeres y hombres desnudos y pintados con los colores de la bandera arcoíris. Se trataba de la obra del fotógrafo estadounidense Spencer Tunick, que tomaba forma bajo el título 'Gran Spectrum'. Dicen que, con ella, su pretensión era visibilizar de forma masiva y artística el espectro de la identidad LGTBIQA+, la diversidad y la libertad.

Al margen de sus propósitos, la exquisitez de su obra y su valía artística —aspectos que nadie pone en duda porque son territorio de los expertos y el tiempo los juzgará—, la cuestión que se planteó a posteriori fue la oportunidad: si aquel día fue el apropiado y aquel era el lugar.

Muchos de los ciudadanos que el 26 de julio, como cada año, se dispusieron para asistir a la Catedral y rendir pleitesía a la patrona del lugar, se encontraron con un espectáculo inesperado que les sumió en la desorientación y la sorpresa. No hablo de asombro, porque esa es una emoción que los grancanarios hemos ido disolviendo y apagando por nuestra calidad de habitantes en una tierra multicultural, de acogida y tránsito, cosmopolita y plural. Pero algo no encajaba.

La antesala de la Catedral, la Plaza de Santa Ana —que durante siglos ha sido el punto de encuentro del barrio de Vegueta, el ágora vecinal y el espacio que, además, servía de convergencia para el diálogo— se había convertido en un escenario (y no precisamente el de Don Juan Tenorio) improvisado y desconocido, justo a unas horas en las que empezaba a repuntar el día y se acercaban los primeros feligreses a la catedral.

La elección de Tunick de este entorno, según algunas interpretaciones, se debía a su deseo de unir el poder político y civil, representado por las Casas Consistoriales, con el eclesiástico, la Catedral, y situarlos frente a ese gentío multicolor que se identificaba con la vulnerabilidad, la plasticidad y la libertad.

Siguiendo el hilo de este concepto, y como la imaginación vuela sola, vino a mi mente una hipotética situación: la de contemplar a medio millar de personas en procesión con imágenes religiosas por la zona nudista de Maspalomas el día del Orgullo Gay. Se darían todos los elementos que presenciamos en aquella ocasión. Un propósito: evangelizar; un lugar heterotópico: desde el punto de vista del análisis cultural y sociológico de Michel Foucault, una procesión religiosa en una playa nudista representaría un fenómeno fascinante de choque heterotópico. Sería aplicar exactamente la misma fórmula artística y filosófica que usó Tunick, pero invirtiendo los roles: llevar el orden sagrado al templo del cuerpo desnudo. Y un día especial: el día del Orgullo Gay, tan significativo para el colectivo protagonista de 'Gran Spectrum'. Una fecha tan importante como lo es Santa Ana para un colectivo de ciudadanos igual de representativo en Las Palmas de Gran Canaria.

Quizá esta supuesta situación sí causaría asombro porque, a pesar de nuestra idiosincrasia tolerante, no la avala la libertad que adorna a la “expresión cultural” como consenso social. Pero sí se ha puesto de manifiesto que, dentro de una convivencia en paz donde prime por igual el respeto a los signos y valores de todos los grupos que la componen —sean del color y tamaño que sean—, se deben observar con lupa esos finos hilos que separan cuestiones muy afines como “la cultura y el espectáculo”, “la sinceridad y la grosería” o “la libertad y el respeto”.

El desprendimiento de las pinturas de muchos de aquellos cuerpos en la playa Chica y en la Cícer, dejando una estela sobre las aguas de un azul fosforescente, se lo dejamos a los ecologistas; ese es motivo de otro tema.

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