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¿Sabías que la menopausia puede haber salvado a la humanidad? Así lo explica esta ginecóloga canaria viral

La doctora Matilde Gómez Frieiro se hace viral al desvelar la sorprendente teoría evolutiva que explica por qué las mujeres viven décadas sin ovular

¿A qué edad comienza la menopausia?

Redacción

Johanna Betancor Galindo

Johanna Betancor Galindo

Las Palmas de Gran Canaria

Las mujeres, nacemos, crecemos, nos reproducimos o no. Luego vivimos décadas en un estado biológico sin ovular y sin ciclos. A simple vista, podría parecer que es un error del cuerpo, una anomalía, pero según la doctora Matilde Gómez Frieiro, ginecóloga y creadora de contenido divulgativo en redes, es en realidad una de las claves evolutivas que ha permitido la supervivencia de nuestra especie.

Su explicación, cargada de claridad y humor, ya es viral: “Las mujeres no nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Nacemos, crecemos, nos reproducimos (o no), vivimos treinta años en menopausia y entonces morimos”. La hipótesis que lo justifica se radica en la teoría de la abuela.

Una estrategia evolutiva

Lejos de ser un “fallo” de la biología, la menopausia explica la doctora Gómez Frieiro es una adaptación evolutiva. Un rasgo que solo comparten los seres humanos y algunas especies de cetáceos como las orcas o las belugas, y que tiene una función clara, el poder cuidar la vida en lugar de seguir creándola.

“Una mujer que llegaba a la menopausia en la prehistoria era una mujer con genes fuertes. Había sobrevivido a su infancia, a enfermedades, guerras, partos. Esos genes valían la pena, pero seguir reproduciéndose a esa edad era arriesgado porque los embarazos podían acabar mal y dejar huérfanos a los hijos pequeños”, explica.

Los sofocos es uno de los síntomas más usuales en las mujeres que ya tienen la menopausia

Los sofocos es uno de los síntomas más usuales en las mujeres que ya tienen la menopausia / FERRÁN NADEU

Así que, según esta teoría, la naturaleza optó por otra vía. Hizo que esas mujeres dejaran de tener hijos, para que pudieran ayudar a sus hijas a criar a los suyos, transmitir conocimiento, cuidar del grupo. Una estrategia silenciosa, pero poderosa, que aseguraba que los nietos sobrevivieran, que las hijas no murieran en los partos, que la tribu siguiera creciendo.

Ballenas, sabiduría y plantas medicinales

Las mujeres menopáusicas, en este relato, son centros de conocimiento y equilibrio social. “Sabían qué plantas servían para qué síntomas, ayudaban en los partos, en la lactancia, en la crianza. Transmitían información vital para la tribu”, añade Gómez Frieiro. La menopausia, lejos de marcar un final, abría una nueva etapa: la de producir, cuidar, enseñar, transmitir.

La teoría fue planteada inicialmente por el biólogo estadounidense George C. Williams en 1957 y más tarde desarrollada por la antropóloga Kristen Hawkes en los años 90. Ambas investigaciones defendían que las mujeres mayores que ya no podían tener hijos eran esenciales para la supervivencia de la especie.

Estudios realizados posteriormente en Canadá y Reino Unido confirmaron este patrón también en cetáceos. Las orcas, por ejemplo, viven décadas tras su último parto, y sus crías y nietos tienen más probabilidades de sobrevivir cuando ellas están presentes. Lo mismo se ha observado en elefantes asiáticos, donde las matriarcas mayores ayudan a proteger a los más pequeños.

Una etapa para seguir siendo esenciales

La doctora, que también recoge esta reflexión en su libro “Mujeres sin reglas”, subraya que es hora de resignificar el sentido social de la menopausia. “Es una etapa más de nuestra vida, en la que dejamos de reproducirnos para poder simplemente producir lo que nos apetezca”, dice. En su discurso hay un mensaje feminista y reivindicativo: la menopausia no es el final de nada, es un cambio y oportunidad para un nuevo rol.

Durante siglos, la medicina y la cultura han asociado la menopausia al deterioro o la pérdida de valor. Pero desde la biología y la evolución, el cuerpo de la mujer se convierte en transmisoras de experiencia, consuelo y memoria.

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