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PSICOLOGÍA

No es magia, es inteligencia emocional: cinco claves para transformar tu día, según la psicóloga Nayara Ortega

Un pensamiento puede encender la tormenta, pero también puede apagarla

Manejo de las emociones

Manejo de las emociones / LP/DLP

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Johanna Betancor Galindo

Johanna Betancor Galindo

Las Palmas de Gran Canaria

Durante mucho tiempo pensaste que tu estado de ánimo era como el clima: impredecible, incontrolable, ajeno. Que la tristeza, el enfado o la ansiedad llegaban como tormentas, sin previo aviso, y solo quedaba esperar a que pasaran. Pero la psicología lleva años recordándonos una verdad más útil, pues podemos entrenar la mente para no quedarnos a vivir en lo que duele.

“La emoción aparece. Lo difícil es no quedarse a vivir en ella”, explica Nayara Ortega (@nayaraortega_psi), psicóloga especializada en gestión emocional. Según la experta, el primer paso para transformar lo que sientes es entender cómo funcionan tus emociones, ya que no son eternas, aunque a veces lo parezcan. “Son temporales, pero tú puedes influir en cuánto duran”.

Y la clave, dice, está en cómo las alimentamos. Las emociones son respuestas bioquímicas generadas por el sistema límbico, activadas por lo que pensamos o vivimos.

El dato es revelador, puesto que duran unos 90 segundos en el cuerpo antes de ser metabolizadas. ¿Entonces por qué seguimos enfadados todo un día? Porque seguimos pensándolas.

No alimentes lo que te duele

El pensamiento negativo tiene fuerza. Si te repites una crítica, una mala experiencia o una preocupación durante horas, lo que haces es mantener la emoción activa. “Ese bucle de pensamiento condiciona nuestras decisiones y puede llevarnos al agotamiento, la desesperanza o la inacción”, advierte la experta.

Cambia el foco y tu mente cambiará contigo

La atención funciona como una linterna: ilumina lo que elijas mirar. Si enfocas lo que salió bien, aunque sea pequeño, tu cerebro se activa en modo solución. “Cuando diriges tu atención a lo que tienes, en vez de lo que falta, tu mente te ayuda a encontrar recursos que antes no veías”, señala la psicóloga. Lo positivo no desaparece, simplemente no lo estás mirando. Pero está ahí, esperando que lo veas.

Muévete, respira, actúa

“El cuerpo es la puerta de entrada para cambiar tu emoción”. Sal a caminar, estira los brazos, escucha música o llama a alguien. Lo importante es interrumpir el bucle con algo físico que te devuelva al presente. “El cuerpo ayuda a cambiar la emoción cuando la mente no puede sola”, dice Ortega. Actividades físicas combinadas con atención plena pueden cortar la rumiación y bajar la intensidad de lo que sientes.

Rodéate de estímulos positivos

El entorno también te afecta. La música que escuchas, las personas que te rodean, el contenido que consumes. “Elige estímulos que sumen, no que resten”, recomienda la experta. Conversar con alguien que te entiende, escuchar una canción que te anima o simplemente pasar tiempo con quienes te hacen sentir bien puede cambiar el tono de tu día por completo.

Conecta con tu cuerpo, duerme, cuídalo

Dormir bien, comer con calma, moverte, estirarte… Son gestos pequeños que regulan grandes cosas. El cuerpo refleja lo que no estás procesando. Dolor en el pecho, tensión en la mandíbula, agotamiento sin causa… todo eso puede ser emoción no digerida. Cuidar tu cuerpo es cuidar también tu estado emocional.

Las emociones no se pueden evitar, pero sí aprender a navegar en ellas. Tú decides si una emoción se convierte en huésped o en sombra pasajera y en ese espacio entre el sentir y el reaccionar, empieza la verdadera transformación.

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