Opinión | Retiro lo escrito
Estadios, riqueza, cohesión social

Estadio de Gran Canaria
El gran descubrimiento de los responsables políticos sobre quienes les pagan los sueldos consiste en que los canarios son unos mirones. La clase política lo tiene muy estudiado: lo que más les entusiasma a los canarios es mirar. Canarium esse est observare et applaudere. Y cuando no se puede mirar algo sobreviene una tristeza desoladora, el marchitamiento de una esperanza de novelería, como documentó recientemente Lope Afonso, cuando los tinerfeños se quedaron sin ver a ciclistas famosísimos corriendo por las carreteras de la Isla. Porque, claro, los esfuerzos se centran, invariablemente, en ver cosas que vengan de fuera, porque aprender a mirar lo que te rodeada es muy poco interesante y tal vez, incluso, peligroso, dañino, frustrante. Esta solidaridad institucional con el voyeurismo de la peña atraviesa todo el espacio entre la izquierda y la derecha. Por ejemplo, un dirigente supuestamente de izquierdas, Antonio Morales, va a licitar dentro de unos días el proyecto La Nube de ampliación y reforma del Estadio Insular de Gran Canaria por valor de 234 millones de euros. Una minucia si se considera que el remozamiento y/o modrnización del recinto «mejorará la economía, las oportunidades y el espacio público de Gran Canaria», Morales dixit. Sin duda para evitarnos neuralgias, Morales y sus cuates evitan amablemente contarnos cómo la ampliación del estadio mejorará la economía de Gran Canaria. ¿Y qué me dicen ustedes de las oportunidades? ¿A qué se referirá el último de nuestros santos laicos? Tal vez quiera decir - el alma de Morales es un palacio de sutilezas -- que la ampliación del estadio mejorará las oportunidades para emprender la ampliación del estadio. El presidente del Cabildo sostiene incluso que el engrandecimiento del Estadio Insular mejorará la cohesión social en Gran Canaria, por sus sagradas pituitarias, ya no se presenta ningún estudio en tal sentido. Pero vamos a lo realmente importante: poder ver grandes selecciones y jugadores de fútbol en el Campeonato Mundial de 2030, que como nadie ignora se celebrará en España, Portugal y Marruecos. Sin embargo, y sin querer pecar de agoreros, no cabe descartar sorpresas desagradables: demasiada tardanza en las obras de reforma, una evaluación negativa de las mismas por parte de la FIFA, alguna sutil o brutal gamberrada del gobierno de Su Majestad Mohamed VI, que hace unos días planificó y espoleó la entrada en Ceuta de más de 70.000 de sus súbditos. Sería gracioso gastarte 334 millones de euros - y los que se sumarán - y no ver aquí ni un puñetero partido.
El alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez, también quiere su propio estadio, pero para pestárselo - es un hombre generoso y de gran corazón - al Club Deportivo Tenerife. Anhela un gran pabellón municipal deportivo y multifuncional en Las Mantecas, donde dispone de unos 40.000 metros cuadrados y entiende que es una infraestructura «prioritaria», por lo mismo que los ejemplos anteriores. Un chollo, lo de los grandes estadios. La presidenta del Cabildo tinerfeño, Rosa Dávila, también está entusiasmada con levantar un Tenerife Arena, descrito como un cuerno de la abundancia y una construcción icónica que se sume al Padre Teide, la Virgen de Candelaria y el CD Tenerife. Visto lo visto a cualquiera se le antojará incomprensible que las administraciones públicas no se lancen a construir estadios y pabellones deportivos como una industria imparable para garantizar la prosperidad económica, la cohesión social, la felicidad de los contribuyentes y esa afán de ver deportistas celebérrimos y equipos maravillosos y, en su caso, grandes conciertos y espectáculos musicales, porque si tenemos un grave déficits en Gran Canaria y Tenerife es en conciertos y espectáculos musicales. Si algún chinchoso quiere referirse a la angustiosa necesidad de vivienda pública, todo se puede estudiar. Se podría alquilar a precios populares las gradas para pernoctar con ofertas especiales para excluidos, jóvenes, parados de larga duración y desahuciados. El agua y la luz, por supuesto, aparte, limpiando cada beneficiario las gradas ocupadas por la noche. Pues les aseguro que habría gente capaz de quejarse y boicotear la cohesión social.
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