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Opinión | Punto de vista

Romina Naranjo

Expertos de todo, profesionales en nada

El volcán Tajogaite de La Palma.

El volcán Tajogaite de La Palma. / Kike Rincón

Si algo aprendimos en el pasado 2020, y posteriormente en el 2021, es que los españoles tenemos una grandísima capacidad para sentirnos expertos de todo, aunque en la práctica no seamos profesionales en nada.

La Pandemia del COVID-19 o la erupción del Cumbre Vieja en La Palma descubrieron que vivimos rodeados de epidemiológicos, expertos en salud ambiental, en política de confinamiento, vulcanología, cambio climático por situación adversa y un sinfín de temas para los que incluso no existía nomenclatura previa.

En estos días que corren, brotan de la tierra los expertos en crisis migratorias, repartición de terreno o políticas de acogimiento migrante. Una locura de opiniones lanzadas de forma gratuita y fácil ante cualquiera dispuesto a escucharlas.

Si el papel lo aguanta todo, las plataformas digitales de creación de contenido tienen un soporte más resistente que la tela de la araña que sostenía a los elefantes en aquel soniquete que todos llegamos a entonar de niños.

No vamos a entrar en el peligro que entraña el consabido “hablar de lo que no se sabe”, este espacio no es para eso. El tema que nos atañe en este intrusismo laboral de profesionales que lo saben todo pero no tienen experiencia en nada vamos a centrarlo en el aspecto social que ocupa a nuestras islas; y es que si bien no existe un porcentaje estadístico cerrado en el sector educativo, son muchos los colegios profesionales que denuncian la falta de profesionales especializados dentro de las instituciones públicas para llevar a cabo labores profesionales que se encuentran en manos de quienes no lo son.

Dentro de la intromisión se reivindica especialmente a los colectivos de educación social o docentes de actividades deportivas, quienes reclaman, y con razón, exclusividad en la selección de empleados, solicitando una preparación demostrable dentro del área postulada.

Los vacíos en la normativa, la falta de una regulación estable o que no se inspeccione de manera adecuada la contratación en sectores sensibles como son la educación, provocan y seguirán provocando que en nuestras islas, los puestos deseados en lo relativo al colectivo social y de aprendizaje sigan estando en manos de expertos de todo y profesionales en nada.

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