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Opinión | Tropezones

Lamberto Wagner

Cultura a perpetuidad

“Summer Exhibition 2026” de la Real Academia de las Artes de Londres.

“Summer Exhibition 2026” de la Real Academia de las Artes de Londres. / Real Academia de las Artes de Londres

Cada verano en los palaciegos salones de la Real Academia de las Artes de Londres se celebra la llamada “Summer Exhibition”. Es la mayor exposición periódica de arte contemporáneo del mundo, y reúne las aportaciones de obras de pintura, escultura y arquitectura tanto de artistas noveles como consagrados. Este año se admitieron18.000 solicitudes. De dicha entrega se vino a elegir alrededor de un 7% de obras que hoy se exhiben tanto en las paredes de las salas, tapizando las mismas de cuadros casi hasta el techo, como ocupando los salones, enseñoreados de maquetas de arquitectura, esculturas o varias instalaciones monumentales.

Este año tuve de nuevo la oportunidad de visitarla, con mayor razón dado que por segunda vez un trabajo de arquitectura de mi hija había merecido ser seleccionado.

Lo que llama más la atención, además de la variedad de temas y técnicas de las obras, es sin duda la extraordinaria calidad de las mismas, realzadas por la magnificencia de los salones de la Royal Academy. Los precios de las obras en venta, a semejante nivel por cierto.

Pero en lo que quisiera detenerme es en otro dato singular: ¡la exposición viene celebrándose anualmente y sin interrupción desde 1696! Ni la pandemia del Covid pudo con ella, aunque sí tuviera que rodarse del verano al invierno en ese año. Lógicamente los primeros siglos su implantación disfrutaría de la protección real, al haber hecho las paces el pueblo con la monarquía, ya olvidada la decapitación de Carlos I en 1646. ¿Pero cómo puede mantenerse hoy día un Salón de Verano convertido casi en una institución?

Yo me atrevería a apuntar tres razones principales que parecen ser consustanciales a la hora de apuntalar una costumbre, hasta elevarla al rango de tradición británica.

La primera sería mantener algún anacronismo, que pueda anclar el tema en el pasado: igual que verbigracia en la justicia inglesa perduran las grotescas pelucas, si se fijan con cuidado, en algunas paredes de las salas de la Summer Exhibition se puede observar una tenue línea superando el nivel de los ojos, por encima de cuya altura se presume una ubicación preferente. Pues me cuentan que el estar por encima del nivel de la vista viene motivado por la necesidad original de salvar la obstrucción visual de los sombreros de copa de los asistentes.

La segunda sería enmarcar el evento con la pompa y el oropel del ceremonial británico: ello se consigue en este caso, amén de otras disposiciones, mediante un oficio religioso en una iglesia próxima a la academia para los artistas seleccionados, que a continuación desfilan en vistosa procesión hasta la exposición que dan por inaugurada, agasajados con champán servido por una brigada de camareros uniformados.

Aunque la tercera razón de permanencia tal vez sea algo más prosaica.

Verán: tan solo por rellenar la instancia de la convocatoria, cada uno de los 18.000 aspirantes ha de abonar 40 libras esterlinas.

Y el que quiera visitar la solicitada exposición, preferentemente mediante cita previa, habrá de apoquinar no menos de 25 libras. Si se calcula una asistencia de 200.000 personas en los dos meses que dura el evento, igual estos dos meses cubren los gastos de la Academia el resto del ejercicio, como ocurre por poner otro ejemplo con el torneo de tenis de Wimbledon cuyas dos semanas de competición garantizan sin duda la espléndida continuidad del club.

En resumidas cuentas, no se pierdan la exposición de este 2026.

Sin duda también estará ahí el año que viene, y el otro, y el otro. ¿Pero estaremos nosotros?

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