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Opinión | Imágenes

Andreu claret

Sánchez y los italianos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, conversa con la presidenta de Italia, Giorgia Meloni.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, conversa con la presidenta de Italia, Giorgia Meloni. / Pool Moncloa y Pool Presidencia / Pool Moncloa y Pool Presidencia

Las críticas que suscita el presidente Pedro Sánchez en España no se corresponden con la imagen más bien positiva que tienen de él un porcentaje relevante de europeos. En ello coinciden las encuestas disponibles. Donde esta paradoja alcanza su máxima expresión es en Italia, donde Sánchez es el único líder europeo que aprueba (5,3), lejos del estadounidense Donald Trump (2,8) y por delante del canciller alemán Friedrich Merz (4,5) o el presidente francés Emmanuel Macron (4,2).

Son datos de cuando la corrupción ya asomaba por las costuras del PSOE y del Gobierno. Poco antes, la revista L’Espresso había llegado a nombrarlo Persona dell’ Anno. ¿Por qué les pirra tanto a los italianos, más allá de su condición de bell’uomo? ¿Qué hay en ello de la fascinación romántica que sufren los italianos por España, desde el Rissorgimento, y a qué corresponde atribuir a las virtudes, reales o supuestas, del líder socialista español?

Para los italianos que le valoran positivamente, Pedro Sánchez encarna la némesis de todo aquello que ha sido la política italiana de las últimas décadas. Supone la antítesis de la era Berlusconi que liquidó la finezza florentina de la Italia surgida de las cenizas del fascismo. Entre las virtudes que ve en su homólogo español, la líder de la izquierda italiana, Elly Schlein, suele destacar la dignidad y la soberanía. En muchos de nuestros ambientes, puede parecer inmerecida la alabanza, pero en un país que, en pocos años, ha pasado de ser un laboratorio avanzado de la política europea a campo de experimentación del trumpismo, el elogio cobra otro sentido. No es de extrañar que Giorgia Meloni haya asumido algunas de las posiciones que han hecho de Sánchez un David europeo enfrentado a Trump en las guerras de Gaza e Irán.

Lo tiene más difícil en política nacional. Entre las virtudes que muchos italianos atribuyen a Sánchez cuenta la identificación de España como un país emprendedor, capaz de sacar fuerzas de sus propias flaquezas. Como hizo Italia después de la Segunda Guerra Mundial. Sin necesidad de recurrir al Mundial de fútbol, para el que los azzurri ni siquiera se clasificaron, los datos son abrumadores.

España crece el triple que Italia. Mientras 300.000 italianos residen en nuestro país, solo 30.000 españoles viven en Italia. Otro dato, relacionado con algo tan importante para los italianos como es su diáspora. Mientras el 74% de los italianos que han ido a vivir a Alemania han vuelto a su país, solo lo han hecho el 22% de quienes fueron a vivir a España. No hay aspecto de la vida pública que escape a una comparación desfavorable para ellos.

Hace unos años, bailábamos con Mina, la Carrà o Gigliola Cinquetti. Hoy los italianos escuchan, asombrados, a Rosalía. No pocos piensan que las políticas de Sánchez han contribuido a hacer posible esta España que envidian. La que tiene un salario mínimo de 1.221 euros mientras este no existe en Italia. La fascinación no es de ahora.

En Viva Zapatero!, un documental del 2005, ya elogiaron nuestro arrojo en derechos civiles. Han pasado muchas cosas desde entonces, pero España continúa deslumbrando a los italianos.

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