Salud

Calixto Herrera aplica un método para anular el dolor en los colegios canarios

Se trata del proyecto Orugas y Mariposas de Colores en los Pupitres de Nuestra Escuela y surge para encarar los desafíos actuales de la comunidad educativa 

Calixto Herrera durante una sesión con alumnos de  un centro de Tenerife.

Calixto Herrera durante una sesión con alumnos de un centro de Tenerife. / LP / DLP

El psicopedagogo de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, Calixto Herrera, imparte en las aulas canarias un método llamado Orugas y Mariposas de Colores en los Pupitres de Nuestra Escuela para hacer frente a los momentos difíciles de adversidad, pérdida, dolor, sufrimiento o muerte entre todos los miembros de la comunidad educativa.

El proyecto surge, de manera formal, en el año 2013, con la finalidad de responder a los grandes desafíos a los que se enfrentan las escuelas canarias y se enfoca hacia toda la comunidad educativa, aplicándose al alumnado y a sus familias, además del profesorado, personal de servicios y otros agentes y recursos socio-sanitarios. En su primera fase, tuvo un carácter experimental, pero con el tiempo, se ha convertido en una línea de servicio estratégico que ofrece la Consejería de Educación de Canarias, muy demandada por los centros educativos. Por este proyecto, Herrera ha sido condecorado con la Orden al Mérito Civil que esta semana recibía de su Majestad Felipe VI. En su funcionamiento, Orugas y Mariposas de Colores articula dos vertientes.

 Por un lado, la normalizadora y curricular para integrar la muerte en el proceso educativo a través de la sensibilización, información y formación. Y, por el otro, la paliativa, aplicándose en situaciones reales de pérdida, muerte y duelo, con acompañamiento y apoyo directo a las escuelas. «Es un proyecto que va dirigido al alumnado de todas las etapas, desde educación infantil, FP y bachillerato, y siempre desde una perspectiva educativa y socio-comunitaria, lo cual nos ha permitido colaborar con las universidades canarias, con asociaciones y otras entidades socio-sanitarias vinculadas al afrontamiento de situaciones de enfermedad, pérdida, muerte y duelo», señala el propio Herrera.

 «Partimos de la premisa de que el niño o la niña que convive con la verdad, es capaz de enfrentarse a la vida. En los proyectos educativos de los centros se suele afirmar que estamos educando para la vida, pero esa declaración tenemos que fortalecerla y convertirla en educar para la vida teniendo en cuenta la muerte». Desde el proyecto Orugas y Mariposas de Colores están en conexión directa con otros servicios y recursos. Entre ellos se encuentran, por un lado, los de la propia Consejería de Educación como Centros del Profesorado, Eoep, Inspección de Educación, Aulas Hospitalarias, PROA+ o Necesidades Educativas Especiales. Y, por el otro, los de ámbito socio-sanitario incluyendo ayuntamientos, cabildos, asociaciones, etc. «La solicitud de ayuda cuando se produce una situación de pérdida, puede proceder de cualquiera de estos servicios, bien, directamente de un centro educativo, o bien, desde otros servicios o departamentos». 

De esta manera, desde esa primera conexión, se activa el procedimiento para una respuesta inmediata, dentro de las posibilidades, basada en el ofrecimiento de un apoyo y asesoramiento directo a los centros, con espacios de escucha y acompañamiento con el alumnado, el profesorado y las familias, de manera individual o grupal. «Ante este tipo de situaciones, la persona que coordina el proyecto desde la Consejería de Educación, concretamente desde el Servicio de Inclusión Educativa, constituye un eslabón más dentro de la gran cadena preventiva y promotora de resiliencia y esperanza, que actúa como un conjunto de manos entrelazadas, como son los equipos directivos de los centros, orientadores y el profesorado, en especial los tutores», aclara. 

Existe una mirada social un tanto distorsionada sobre lo que sucede y habita en los centros educativos. «Se suele pensar que en las escuelas e institutos son espacios exclusivos donde vive la alegría, la inocencia, el dinamismo y las ilusiones de los niños, y adolescentes», señala. Sin embargo, «debemos hacer hincapié en que, también, en las escuelas, nos encontramos con una constelación de situaciones marcadas por el dolor, y que llegan a superar la ficción. Por ello, es importante no perder de vista que, nuestros niños, y adolescentes, no sólo se están preparando para la vida, sino que ya la están viviendo y experimentando. Y algunos de ellos y ellas, incluso ya están atragantándose con experiencias de adversidad, dolor y soledad».

 Así, a lo largo de todos estos años, en las escuelas canarias «hemos venido acompañando situaciones de pérdida de todo tipo y naturaleza: muertes naturales, ocasionadas por enfermedades; accidentes; suicidios; homicidios; «duelos de la migración»; situaciones de emergencia y catástrofe como la pandemia de la COVID-19; la crisis volcánica de La Palma, que se fueron anudando con otros desastres ambientales ocasionados por incendios forestales devastadores en La Palma, Tenerife y Gran Canaria», señala.

La incorporación de la muerte y la Pedagogía de la Muerte en los currículums educativos ha sido siempre un desafío para los sistemas educativos, no sólo para el sistema educativo español, sino también para el resto de países de nuestro ámbito socio-cultural. Las experiencias en esa línea han sido diversas, fragmentadas y de distinto recorrido. 

Enfoque comunitario

Pero como proyecto socio-educativo, con un enfoque comunitario, coordinado y dinamizado directamente desde una Consejería de Educación, «Orugas y Mariposas de Colores de Canarias, constituyó una iniciativa pionera dentro del Estado Español, junto a otras experiencias y dinámicas de atención a la pérdida existentes en otras comunidades autónomas, con diferentes características. Es un proyecto muy valorado por la propia Consejería de Educación del Gobierno de Canarias», asegura el psicopedagogo. 

Para el experto, las situaciones más complejas de gestionar son las muertes por suicidio, homicidio y accidentes, «en las que confluyen circunstancias y características que añaden complejidad al proceso de duelo». Ese camino del duelo va a ser recorrido de manera única por cada niño, niña y adolescente, «siendo fundamental el acompañamiento del entorno, especialmente de sus dos familias: la familia biológica y su segunda familia que es la escuela». 

Y un alumno en una situación de pérdida es una víctima más fácil del bullying. «El acoso escolar, ha sido calificado como un factor de riesgo en la vida de un niño, niña o adolescente, sobre todo si lo vive en situación de invisibilidad, aislamiento, soledad y desesperanza. No hay que perder de vista los otros barrios digitales por los que transita nuestra población infantil y juvenil a través de internet y las redes sociales».

Finalmente, los familiares, de un niño con estas circunstancias, pueden acudir directamente a estos profesionales. «Es una situación que vivimos con frecuencia», asegura el psicopedagogo. 

«Esa llamada de las familias constituye una de las vías, si bien, desde el primer momento, siempre intentamos orientarla a contactar y comunicarse directamente con su centro, para coordinar las respuestas».