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"Calígula es un reto que intento cumplir cada noche"

El actor barcelonés Pablo Derqui da vida a Calígula en la versión que orquesta Mario Gas a partir de la obra dramática de Albert Camus, que explora el absurdo existencial a través del camino de destrucción que emprende el emperador romano al constatar que "los hombres mueren y son infelices"

"Calígula es un reto que intento cumplir cada noche"

"Calígula es un reto que intento cumplir cada noche"

Pablo Derqui (Barcelona, 1976) se adentra en los abismos de Calígula y la cruzada contra su propia mortalidad. A las órdenes de Mario Gas, el actor construye un emperador romano que encarna la angustia existencial del ser humano contemporáneo con los mimbres del dolor, la destrucción, la tiranía, la lucidez y el miedo a lo que somos. El eco de los aplausos que ha recibido su interpretación, desde su estreno en el Teatro Romano de Mérida a 33 grados el pasado julio, es alargado como la sombra de las preguntas no resueltas.

¿Qué fue lo que más le atrajo de la oscuridad de Calígula?

C alígula es uno de esos textos con los que soñamos todos los actores, porque el personaje principal es como un Hamlet o un Roberto Zucco, que forman parte del teatro universal, así que son retos que quieres intentar cumplir. En este sentido, cuando Mario me lo propuso, simplemente la seguridad con que lo hizo fue una confianza añadida, porque dijo: "Yo lo hago si lo haces tú". Entonces, me dije: pues voy a intentarlo; no sé si voy a ser capaz, pero voy a ver cómo se desarrolla, así que Calígula es un reto que intento cumplir cada noche.

Dice que Calígula, como Hamlet, es un personaje que nunca se acaba. ¿En qué sentido?

Pues son esos personajes que son inabarcables, porque tratan muchos temas que son universales, porque son cosustanciales al hombre en todas las épocas. Y Calígula es así; por eso, nunca se acaba. Luego, también está la manera en que el autor ha perfilado estos temas, porque Calígula habla de la contingencia humana, la finitud de las cosas, la falsa moral en la que vivimos, las aparentes mentiras, que son cuestiones que todos vivimos y padecemos. Calígula esencializa todo eso porque teje un discurso alrededor de todos estos temas, que a todos nos tocan, pero que no tienen fin.

¿Cómo se lleva a escena una obra tan filosófica, casi etérea, durante dos horas de función?

Sin duda, la obra es muy discursiva, muy retórica, hija de una tradición francesa que, aunque sea teatro moderno, bebe de Racine o Corneille. El valor de la palabra es esencial y requiere una atención muy detenida, mientras que, al mismo tiempo, al ser tan filosófica, el texto tiene que llegar muy claro y nítido al público. Y eso es un esfuerzo añadido, pero muy bonito y que, además, parece que ha gustado, así que estamos muy contentos, de verdad.

¿Dónde se origina el tormento arrasador de Calígula?

En la verdad de que nacemos y morimos. Calígula o, al menos, el personaje histórico, es alguien que es recordado por su crueldad, su tiranía y sus excesos, pero Camus toma ese ejemplo histórico, sin pretensiones historicistas, para tratar el tema de la finitud humana. No quiero ser pesimista, pero aunque pretendamos infinitos y pensemos que somos eternos, o que nuestra moral tenga pretensiones de universalidad y absolutismo, lo cierto es que nacemos y morimos. Y el personaje asume ese dolor, tan común a todos, a pesar de que nos engañemos al crearnos constructos mentales y vivamos como si fuésemos a durar siempre. Calígula asume esa condición y lo que intenta es despertar a la gente ejerciendo el poder, casi desde un punto de vista pedagógico, pero lo hace escribiendo en renglones muy torcidos.

¿En algún momento logra comprender -no tanto empatizar con- las sombras de Calígula?

Es que la vida es sombra. También es luz, pero desde la sombra. Nosotros vemos la luz y nos iluminamos cuando tenemos claroscuros, como los tiene Calígula. Lo que yo intento es que lleguen al público todos esos colores, que cada noche cambian un poco. En este sentido, Calígula es una manera muy circular de reflexionar, pero cada día aparecen matices nuevos. Este tipo de personajes te descubre registros a los que puedes llegar y que antes tal vez no habías transitado tanto.

El público se ha rendido a su interpretación. ¿Cómo ha recibido esta acogida?

Calígula es un personaje que, así como para cualquier actor es un reto atractivo, también el público quiere ver a Calígula. Imagino que piensan: "A ver cómo hace el actor este a Calígula" (Risas). Sin embargo, es curioso porque mucha gente no conoce la obra, pero sí al personaje, así que es como un referente que la gente tiene en la cabeza. Y cuando pienso en la acogida, me pregunto a quién he engañado o cómo podré seguir aguantando esta mentira. Los actores somos fingidores y este un personaje vistoso, chocante, pero no esperaba que conectase tanto con el público. Con todo, las críticas siempre son una doble presión: cuando son malas, porque son malas y, cuando son buenas, temes no poder mantenerlo. Pero yo soy muy dudoso por naturaleza, así que me he acostumbrado. Y bienvenidas todas las críticas, pero cada público es diferente y ya veremos.

En su visita anterior al Cuyás encarnó a Jim, proxeneta yonqui del Berlín de Lou Reed, dirigido por Andrés Lima. ¿Cómo distingue entre intensidad y exceso?

Desde Berlín era una historia de amor desgarrada e intensa, pero, desde el punto de vista del texto, en Calígula hay mucha más palabra. En la obra de Lou Reed había más poesía y más música, también mucho cuerpo, pero en Calígula hay más reflexión, aunque es un desgaste importante a nivel físico. No sólo tengo que beber mucha agua, sino que pierdo peso en las funciones, porque le das mucho al personaje, así que es un desgaste, pero es muy chulo y muy divertido.

Aunque ha participado en series, como Pulsaciones , y en filmes como Neruda o María y los demás , ¿se considera un animal de teatro?

El teatro es donde me he formado, así que me siento más de teatro porque es como mi casa, a donde sé que puedo volver siempre. Por suerte, nunca me ha faltado trabajo en el teatro, así que es un lugar al que siempre vuelvo y que, de hecho, necesito. Me gustaría poder dedicarme muchísimo más al cine, pero en este país es difícil, porque las producciones son pocas, hay poco riesgo y, luego, un actor se pone de moda y hace todas las películas. Esto es así, vivimos donde vivimos y uno no se puede amargar. Aun así, me gustaría hacer mucho más cine. Y televisión, de un tiempo a esta parte, he hecho bastante, así que el cine es lo que me falta un poco más.

Y a la luz de un montaje filosófico como el que protagoniza, ¿diría que hoy s e arriesga más en teatro que en cine?

Las producciones con menos dinero pueden arriesgarse más, siempre. Yo agradezco que una productora grande como Focus se haya lanzado con este texto que no es un texto comercial al uso y poder hacerlo una suerte. Ahora, con las nuevas leyes del cine es más difícil levantar una película pequeña, alternativa, aunque tenga que rendir menos cuentas, pero las películas con más presupuesto pasan muchos filtros y arriesgan menos, por una cuestión del sistema en el que vivimos. Con la televisión empieza a pasar un poco más porque se están abriendo las plataformas, el público es diferente y pide productos más pormenorizados, más arriesgados. Hoy se está empezando más, pero cuesta y, aun así, creo que se dará más en el futuro. Y los actores, claro, lo agradecemos mucho.

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