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Opinión | La Calle Nueva

El inolvidable gallo al rojo vivo

Pérez Minik retratado por Pedro González.

Pérez Minik retratado por Pedro González. / JUAN cRUZ rUIZ

Una crónica reciente que es a la vez un abrazo a la historia de don Domingo Pérez Minik resalta el valor extraordinario que distinguió, y distingue, a uno de los personajes más importantes que ha tenido el siglo XX canario.

La crónica es de Antonio Salgado Pérez, que la publicó el último lunes en el Diario de Avisos y que me ha llenado de nostalgia y de alegría. Y también de estupor. Don Domingo está en el corazón de quienes lo conocimos, y de aquellos que sin conocerlo lo han seguido, como escritor, como apasionado del teatro, como ciudadano. Fue, como él dijo un día, “un gallo al rojo vivo”, porque contribuyó a que España, Canarias, y también el mundo, fueran mejores incluso en los peores tiempos de este país y del devenir de la vida.

Don Domingo vivió la guerra y las consecuencias de la guerra. Después contribuyó a que nunca se perdiera la importancia de un legado que ahí sigue, el legado de Gaceta de Arte, que cautivó a Andrè Breton y a los surrealistas de entonces, algunos de los cuales vinieron a la isla para saber más de un mundo que parecía ganarse al futuro. Luego la vida se hizo cárcel y unos fueron asesinados y otros fueron encarcelados por los sublevados que mataron y que mandaron matar. El tiempo no logrará acabar con aquella pena, que rompió este país y que a los de entonces los mandó al exilio o al fondo del mar, a la cárcel y al dolor.

Gaceta de Arte sigue siendo, gracias a los sucesivos exégetas de aquella era, el recordatorio de que olvidarse de aquella gente, de aquella época, sería una manera de romper con lo que sigue siendo una herencia civil, cultural, literaria, que entre nosotros bajó la exigencia después de la extraordinaria exposición casi universal que fue la de Escultura en La Calle organizada por el Colegio de Arquitectos. Aquello fue magnífico, inolvidable y señero.

Después de aquella exposición tan abundante de ideas y de promesas la isla (y las islas) vivió otros impulsos (César Manrique, Martín Chirino, muchos más) que mantuvieron al archipiélago tratando de encontrarse. Pero distintos modos del desánimo han hecho que en el archipiélago decaiga lo que fue aquella iniciativa de los arquitectos y de sus amigos artistas.

Nunca ha habido algo parecido a aquel entusiasmo que nació en el 31, se rompió en el 39 y halló su nuevo auge en aquel tiempo en que estaban vivos y juntos muchos de los que fueron parte del recuerdo de la República y tuvieron tiempo de conocer la alegría de la paz que trajo la democracia.

Así es la vida, y ahora me la ha traído con generosidad y buena memoria Antonio Salgado, que en los tiempos de don Julio Fernández y Aire Libre ya estaba al tanto de todo lo que pasaba en la isla y, sobre todo, en aquellos tiempos, del boxeo que tanto auge mantuvo en las islas. Salgado toma como pretexto a su excelente contribución al recuerdo del pasado un momento curioso de la capital de la isla.

Nada más entrar en lo que él cuenta (“A raíz de la anunciada demolición del Teatro Pérez Minik…”) confieso que el alma se me vino a los pies… Cuando vuelvo a la isla veo ese lugar, el Parque Viera y Clavijo, cerrado a cal y canto, sin duda organizado para ser en el futuro un gran espacio cultural allí donde convivieron las monjas con las estudiantes de diversas generaciones isleñas.

Evidentemente, antes, en su inmediato pasado, el Parque Viera y Clavijo sirvió para otros menesteres sin duda culturales, entre los cuales el teatro fue uno de sus intereses. Don Domingo fue, en el Círculo de Bellas Artes, que está viviendo un importante resurgimiento, uno de los grandes benefactores de la escena isleña, a través del Círculo. Lo recuerdo allí rindiéndole honor a Bertrand Russell, cuando el importante ciudadano inglés, al que él entrevistó en el Puerto de la Cruz antes de la guerra. Don Domingo era el adalid cosmopolita, con Westerdahl.

Don Domingo fue hombre de teatro, un crítico de la literatura y de las artes que engloban la escena, y era lógico que, cuando se abrió aquella etapa del Parque, se abriera para el maestro un lugar que abrazara su pasado. Que ahora se anuncie que el nombre de don Domingo ya no estará en este lugar que servirá en el futuro para explicar el pasado y el presente de las artes me produjo dolor y, sobre todo, extrañeza. Al menos, cuando Antonio Salgado escribió su texto que fue una noticia para mi, pensé que la autoridad que tacha el Teatro Pérez Minik como parte del futuro habrá tenido en cuenta al maestro para ser parte de otros símbolos o de otras actividades. Ojalá.

Teniendo en cuenta todo lo que fue Pérez Minik, habrá más de un renglón que él llenaría sin duda con su historia y con sus distintas sabidurías, y también con la amplitud de sus conocimientos, literarios y humanos. Para que la historia no se quede sólo en lo que ahora escribo, me gustaría subrayar algunos nombres propios de entonces (que siguen vigentes ahora) que convivieron en aquellos tiempos con los jóvenes que contribuyeron a que fuera llevadera la larga y terrible posguerra civil.

Los nombra Antonio Salgado y son, como don Domingo, como tantos, seres inolvidables de nuestro pasado, esta manera de presente que vive con nosotros: Domingo López Torres (asesinado en el muelle), Arístides Ferrer, Juan Marichal, Francisco Borges Salas…

En la era en que don Domingo Pérez Minik y otros de su estirpe seguían con nosotros, Miguel García Morales, excelente maestro de la televisión y del cine, juntó a extraordinarios intelectuales, periodistas, escritores, que supieron de la historia de las islas y participaron, con otros canarios ilustres, en la búsqueda del pasado de las artes. Eduardo Haro Tecglen, Francisco Nieva, Pedro Altares, Martín Chirino, Cristino de Vera, María Rosa Alonso, Brian Morris o José Ángel Ezcurra, el extraordinario director de aquel Triunfo que a veces pudo más que el régimen, hicieron de su conocimiento de la tierra una hermosa manera de ser de aquí.

Ahora cabe esperar que ese lugar que forma parte de nuestra historia, y de la historia de las artes y de la literatura, sea algún día como aquellos que buscaron los personajes de los años treinta que jamás pensaron que el futuro fuera a ser tan mezquino.

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