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Opinión

Adolfo Rodríguez

Adolfo Rodríguez

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El peligro de hablar sin saber

Las redes sociales han convertido cualquier acontecimiento en un juicio inmediato. Informarse, contrastar y pensar antes de señalar debería ser el primer paso, no el último.

Atendidos en Ceuta más de 600 migrantes tras la entrada masiva, 12 de ellos hospitalizados

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Qué poco valoramos el silencio. Parece que vivimos obligados a pronunciarnos sobre cualquier asunto, aunque desconozcamos sus causas, sus antecedentes o sus consecuencias. Da igual que se trate de política internacional, inmigración o una crisis diplomática: siempre aparece alguien dispuesto a dictar sentencia después de leer un titular, escuchar una conversación o ver un vídeo de apenas unos segundos.

Informarse antes de juzgar

Antes de emitir una opinión sobre un tema de actualidad deberíamos detenernos. Leer, buscar información, comparar versiones y consultar medios de comunicación contrastados. También debemos entender que cada medio posee una línea editorial y una forma concreta de interpretar la realidad. Es legítimo y forma parte de una sociedad plural, siempre que el lector sea consciente de ello.

El problema comienza cuando nuestros juicios no nacen de la reflexión, sino de lo que dicen nuestros vecinos, amigos o compañeros de trabajo. Repetimos frases ajenas como si fueran propias y asumimos argumentos sin comprobar siquiera si encajan con nuestros valores. Nos sumamos al ruido para no quedarnos fuera de la conversación.

El odio también se alimenta de ignorancia

La crisis vivida en Ceuta volvió a demostrarlo. Las redes sociales se llenaron rápidamente de mensajes cargados de rabia, resentimiento y odio. Muy pocas personas se detuvieron a analizar el contexto geopolítico, las decisiones diplomáticas o los intereses que podían encontrarse detrás de una situación tan compleja.

Resultaba más sencillo buscar un culpable inmediato. Elegir un nombre, señalarlo y repetir que todo era responsabilidad suya. No hacía falta aportar pruebas, construir un argumento ni escuchar una explicación diferente. Bastaba con gritar más fuerte.

No todo merece una opinión inmediata. Callar cuando no conocemos los hechos no es cobardía: es responsabilidad. Informarse no significa buscar argumentos que confirmen lo que ya pensamos, sino aceptar que podemos estar equivocados. Repetir una consigna no nos convierte en personas críticas. Señalar a un culpable sin entender el problema tampoco nos hace más valientes. A veces, el gesto más honesto y revolucionario consiste en guardar silencio, leer y pensar.

El pensamiento crítico exige esfuerzo

La realidad casi nunca cabe en una frase, un eslogan o una publicación de veinte segundos. Los grandes acontecimientos suelen responder a numerosos factores y no pueden explicarse culpando siempre a la misma persona, al mismo partido o al mismo grupo social.

Opinar es un derecho. Pero ejercer ese derecho con responsabilidad exige tiempo, dudas y argumentos. También requiere reconocer cuándo no sabemos lo suficiente. Quizá antes de hablar deberíamos preguntarnos si nuestra opinión es realmente nuestra o si solo estamos repitiendo lo último que escuchamos.

Porque, en ocasiones, una persona desinformada hablando con absoluta seguridad dice mucho más sobre sí misma que sobre aquel a quien pretende juzgar.

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